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El nombre del niño que el alto el fuego no pudo salvar: Obaida Osama Al Sheij Eid, asesinado por el sionismo en Gaza

Sep 10, 2026

Un francotirador del ejército de ocupación israelí asesinó este miércoles a Obaida Osama Al Sheij Eid, un niño palestino de 11 años que vivía con su familia en un campamento de desplazados en la zona de Mawasi, Jan Yunis, al sur de Gaza. El crimen se produce once meses después de un alto el fuego que Israel viola sistemáticamente y que para los palestinos nunca existió. El silencio cómico de la maquinaria mediática occidental ante la muerte de un niño desarmado es la confirmación de que, en el lenguaje del imperio, hay vidas que importan y vidas que no.


Por Equipo El Despertar

Gaza. La cifra es tan monstruosa que ya no conmociona. Desde octubre de 2023, más de 18.000 niños palestinos han sido asesinados por el ejército israelí en la Franja de Gaza, según las estimaciones más conservadoras. Cada uno de ellos tiene un nombre, una historia, una familia. Obaida Osama Al Sheij Eid, de 11 años, es el último de esa lista interminable.

El miércoles 9 de septiembre, tropas israelíes apostadas en el sur de Gaza abrieron fuego contra el campamento de desplazados conocido como Bir 19, en la zona de Mawasi, cerca de Jan Yunis. Los disparos alcanzaron a Obaida, que residía allí junto a su familia después de haber sido expulsado de su hogar por la ofensiva militar. El niño fue trasladado de urgencia al Hospital Naser, donde los médicos no pudieron hacer nada por salvarle la vida. Murió por heridas de bala del Ejército israelí, confirmaron fuentes médicas citadas por la agencia EFE.

El lugar donde Obaida fue asesinado no es un campo de batalla. Es un campamento de tiendas de campaña donde cientos de familias desplazadas —mujeres, ancianos, niños— sobreviven en condiciones infrahumanas, a pocos metros de la llamada “línea amarilla”, la barrera de arena que Israel construye a lo ancho de la Franja para consolidar su control sobre el territorio que ocupa. Los desplazados de Bir 19 han denunciado en repetidas ocasiones que son blanco de disparos israelíes mientras se encuentran dentro de sus propias tiendas. Varios palestinos, incluidos niños, han muerto así.

“¿De qué alto el fuego me hablan?”

El asesinato de Obaida se produce once meses después de que se anunciara un alto el fuego que, en la práctica, nunca llegó a implementarse. “A pesar del alto el fuego vigente desde hace once meses, Israel sigue matando prácticamente a diario a palestinos en ataques puntuales contra supuestos miembros de Hamás y en disparos a gazatíes que viven cerca de la conocida como ‘línea amarilla'”, constata el reporte de Cooperativa.

La tregua es una ficción que solo existe en los comunicados de prensa de Washington y en las portadas de los medios hegemónicos. Para los palestinos, la realidad es otra. “¿De qué tregua me hablan?”, preguntaba un hombre en Gaza tras un ataque israelí que mató a una niña de ocho años el pasado 7 de septiembre. “No ha habido alto el fuego. Cada día hay masacres. Cada día hay asesinatos. Cada día mueren niños. Basta de abandono”.

El ejército israelí no ha emitido ninguna versión oficial sobre la muerte de Obaida. No la necesita. La impunidad es la norma. Según B’Tselem, la principal organización israelí de derechos humanos, al menos 54 niños y adolescentes palestinos fueron asesinados en Cisjordania solo durante 2025. En Gaza, la cifra es infinitamente mayor. La ONU ha documentado que Israel ha matado a más niños en Gaza que en todos los conflictos mundiales combinados en el mismo período.

La función de clase del silencio

Obaida Osama Al Sheij Eid no murió en un “enfrentamiento”. No era un “combatiente”. No portaba un arma. Era un niño de 11 años que vivía en una tienda de campaña porque el ejército de ocupación había destruido su casa. Su único “delito” fue nacer palestino en la tierra que el proyecto sionista reclama como suya.

El silencio de la llamada “comunidad internacional” ante crímenes como este es la prueba más contundente de la hipocresía del orden imperialista. Los mismos gobiernos que se rasgan las vestiduras por un atentado en Europa, que convocan cumbres de emergencia por un misil que cae cerca de una embajada, que imponen sanciones por la muerte de un opositor, no tienen una sola palabra para condenar el asesinato diario de niños palestinos. No hay resoluciones del Consejo de Seguridad. No hay tribunales internacionales. No hay sanciones. No hay indignación.

La razón es simple y brutal: para el imperialismo, la vida de un niño palestino no vale lo mismo que la vida de un niño occidental. El colonialismo de asentamiento israelí es un proyecto del capital global, financiado por Washington, protegido por las potencias europeas y legitimado por una maquinaria mediática que repite como un mantra que “Israel tiene derecho a defenderse”. ¿De qué? ¿De los niños que juegan en las tiendas de campaña de Mawasi?

El nombre que la historia no olvidará

Obaida Osama Al Sheij Eid, 11 años. Su nombre debe ser repetido, escrito, gritado. Porque el sionismo no solo mata cuerpos; mata la memoria. Borra los nombres. Convierte a los niños en “daños colaterales”, en “bajas no intencionadas”, en estadísticas anónimas que se acumulan en los informes de la ONU que nadie lee.

La clase trabajadora del mundo no debe permitir que Obaida sea olvidado. Su muerte no es un accidente. Es la consecuencia lógica de un sistema que trata la vida de los palestinos como un obstáculo para la acumulación. Mientras el capital siga financiando la ocupación, mientras los gobiernos sigan vendiendo armas a Israel, mientras los medios sigan blanqueando el genocidio, seguirán muriendo niños con nombres como Obaida.

El alto el fuego no lo salvó. La “comunidad internacional” no lo salvó. Los derechos humanos no lo salvaron. Solo la resistencia palestina, solo la solidaridad internacional de los pueblos, solo la organización de los de abajo puede detener esta masacre. Obaida ya no está. Pero su nombre es una acusación que la historia no absolverá.

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