A más de dos siglos de la firma del acta de 1821, la celebración oficial de las oligarquías locales busca encubrir cómo la emancipación política de la corona española se tradujo en la captura imperialista de la región por parte del capital transnacional y el tutelaje de Washington.
Por Editor El Despertar
Cuando se cumplen 205 años de la conmemoración formal de la independencia en Centroamérica, esta es presentada año a año por los gobiernos de la región y la prensa hegemónica como un ritual de “armonía patriótica”, “unidad nacional” y “libertad institucional”. Sin embargo, esta narrativa burguesa intenta petrificar la gesta emancipadora como un acontecimiento consumado en el siglo XIX, despojando al proceso histórico de su contenido material y reduciendo la soberanía a un mero despliegue de símbolos patrios y desfiles escolares.
Ahora bien, desde la perspectiva del materialismo histórico y la economía política, la ruptura formal con la Metrópoli española en 1821 no significó la liberación de las clases populares ni la construcción de una verdadera soberanía nacional. Las élites criollas y las aristocracias terratenientes de la época pactaron la transferencia del poder para preservar intactas las relaciones de explotación, sustituyendo la dominación colonial ibérica por la subordinación mercantil a las nuevas potencias industriales. La fragmentación del istmo en pequeñas repúblicas bananeras facilitó la posterior invasión del capital monopolista estadounidense, que convirtió al territorio centroamericano en una plataforma de extracción de recursos, despojo de bienes comunes y superexplotación de la fuerza de trabajo.
La realidad contemporánea del istmo —caracterizada por la emigración masiva de la juventud, la precarización laboral, el extractivismo minero y agroindustrial, y la instalación de regímenes serviles a los dictámenes del Fondo Monetario Internacional— desnuda la trampa del relato oficial. Como señalara el intelectual y sociólogo marxista costarricense Edelberto Torres Rivas al analizar la formación social de la región: «La independencia centroamericana fue la victoria de una oligarquía que organizó el Estado no para liberar a las mayorías, sino para articular la economía agroexportadora al mercado mundial en condiciones de absoluta dependencia imperialistat».
Rendir un verdadero homenaje a las luchas de los pueblos centroamericanos exige desmantelar la hipocresía de la efeméride criolla. La independencia formal sin soberanía económica, sin reforma agraria y sin el control popular sobre los medios de producción es una ficción jurídica que perpetúa el yugo neocolonial. La verdadera emancipación de Nuestra América no es un recuerdo del pasado, sino una tarea revolucionaria pendiente que requiere la unidad de la clase trabajadora y campesina del istmo para sepultar definitivamente la dominación del imperio y de sus burguesías compradoras locales.
