A 54 días de las elecciones legislativas, el presidente Donald Trump anunció en una convención republicana en Dallas que entregará un “dividendo” de 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si su partido retiene el control del Congreso. La propuesta, que costaría 1,3 billones de dólares y carece de financiamiento claro, ha sido calificada de “soborno” y “compra de votos” incluso por sus propios aliados. Mientras el índice de aprobación presidencial se hunde por el costo de vida y la guerra en Irán, el magnate recurre al dinero del Estado para intentar comprar la voluntad popular. La clase trabajadora asiste, una vez más, a la confirmación de que cuando la burguesía no puede convencer, intenta comprar.
Por Equipo El Despertar
Washington D. C. La noche del miércoles 9 de septiembre, en el American Airlines Center de Dallas, Donald Trump cerró la primera jornada de una convención republicana sin precedentes —organizada meses antes de las elecciones legislativas, algo inédito en la historia política estadounidense— con un anuncio que sus propios asesores no supieron cómo explicar. “Emitiré un dividendo a cada ciudadano adulto de Estados Unidos de América por 5.000 dólares”, declaró Trump ante un estadio con las gradas superiores visiblemente vacías. La única condición, añadió, es que “ese dinero se gaste en nuestro país. No queremos que vaya para Canadá”.
El anuncio, que Trump bautizó como el “Dividendo Trump”, no es un programa de estímulo económico ni una medida de justicia social. Es un intento desesperado de un presidente acorralado por las encuestas, cuyo índice de aprobación se encuentra en mínimos históricos por el costo de vida y la guerra en Irán. Las encuestas muestran que el oficialismo podría perder no solo la Cámara de Representantes sino también el Senado. Trump lo admitió sin pudor: “Les pido que imaginen que soy yo quien está en la boleta, una vez más”.
La aritmética del soborno: 1,3 billones que saldrán del bolsillo de los trabajadores
La propuesta de Trump no es un regalo; es una transferencia de riqueza desde el conjunto de la sociedad hacia los votantes, con el objetivo de mantener el poder. El costo estimado de la medida supera 1,3 billones de dólares. El vicepresidente JD Vance, consultado por Fox News, intentó justificar el gasto afirmando que “los aranceles han generado muchos ingresos” y que “el presidente está diciendo que si nos mantienen en el poder, compartirán parte del beneficio de esta increíble riqueza que estamos creando”.
Pero los aranceles no son un impuesto a los países extranjeros, como Trump y Vance pretenden hacer creer. Son un impuesto regresivo que pagan los consumidores estadounidenses, los mismos trabajadores a quienes ahora se les ofrece un cheque de 5.000 dólares. El resultado, como señaló el analista financiero Peter Schiff, sería una “inflación masiva, muy superior a cualquier cosa experimentada bajo Biden”, porque la Reserva Federal tendría que imprimir el dinero para financiar el reparto. La clase trabajadora estadounidense, que ya sufre el impacto de una inflación persistente, vería cómo el valor real de sus salarios se desploma aún más.
La desesperación de la burguesía: cuando el poder no se compra con propuestas
Desde una perspectiva marxista, el “Dividendo Trump” es la expresión más descarnada de la crisis de legitimidad del capitalismo estadounidense. La burguesía, que controla los medios de producción y los aparatos de propaganda, no ha logrado convencer a la clase trabajadora con su discurso. Las encuestas son adversas. La guerra en Irán se prolonga sin victoria. El costo de vida golpea a los hogares. Y Trump, en lugar de ofrecer soluciones estructurales —empleo digno, salud pública, educación gratuita—, opta por el camino más bajo: el soborno.
La propia Fox News, el canal de propaganda del partido republicano, no pudo evitar el cálculo. El periodista Bret Baier, al entrevistar a Vance, señaló que el plan “podría ser visto como un soborno” y que costaría “más de un billón de dólares”. La crítica no proviene de la izquierda, sino de la propia maquinaria mediática del capital, que reconoce el riesgo de una medida que podría desatar una espiral inflacionaria y profundizar la crisis económica.
La legalidad de la propuesta es, además, más que dudosa. La ley estadounidense prohíbe ofrecer pagos para influir en el voto. Trump no está ofreciendo un beneficio universal, sino un pago condicionado a un resultado electoral: si ganan los republicanos, el dinero llega; si pierden, no. Es la definición misma de la compra de votos, envuelta en el lenguaje del “dividendo” y la “eficiencia empresarial”.
La función de clase del “Dividendo Trump”
El “Dividendo Trump” no es un accidente ni un exabrupto. Es la continuación de la misma lógica que ha guiado al trumpismo desde su irrupción en la política estadounidense: la política como negocio, el Estado como empresa, los ciudadanos como clientes. Trump ha prometido este tipo de pagos en múltiples ocasiones y nunca los ha cumplido. La propuesta no busca aliviar la carga de los trabajadores, sino generar un titular, movilizar a sus bases y desviar la atención de los verdaderos problemas: la guerra, la inflación, la precariedad laboral y el colapso de los servicios públicos.
Mientras Trump ofrece 5.000 dólares condicionados a un triunfo electoral, su gobierno mantiene una guerra imperialista en Irán que ya ha dejado miles de muertos, bombardeos que han destruido bodas y escuelas, y un gasto militar que supera los 1,5 billones de dólares anuales. La misma administración que dice no tener recursos para garantizar la salud de sus ciudadanos encuentra, sin embargo, 1,3 billones para comprar votos en una elección.
Epílogo: el precio de la democracia
El “Dividendo Trump” es la prueba definitiva de que la democracia burguesa es una mercancía. Cuando la clase dominante no puede ganar con propuestas, compra votos. Cuando no puede convencer, soborna. Cuando no puede reprimir, infla la moneda para pagar la fiesta.
La clase trabajadora estadounidense —y la del mundo— debe leer este episodio con claridad. Los 5.000 dólares de Trump no son un regalo; son una inversión del capital para mantener el poder. La misma lógica que lleva a Trump a ofrecer cheques a cambio de votos es la que lleva a los gobiernos de derecha en Chile a recortar la salud y la educación para regalar 4.000 millones de dólares a las grandes empresas. El soborno electoral es la forma más pura del poder de clase. Y la única respuesta posible es la organización popular, la conciencia de clase y la construcción de una alternativa que ponga la vida de los de abajo por encima de las ganancias de los de arriba.
