A pesar del desproporcionado gasto militar y el respaldo del imperialismo occidental, la monarquía teocrática de Riad constata la fragilidad del capital frente a la guerra popular de resistencia liderada por las masas yemeníes.
Por Equipo El Despertar
La prolongada conflagración en la península arábiga ha hecho trizas el dogma burgués que equipara el volumen del presupuesto militar con la victoria estratégica. Arabia Saudita —un Estado cliente del imperialismo estadounidense y europeo, equipado con la tecnología bélica más costosa del mercado corporativo global— se encuentra sumida en un atolladero militar, político y financiero ante la tenaz resistencia del movimiento yemení Ansar Allah. La narrativa hegemónica, que intenta reducir el conflicto a un simple enfrentamiento sectario o a una “guerra subsidiaria”, oculta la contradicción dialéctica fundamental: la incapacidad del capital financiero trasnacional y sus satélites regionales para doblegar a un pueblo organizado en armas.
Desde el inicio de la intervención militar, la oligarquía saudí confió en que la saturación aérea y el bloqueo socioeconómico doblegarían rápidamente a una de las naciones más empobrecidas del Tercer Mundo. Sin embargo, la brecha de clase y tecnología no se tradujo en una dominación efectiva del territorio. La resistencia yemení, articulando tácticas de guerra asimétrica y desplegando tecnologías de bajo costo pero alto impacto estratégico —como drones y misiles contra la infraestructura petrolera de la estatal Aramco y rutas comerciales clave—, logró trasladar el costo económico directamente al corazón de la acumulación de capital de la petromonarquía.
El estancamiento saudí demuestra que las Fuerzas Armadas del régimen de Riad, concebidas como un aparato represivo de resguardo oligárquico y un comprador rentable del complejo militar-industrial occidental, carecen de cohesión de clase y doctrina para sostener una guerra de ocupación prolongada. Como explicaba el teórico y estratega revolucionario Mao Zedong al analizar las dinámicas del poder militar en los procesos de liberación nacional: «Las armas son un factor importante en la guerra, pero no el decisivo; el factor decisivo es el hombre y no las cosas». La superioridad material e instrumental de la aviación mercenaria se revela inoperante cuando choca contra el factor ideológico de la soberanía popular y el conocimiento del terreno por parte de la resistencia campesina y urbana.
El fracaso de la aventura belicista no solo debilita la hegemonía regional de la dinastía Al Saud, sino que tensiona la propia arquitectura del capital global. Al verse obligada a negociar y buscar salidas diplomáticas desfavorables para no comprometer el flujo del comercio energético y la estabilidad de sus megaproyectos de infraestructura financiado por el capital transnacional, la tiranía saudí expone los límites históricos del imperialismo. La lucha del pueblo yemení confirma que ni la acumulación originaria de petrodólares ni la sofisticación del aparataje bélico burgués son capaces de sofocar permanentemente la autodeterminación de un pueblo resuelto a romper el yugo neocolonial.
