Apenas promulgada la megareforma que regala más de 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ya tiene lista la segunda etapa de su ofensiva de clase: una reforma al mercado de capitales que busca convertir a Chile en un “centro financiero regional”. La iniciativa, que será ingresada al Congreso en la primera quincena de septiembre, incluye la eliminación del impuesto a las ganancias de capital en acciones, bonos y fondos, la simplificación regulatoria para facilitar la creación de fondos y la emisión de bonos, la internacionalización del peso chileno y ajustes a la Tasa Máxima Convencional. El gobierno calcula que podría atraer US$11.200 millones de los US$150 mil millones en capitales disponibles en el sistema financiero internacional. Mientras la clase trabajadora sigue esperando empleo digno y salarios justos, la derecha se prepara para entregar el sistema financiero a los grandes inversionistas, profundizando la dependencia del capital extranjero y la precarización de la vida de los de abajo.
Por Equipo El Despertar
El festín de los capitales: la reforma financiera como continuación del saqueo
La megareforma tributaria no era el final del camino, sino apenas el primer paso. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ya ha delineado los contornos de la siguiente ofensiva: una reforma al mercado de capitales que busca ser enviada al Congreso una vez concluida la tramitación del Plan de Reconstrucción. La iniciativa, liderada por Eugenio Symon, coordinador de Mercado de Capitales de Hacienda, no tendrá más de 40 medidas que apuntarán a generar un polo de desarrollo financiero.
El objetivo declarado es “profundizar el sistema financiero, atraer capitales, mejorar el acceso al crédito y retomar un antiguo anhelo: que Chile sea una plataforma regional de servicios financieros”. Pero, ¿qué significa realmente ser una “plataforma regional de servicios financieros”? Significa convertir a Chile en un paraíso para el capital especulativo, donde los grandes inversionistas puedan operar con mínimas regulaciones y máximos beneficios, mientras la clase trabajadora sigue pagando el costo de un modelo que la excluye.
Las medidas del saqueo: la eliminación de impuestos a las ganancias de capital como joya de la corona
Entre las iniciativas que trabaja Hacienda destacan la “eliminación del impuesto a las ganancias de capital en acciones, bonos, fondos y derivados”, una medida que beneficiará directamente a los grandes inversionistas y especuladores financieros. También se estudia la “simplificación regulatoria para facilitar la creación de fondos, la emisión de bonos y la inscripción de valores”, así como medidas que fomenten la “internacionalización del peso chileno y facilitar la participación de inversionistas extranjeros”.
La reforma también contempla “ajustes a la Tasa Máxima Convencional”, que podrían significar un aumento de los intereses que pagan los trabajadores por sus créditos, mientras los grandes capitales disfrutan de condiciones preferenciales. El gobierno también evalúa la creación de una “bolsa especial con empresas de innovación” al estilo de Canadá o Australia, un nuevo espacio para que el capital especulativo opere con total libertad.
El cálculo de la avaricia: US$11.200 millones para los de arriba
El gobierno calcula que una reforma al mercado de capitales podría permitirle a Chile “competir por una parte de los recursos que se movilizan en el sistema financiero internacional”. En los análisis técnicos se habla de “unos US$150 mil millones en capitales disponibles y de un potencial de atracción para Chile cercano a US$11.200 millones”.
La promesa es tentadora: más capital extranjero significaría más inversión y más crecimiento. Pero la historia demuestra que el capital especulativo no genera empleo digno ni desarrollo sostenible. Los US$11.200 millones que el gobierno espera atraer no irán a financiar hospitales, escuelas o viviendas sociales; irán a engordar las ganancias de los fondos de inversión, los bancos y las grandes corporaciones que ya controlan la economía chilena.
La cronología del saqueo: septiembre como fecha clave
El ministro Quiroz ha sido claro en sus plazos: “Esperamos enviar la reforma en la primera quincena de septiembre para que ojalá salga en diciembre”. La urgencia del gobierno por aprobar esta reforma revela su verdadera prioridad: blindar el modelo de acumulación antes de que la ciudadanía pueda reaccionar.
La reforma al mercado de capitales no es una medida aislada, sino la segunda etapa de la agenda económica de Quiroz. La primera fue la megareforma que regala más de 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas. La segunda es la entrega del sistema financiero a los grandes inversionistas. Y la tercera, anunciada por el propio Quiroz, serán “nuevas medidas para el empleo”, que no serán más que la profundización de la flexibilización laboral y la precarización de los derechos de los trabajadores.
La función de clase de la reforma financiera
Desde una perspectiva marxista, la reforma al mercado de capitales no es una medida técnica para “modernizar” la economía, sino la consumación de la transferencia de recursos desde los sectores populares hacia el capital financiero. La eliminación del impuesto a las ganancias de capital es un regalo a los especuladores, que ya concentran la riqueza del país. La simplificación regulatoria es una invitación a que el capital extranjero opere sin control. La internacionalización del peso es la entrega de la soberanía monetaria a los mercados internacionales.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el discurso de la “modernización” y el “crecimiento”. La reforma al mercado de capitales no traerá empleo digno ni mejores salarios. Traerá más especulación, más desigualdad y más precarización. Como ha señalado el ministro Quiroz, el objetivo es “generar un boom de inversión”. Pero el “boom” que promete la derecha no es un boom para los trabajadores, sino para los grandes capitales que ya controlan la economía chilena.
Epílogo: la entrega del sistema financiero como política de clase
La reforma al mercado de capitales es el siguiente paso en la ofensiva de la derecha chilena contra los derechos de la clase trabajadora. La megareforma entregó 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas. La reforma al mercado de capitales entregará el sistema financiero a los grandes inversionistas. Y las “nuevas medidas para el empleo” que prepara Quiroz no serán más que la profundización de la flexibilización laboral y la precarización de los derechos de los trabajadores.
La clase trabajadora debe entender que estas reformas no son medidas aisladas, sino las piezas de un mismo proyecto: la consolidación del modelo de acumulación neoliberal, que transfiere recursos desde los de abajo hacia los de arriba. Mientras el gobierno de Kast celebra sus “éxitos legislativos”, los trabajadores siguen esperando empleo digno, salarios justos y derechos laborales. La entrega del sistema financiero a los grandes capitales no es el fin de la historia, sino su continuación. Y la resistencia, como siempre, la libran los de abajo.
