Mientras la prensa hegemónica reduce la crisis ecuatoriana a una mera “ola de violencia”, la realidad es mucho más profunda: Ecuador se ha convertido en el laboratorio de un nuevo modelo de dominación de clase donde la militarización, la persecución judicial, la intimidación a los medios y la entrega de soberanía al imperio se combinan para garantizar los intereses de una oligarquía que ve tambalearse su poder. El gobierno de Daniel Noboa, que llegó al poder con una aprobación superior al 70%, ha visto cómo su legitimidad se desploma hasta alcanzar niveles de desaprobación que superan el 65% . En el centro de esta crisis no está la “inseguridad”, sino el fracaso de un modelo que, al no poder garantizar ni siquiera la sobrevivencia básica de la mayoría, ha optado por la represión como única respuesta. La clase trabajadora ecuatoriana asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: cuando el capital no puede gobernar con el consenso, gobierna con el miedo.
Por Equipoi El Despertar
La cifra que todo lo explica: la violencia como negocio
El saldo es elocuente. En 2025, Ecuador registró 9.216 homicidios intencionales, el año más violento de su historia . En los primeros cinco meses de 2026, la cifra alcanzó los 3.485 muertos . La tasa de homicidios supera los 50 por cada 100.000 habitantes, una de las más altas de América Latina . Pero detrás de estos números no hay una “guerra contra el crimen”, como la presenta el gobierno, sino la manifestación de una crisis estructural que el capitalismo ecuatoriano ha generado durante décadas: la precarización de la vida, la desigualdad extrema y el abandono de los territorios populares.
La respuesta del gobierno de Noboa no ha sido atacar las causas de la violencia, sino profundizar su lógica. Desde enero de 2024, el presidente ha declarado en cuatro ocasiones la existencia de un “conflicto armado interno” en el país, justificando con ello el debilitamiento de las garantías constitucionales y la militarización de la vida cotidiana . Ha firmado 23 decretos de estado de excepción , impuesto toques de queda en múltiples provincias y desplegado miles de militares en las calles. El resultado, sin embargo, no ha sido la reducción de la violencia, sino su perpetuación y, en algunos casos, su agravamiento. Como señala el experto en seguridad Andrés Williams, la estrategia oficial carece de indicadores técnicos que permitan medir avances reales, y los operativos mediáticos no han logrado desarticular las estructuras del crimen organizado .
La entrega de la soberanía: el imperio entra por la puerta grande
Uno de los episodios más reveladores de esta deriva autoritaria ha sido la firma del Decreto Ejecutivo 424, que abre la puerta a la entrada de fuerzas armadas extranjeras en territorio ecuatoriano y concede inmunidad a su personal . La medida, que ha sido calificada por organizaciones de derechos humanos como una “afrenta a la soberanía nacional” , es la confirmación de que el gobierno de Noboa está dispuesto a entregar la soberanía del país a cambio del respaldo militar del imperio. El movimiento indígena ha advertido que esta decisión puede llevar a la “pérdida de soberanía frente a fuerzas extranjeras y la aparición de estructuras civiles armadas o paramilitares” .
La alianza con Washington no es nueva. Ya en 2025, la propuesta de instalar una base militar extranjera en Ecuador fue rechazada por el 60,82% de la ciudadanía en un referéndum . Pero Noboa ha decidido ignorar la voluntad popular y avanzar por la vía de los decretos, demostrando que, para la oligarquía ecuatoriana, la soberanía es un concepto que se negocia cuando los intereses del capital están en juego.
El lawfare como herramienta de clase: la persecución a la oposición y la intimidación a los medios
La crisis de seguridad no es el único frente de conflicto. El gobierno de Noboa ha desplegado una ofensiva sistemática contra la oposición política, los medios de comunicación críticos y el poder judicial. Organizaciones sociales y ciudadanas han iniciado un proceso de revocatoria del mandato presidencial, denunciando el incumplimiento del plan de gobierno, el alza de impuestos, la eliminación de subsidios a los combustibles, los despidos masivos y la precarización laboral . La respuesta del gobierno ha sido la obstrucción del proceso y la represión de las manifestaciones pacíficas .
El lawfare se ha convertido en una herramienta central de esta administración. La autoridad electoral ha anulado a dos partidos opositores a meses de las elecciones locales . El presidente Noboa ha utilizado su discurso público para intimidar a medios de comunicación , y el ministro del Interior, John Reimberg, ha advertido a los jueces de la Corte Nacional de Justicia que “tienen que enderezarse” . La centralidad de este lawfare ha sido incluso denunciada por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), que advierte que el gobierno de Ecuador se ha volcado a una estrategia “para destruir a opositores” .
El poder judicial, una de las pocas instituciones que aún ofrecía algún contrapeso, ha sido objeto de una ofensiva sistemática. La Corte Constitucional ha declarado inconstitucionales dos leyes impulsadas por Noboa bajo el mecanismo de “urgencia económica” , pero el gobierno ha respondido con amenazas y presiones que socavan la independencia judicial .
El desgaste de la legitimidad: del 70% de apoyo al 65% de desaprobación
El deterioro de la gestión de Noboa se refleja en las cifras de opinión pública. Inició su mandato con niveles de aprobación superiores al 70%, pero hoy su desaprobación supera el 65% en algunos estudios . A los pésimos resultados en seguridad se suman escándalos de corrupción, como el caso PROGEN, investigado por la Fiscalía por presunto peculado en la provisión de energía ; la vinculación de empresas familiares del presidente con contratos estatales ; y la condonación de una deuda millonaria a la familia-grupo económico Noboa .
El propio Noboa ha respondido a las críticas con una carta pública que, lejos de asumir responsabilidades, ha sido interpretada como una manifestación de un “modo oligárquico de concebir el poder: la fusión entre familia, propiedad, Estado y autoridad política” . La crisis de legitimidad es tan profunda que sectores de la sociedad civil han impulsado un proceso de revocatoria del mandato, un hecho inédito para un gobierno con apenas un año en funciones .
La función de clase de la crisis: cuando el capital no puede gobernar con el consenso, gobierna con el miedo
Desde una perspectiva marxista, la crisis ecuatoriana no es un problema de “seguridad” ni de “gobernabilidad”. Es la expresión de la crisis terminal de un modelo de acumulación que ha generado niveles de desigualdad y exclusión insostenibles. La violencia no es un fenómeno externo al sistema; es su producto. El narcotráfico, las extorsiones y los secuestros son el resultado de décadas de políticas neoliberales que han precarizado la vida de la mayoría y han convertido al Estado en un botín de las élites.
La respuesta del gobierno de Noboa —militarización, estados de excepción, persecución a la oposición, entrega de soberanía al imperio— no es una solución a la crisis, sino su profundización. Es la respuesta de una clase que, al no poder garantizar las condiciones mínimas de reproducción de la vida, recurre a la fuerza bruta para disciplinar a los de abajo.
Epílogo: la resistencia como única salida
La crisis ecuatoriana no es un fenómeno aislado. Es el laboratorio de un nuevo modelo de dominación que la ultraderecha global está ensayando en toda América Latina: la combinación de militarización, lawfare, persecución a la oposición y entrega de soberanía al imperio. Pero la resistencia no se ha doblegado. Las organizaciones indígenas, campesinas y sindicales han presentado una segunda solicitud de revocatoria . La sociedad civil se ha movilizado para frenar la deriva autoritaria. La clase trabajadora ecuatoriana sabe que la única salida no es esperar que el gobierno decida cambiar el rumbo, sino organizarse para construir una alternativa que ponga la vida de los de abajo por encima de los intereses de los de arriba.
La crisis ecuatoriana es un espejo de la crisis del capitalismo en la región. Y como toda crisis, contiene en su seno la posibilidad de una tran
