El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, abrió este miércoles la puerta a utilizar “con mayor intensidad la política fiscal” para reactivar la economía, admitiendo que el gasto público “puede funcionar en el corto plazo” y que el gobierno “no lo ha descartado”. La declaración es un giro copernicano para quien, apenas seis meses antes, firmó el recorte más brutal del gasto social en décadas: 3% a todos los ministerios, con $413 mil millones menos para Salud, $200 mil millones para Vivienda y $197,7 mil millones para Educación. La misma administración que justificó el ajuste con la cantinela de la “caja vacía” y la “emergencia”, ahora reconoce que “tenemos las finanzas públicas más bajo control” y que “nos podemos permitir mirar un poquito más arriba”. La clase trabajadora asiste a la confesión de un gobierno que primero desmanteló el Estado para regalar 4.000 millones de dólares a los ricos, y ahora pretende usar el erario exhausto para “inyectar recursos” de forma “quirúrgica” donde se genere más empleo. No es una rectificación: es la constatación de que el ajuste no era una necesidad fiscal, sino una decisión de clase.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La mañana del miércoles 10 de septiembre, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, concedió una entrevista a El Mercurio que, leída con atención, constituye una de las confesiones más elocuentes de la gestión de José Antonio Kast. “El gasto público puede funcionar en el corto plazo y nosotros no lo hemos descartado, especialmente ahora, porque tenemos las finanzas públicas ya más bajo control”, declaró Quiroz. Y añadió: “Nos podemos permitir mirar un poquito más arriba y ver qué podemos hacer en materia de reactivación fiscal”.
La frase, que la prensa hegemónica ha presentado como una “apertura” y un “cambio de tono”, es en realidad una bomba de profundidad en la línea de flotación del discurso oficial. El mismo ministro que en marzo justificó el recorte del 3% a todos los ministerios con el argumento de que la administración anterior había dejado “un déficit galopante, de 2,8 puntos del PIB”, ahora admite que “la política fiscal no genera crecimiento”, pero que “nos puede ayudar en el corto plazo” y que “la vamos a usar”.
El ajuste que no era necesario
La cronología de los hechos desmiente cualquier interpretación caritativa. El 14 de marzo, Kast anunció desde Penco el “Plan de Reconstrucción Nacional”, un paquete que, en palabras del propio Quiroz, buscaba una “reactivación económica rápida” mediante “rebajas de impuestos y recortes del gasto público”. Ese mismo día, el ministro firmó el oficio que reducía en 3% el gasto de todas las carteras. El resultado, según los decretos revisados por The Clinic, fue un recorte total de $1,28 billones (US$1.434 millones): Salud perdió $413 mil millones, Vivienda $200 mil millones, Educación $197,7 mil millones, Trabajo $141 mil millones, Obras Públicas $131 mil millones.
La justificación fue siempre la misma: “no hay plata”. El propio Quiroz había instalado la narrativa de la “caja vacía” durante la transición, y el Presidente Kast la repitió hasta el cansancio en su Cuenta Pública del 1 de junio. Con ese argumento, el gobierno recortó el gasto social, desfinanció la Atención Primaria, congeló la gratuidad universitaria y redujo los subsidios habitacionales.
Pero ahora resulta que la plata sí existía. “El gasto público puede funcionar en el corto plazo”, dice Quiroz. “Tenemos las finanzas públicas ya más bajo control”. La conclusión es inevitable: el ajuste no fue una necesidad fiscal, sino una decisión política. El gobierno de Kast no recortó porque no hubiera recursos, sino porque quería transferirlos al capital. La megareforma que rebajó el impuesto corporativo del 27% al 23% y eliminó los tributos a las ganancias de capital significó una pérdida de ingresos fiscales de US$4.400 millones anuales en régimen, según el propio equipo económico de la candidata Jeannette Jara. El recorte del gasto social fue la otra cara de esa moneda: menos Estado para financiar más ganancias privadas.
La “reactivación” quirúrgica: migajas para los de abajo
El giro de Quiroz no es una rectificación, sino una operación de contención de daños. La economía chilena se contrajo un 0,2% en el segundo trimestre, encadenando dos trimestres negativos y entrando en recesión técnica. El Imacec de julio cayó 1,5% anual. El desempleo escaló al 9,5%. La inversión, que debía crecer 2,2%, ahora caerá 0,3%. Las proyecciones de crecimiento del Banco Central para 2026 se desplomaron a un rango de 0,25%-0,75%, desde el 1,0%-1,75% de junio.
Ante ese panorama, el ministro anuncia que el gobierno evaluará “inyectar recursos, pero de modo muy quirúrgico, allí donde se genere más empleo”. La palabra “quirúrgico” es reveladora: se trata de intervenciones puntuales, limitadas, destinadas a generar la ilusión de que el gobierno hace algo, sin alterar la estructura del ajuste. Quiroz también anunció que se acelerará “fuertemente” la ejecución presupuestaria en los últimos meses del año, con la meta de llegar al 1 de enero de 2027 con “una ejecución muy cercana al 100% en todo lo que tenga que ver con construcción, con obras públicas”.
Pero la construcción y las obras públicas no son salud, no son educación, no son vivienda social. La “reactivación fiscal” de Quiroz no revertirá los recortes en los servicios que sostienen la vida de la clase trabajadora. No devolverá los $413 mil millones que le quitó a la Salud. No restaurará los $200 mil millones que le quitó a la Vivienda. No repondrá los $197,7 mil millones que le quitó a la Educación. La “inyección quirúrgica” no es para los de abajo; es para el sector de la construcción, uno de los principales financistas de la campaña de Kast.
La función de clase de la “reactivación”
Desde una perspectiva marxista, el giro de Quiroz no es una incoherencia ni un error de cálculo. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna el Estado chileno. El capital necesita que el Estado inyecte recursos para reactivar la acumulación. Cuando el gobierno de Kast recortó el gasto social, no lo hizo para “ordenar las finanzas”, sino para transferir recursos al capital mediante la rebaja de impuestos. Cuando ahora anuncia una “reactivación fiscal”, no lo hace para beneficiar a los trabajadores, sino para salvar a los sectores del capital que se están hundiendo con la recesión.
El propio Quiroz lo admitió sin pudor: “La política fiscal no genera crecimiento. Nos puede ayudar en el corto plazo”. Es decir, el gasto público no sirve para construir un país más justo, sino para “ayudar” a la economía a salir del pozo en el que la propia política del gobierno la metió. La “reactivación” no es un fin en sí mismo; es un instrumento para garantizar la rentabilidad del capital.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el cambio de tono del ministro. La misma administración que encontró tiempo y recursos para regalar 4.000 millones de dólares a las grandes empresas, que autorizó un aumento del 14,4% en los sueldos de los consejeros del Banco Central, que se negó a contener el alza de los combustibles con el Mepco, ahora dice que “nos podemos permitir mirar un poquito más arriba”. La “reactivación” de Quiroz no es para los de abajo; es para los de arriba. Y los de abajo, una vez más, seguimos esperando que nuestros salarios alcancen para llegar a fin de mes.
