El proyecto minero de tierras raras que Aclara Resources impulsa en Penco no es una iniciativa aislada de una “empresa extranjera preocupada por la transición energética”. Detrás de la fachada de la “minería sustentable” se esconde una alianza entre el capital financiero global —el grupo peruano Hochschild, la firma de inversiones LarrainVial y el holding CAP— y un gobierno que, bajo el discurso de la “reactivación económica”, ha decidido pasar por encima de más de una década de resistencia vecinal. Mientras el propio Presidente José Antonio Kast respaldó personalmente el proyecto y la COEVA lo aprobó por unanimidad, las comunidades de Penco y Lirquén se preparan para una nueva batalla legal y territorial que podría extenderse por años. La clase trabajadora asiste a un nuevo capítulo del saqueo neoliberal: los recursos estratégicos del país entregados al capital extranjero, mientras quienes habitan el territorio quedan reducidos a meros espectadores del despojo.
Por Equipo El Despertar
Penco, Región del Biobío. El 8 de junio de 2026, la Comisión de Evaluación Ambiental (COEVA) de la Región del Biobío aprobó por unanimidad el Estudio de Impacto Ambiental del proyecto minero de tierras raras que la empresa Aclara Resources busca desarrollar en la comuna de Penco . La decisión, adoptada por los representantes del gobierno de José Antonio Kast en el Biobío, ocurre tras más de una década de oposición de comunidades y organizaciones del territorio . El proyecto contempla una inversión de 130 millones de dólares, la generación de 2.200 empleos directos e indirectos, y operaría en tres zonas de extracción .
El capital detrás de la cortina de humo verde
La empresa Aclara Resources no es una pequeña firma emprendedora. Se trata de una compañía canadiense listada en la Bolsa de Valores de Toronto, cuyo principal controlador es el grupo peruano Hochschild . Un grupo que ha construido su fortuna en la minería aurífera y plateada en Perú, y que ahora diversifica sus inversiones en tierras raras en Chile.
Pero el capital detrás del proyecto va mucho más allá de Aclara. En marzo de 2024, el Grupo CAP, uno de los holdings empresariales más poderosos de Chile —con negocios en minería, siderurgia y logística— adquirió el 20% de la filial chilena de Aclara, REE Uno SpA, por US$29,1 millones . La alianza entre el capital canadiense-peruano y el capital chileno no es casual: es la materialización de los intereses de las grandes corporaciones que ven en las tierras raras un negocio estratégico para los próximos años.
Los tentáculos del poder económico se extienden aún más. Antes de que Aclara tomara el control del proyecto, REE Uno SpA había tenido como socios a influyentes grupos económicos chilenos. Entre ellos, el Fondo de Inversión Privado Lantánidos, administrado por Minera Activa, el brazo minero de LarrainVial, una de las principales corredoras de bolsa del país, con vínculos directos con la familia Piñera Morel y los Cueto Plaza, ex socios mayoritarios de LATAM . Como reveló una investigación de Interferencia, en el FIP Lantánidos figuraba una sociedad ligada a Nicolás Noguera, ejecutivo histórico de la familia Piñera, y la sociedad Costa Verde Portfolio S.A., vinculada a los Cueto Plaza . El proyecto de tierras raras en Penco, lejos de ser una iniciativa aislada, es el resultado de años de movimiento de capitales entre las élites económicas del país y el extranjero.
El sello de Kast: el Presidente como impulsor del proyecto
El respaldo del gobierno de José Antonio Kast al proyecto no es un hecho menor. En enero de 2026, cuando aún era Presidente electo, Kast visitó la zona afectada por los incendios en Penco y respaldó explícitamente la iniciativa, criticando a quienes se oponían por la protección de los naranjillos, una especie de árbol nativo bajo protección: “las personas de esta zona tienen que viajar al norte en turnos de 14×14 a trabajar en la minería. Aquí se está desarrollando un proyecto que se detuvo por unos naranjillos. La invito a ver dónde están los naranjillos ahora” . Esa misma semana, la empresa Aclara había manifestado su confianza en que bajo el gobierno de Kast su proyecto se aprobaría .
La aprobación por unanimidad de la COEVA, presidida por el Delegado Presidencial Regional del Biobío y con el voto favorable de los seremis de todas las carteras clave , no fue un acto de justicia técnica. Fue la constatación de que el gobierno de la “emergencia” tiene una sola emergencia: la de los grandes capitales. La misma administración que recorta salud, vivienda y educación, que regala 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que anuncia la capitalización de Codelco y la reforma al mercado de capitales, no duda en allanar el camino para que el capital transnacional se instale en el territorio, pasando por encima de la voluntad de las comunidades.
La resistencia que no se rinde
La aprobación del proyecto, sin embargo, no es el final de la historia. Las comunidades de Penco y Lirquén han resistido durante más de una década la instalación de esta iniciativa . El propio Concejo Municipal de Penco declaró a la comuna como “territorio libre de minería” en un gesto político contra el proyecto . El alcalde de Penco, Rodrigo Vera, presentó observaciones ante el Servicio de Evaluación Ambiental con objeciones a la iniciativa minera .
Organizaciones ambientales, vecinos y pueblos originarios han anunciado acciones judiciales, presión territorial y medidas de fuerza que incluyen la posibilidad de un paro comunal . La vocera de Penco Libre de Minería, Camila Arriagada, ha sido categórica: el daño ambiental a los ecosistemas será irreversible . Y la historia reciente de la comuna demuestra que una Resolución de Calificación Ambiental favorable no garantiza la construcción del proyecto .
La hipocresía del discurso de la “transición energética”
El discurso de la “transición energética” y la “minería sustentable” que la empresa ha utilizado para justificar el proyecto es la misma coartada que el capital ha empleado durante décadas para legitimar el saqueo. La empresa destaca que su tecnología patentada “Cosecha Circular de Minerales” no utiliza explosivos, no genera relaves y opera con agua 100% reciclada . Pero, ¿qué garantía tiene la comunidad de que estos compromisos se cumplirán? ¿Quién fiscalizará a la empresa cuando las ganancias estén en juego?
La historia de la minería en Chile está llena de promesas incumplidas y de comunidades que han quedado con el territorio arrasado y el agua contaminada. El proyecto de tierras raras en Penco no es diferente. Como ha denunciado la Fundación Terram, la decisión de los representantes de Kast en el Biobío atenta directamente contra la resistencia de la comunidad local, que ha sostenido durante más de una década la defensa territorial de la comuna . La aprobación del proyecto no es un triunfo de la “sustentabilidad”, sino una derrota de la soberanía popular.
Epílogo: el saqueo como política de clase
El proyecto de tierras raras en Penco no es una iniciativa aislada. Es la materialización de la alianza entre el capital transnacional y el gobierno de Kast, que ha convertido la entrega de los recursos estratégicos del país en su principal política de desarrollo. La misma derecha que se llena la boca con discursos de “seguridad” y “orden” es la que entrega el territorio a las transnacionales sin importarle el impacto ambiental ni la voluntad de las comunidades. La misma administración que promete “reactivación económica” es la que saquea los recursos naturales para engordar las ganancias de los grupos económicos.
La clase trabajadora de Penco y de todo Chile debe entender que este proyecto no es un asunto local, sino la expresión de la lógica de clase que gobierna el capitalismo chileno. El capital transnacional, aliado con los grupos económicos locales y un gobierno dócil, se instala en el territorio para extraer sus riquezas, mientras los de abajo pagan el costo con el agua, el aire y la tierra. La resistencia de las comunidades de Penco y Lirquén no es solo una lucha ambiental: es una lucha de clases. Y como toda lucha de clases, no se ganará en los tribunales ambientales, sino en la organización de los que saben que el sistema no es justo: solo es de clase.
