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La disputa por la gramática: El despliegue del ChileDay y la “dignidad” del capital

Sep 17, 2026
Foto Radio Universidad de Chile

Durante el ciclo de movilización social iniciado en 2019, la noción de dignidad emergió como una demanda radical frente a las lógicas de mercantilización del Estado neoliberal. La dignidad expresaba la exigencia de pensiones de supervivencia, salud universal, educación de calidad y el término de la vulnerabilidad sistemática a la que se ve sometida la clase trabajadora.

Por Fernando Monsalve

El reciente despliegue ministerial en el evento ChileDay, realizado en Madrid y Londres, trascendió las habituales agendas técnico-financieras de atracción de capitales. Más allá de los anuncios sobre la aceleración de permisos de inversión, incentivos tributarios o la reforma al mercado de capitales impulsada por el equipo económico encabezado por el ministro Jorge Quiroz, lo acaecido en los salones europeos expone una estrategia ideológica profunda: el intento sistemático de la derecha económica por disputar la gramática social y apoderarse de conceptos clave del campo popular.

La proyección exhibida en el auditorio, donde se enunciaban como “Fundamentos del crecimiento” la libertad de permisos, el retorno financiero y, significativamente, la Dignidad, no constituye un mero recurso tipográfico o publicitario. Es, por el contrario, un síntoma de una contraofensiva cultural que la izquierda no puede seguir presenciando con pasividad ni analizar con distanciamiento superficial.

I. La apropiación semántica: De la protesta al retorno financiero

Durante el ciclo de movilización social iniciado en 2019, la noción de dignidad emergió como una demanda radical frente a las lógicas de mercantilización del Estado neoliberal. La dignidad expresaba la exigencia de pensiones de supervivencia, salud universal, educación de calidad y el término de la vulnerabilidad sistemática a la que se ve sometida la clase trabajadora.

El discurso desplegado por el ministro Jorge Quiroz en el ChileDay opera una inversión simbólica completa: vacía el concepto de su sentido igualitario y emancipador para reinstalarlo al servicio de la acumulación de capital. En este nuevo encuadre:

  • La vulnerabilidad se desplaza al inversor: Se construye un relato en el que la figura afectada por la burocracia, la incerteza jurídica o la desconfianza social es la empresa o el fondo de capital extranjero.
  • La “dignidad” como exención y privilegio: Se apela a conferir una restitución ética al empresariado, transformando las garantías de rentabilidad y la flexibilidad normativa en formas de “respeto” al rol del capitalista.
  • El inversionista como héroe redentor: Se busca situar a la empresa privada como la única entidad con capacidad mesiánica para dinamizar la sociedad, exigiendo un reconocimiento moral que va más allá de la ganancia monetaria.

Como advertía el filósofo e historiador Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel1:”La hegemonía no se limita a la dominación política ni a la imposición de una estructura económica; se consolida en la capacidad de las clases dominantes para moldear el sentido común, adaptando el lenguaje del subordinado para neutralizar su fuerza antagónica y asimilarlo a la visión del mundo del bloque dominante.”

Al convertir la dignidad en un pilar del rendimiento financiero junto a la “libertad de permisos” y la “sostenibilidad fiscal”, la derecha económica intenta neutralizar la potencia crítica de la palabra, domesticando la memoria de la protesta social y reescribiéndola bajo los códigos del libre mercado.

II. La batalla cultural del ministro Quiroz

La apelación explícita del ministro Quiroz a “dar la batalla cultural” para defender al empresariado revela un diagnóstico que la derecha formuló con nitidez: el capitalismo contemporáneo no se sostiene únicamente con incentivos materiales o marcos regulatorios favorables; requiere una legitimación ético-moral permanente.

Instalar en la opinión pública que el empresariado requiere “recuperar su dignidad” implica disputar la autoestima de la elite y reconfigurar la valoración que la ciudadanía tiene de la riqueza. El sociólogo y filósofo francés Pierre Bourdieu, al analizar las formas del capital cultural y simbólico, señalaba que2:

Las luchas por el monopolio de la imposición de la visión del mundo legítima son luchas estrictamente políticas. La economía simbólica del capital necesita transformar sus privilegios económicos en méritos morales, de modo que la desigualdad no se perceba como una desposesión, sino como el resultado natural de una jerarquía de valores aceptada por todos.”

El discurso de Quiroz le habla al “corazón” y a la “moral” del gran capital. Pretende ofrecerles no solo exenciones tributarias o agilización de plazos ambientales, sino también la paz de conciencia y el estatus social que las crisis de colusión, abusos de mercado y desigualdad estructural lesionaron gravemente ante los ojos de las mayorías.

III. El vaciado del concepto y la alerta para la izquierda

Desde la teoría crítica de Mark Fisher y su concepto de realismo capitalista, se analiza con precisión esta capacidad de la ideología dominante para absorber y reempaquetar los símbolos de resistencia3:

El realismo capitalista se manifiesta no solo en la afirmación de que no hay alternativa, sino en la capacidad del sistema para asimilar cualquier elemento de oposición, reetiquetarlo y venderlo de vuelta como parte de la misma dinámica de mercado.”

Que el concepto de dignidad termine presentado en salones internacionales como la tercera columna de una ecuación financiera es la manifestación concreta de este fenómeno. Cuando la dignidad se mide en tasa interna de retorno (TIR) o en facilidades de tramitación para megaproyectos, deja de ser una garantía para la condición humana y se convierte en un activo intangible dentro de un portafolio de inversión.

IV. Un repliegue ideológico que debe terminar

Frente a este escenario, la crítica no puede limitarse a la denuncia técnica o al mero comentario en plataformas digitales. La ausencia de un contrapeso narrativo organizado desde los sectores progresistas y populares ha dejado el espacio público a merced de una reestructuración hegemónica donde la derecha define, sin contrapunto, qué es lo justo, qué es lo ético y qué debe entenderse por progreso.

El despliegue del ChileDay demuestra que la derecha no descansa en la articulación de su proyecto económico sino que con fuerza y convicción mantiene la estrategia que incluye la batalla cultural. Para las fuerzas emancipadoras y la izquierda crítica, la tarea urgente pasa por volver a disputar los espacios de deliberación, reconectar las exigencias económicas con la vida de las mayorías trabajadoras y recuperar, con rigor y firmeza, los conceptos que les fueron arrebatados. La dignidad pertenece a la vida cotidiana de las personas, a sus salarios, a sus derechos fundamentales y a su capacidad de decidir sobre el destino común; dejar que el capital la asimile como una variable de retorno financiero es permitir la consolidación de la más silenciosa de las derrotas ideológicas.

Notas al pie / Fuentes de las citas:

  1. Gramsci, Antonio. Cuadernos de la cárcel (Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana). Ediciones Era / Ediciones Akal. Refiere al desarrollo sobre la hegemonía, el sentido común y la asimilación del lenguaje popular en el Bloque Histórico.
  2. Bourdieu, Pierre. Razones prácticas: Sobre la teoría de la acción. Editorial Anagrama, Barcelona. Especialmente el capítulo dedicado a “La economía de los bienes simbólicos” y la transformación del capital económico en capital simbólico/moral.
  3. Fisher, Mark. Realismo capitalista: ¿No hay alternativa?. Caja Negra Editora, Buenos Aires. Concepto de la subsunción e incorporación de los símbolos de la cultura y resistencia popular dentro de las dinámicas de mercado.

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