Vie. Ago 7th, 2026

El cónclave del miedo: la internacional de la ultraderecha desembarca en Santiago para celebrar el saqueo y planificar la cacería de los de abajo

Ago 7, 2026

Santiago de Chile se prepara para recibir el próximo 3 de septiembre a los principales representantes de la ultraderecha global en el V Encuentro Regional del Foro de Madrid. La fundación Disenso, el think tank vinculado al partido español Vox, ha escogido la capital chilena por su “profundo significado político”: la llegada de José Antonio Kast al poder, un hito que la derecha internacional celebra como la confirmación de una “nueva era para Iberoamérica”. Mientras los líderes de la “internacional conservadora” se reúnen para celebrar el regreso del orden patronal, la clase trabajadora chilena sigue pagando el costo del ajuste fiscal, los recortes a la salud y la educación, y la entrega de los recursos naturales a las grandes transnacionales. La cumbre no es un simple encuentro de ideas, sino el cuartel general de una ofensiva de clase que busca consolidar el dominio del capital sobre los pueblos de América Latina y el mundo.


Por Equipo El Despertar

La fiesta de los patrones en el salón de los espejos

El Centro de Eventos San Carlos de Apoquindo, en el corazón del barrio más exclusivo de Santiago, será el escenario de la quinta versión del Foro de Madrid. Más de 40 panelistas y ponentes de 25 países, entre ellos el líder de Vox, Santiago Abascal, se darán cita para celebrar una “nueva era” que, en palabras de los organizadores, “confirma el cambio de tendencia que se inició con la victoria de Javier Milei en Argentina y de Donald Trump en Estados Unidos”.

Pero, ¿qué significa realmente esta “nueva era” para los trabajadores de Chile y América Latina? Significa más del mismo neoliberalismo que ha empobrecido a las mayorías durante décadas. Significa la consolidación de un modelo que entrega los recursos naturales a las transnacionales, que flexibiliza los derechos laborales para abaratar la mano de obra y que recorta el gasto social para financiar rebajas tributarias a las grandes empresas. La ultraderecha no trae nada nuevo; trae la misma receta de siempre, envuelta en un discurso de “libertad” y “patriotismo” que oculta su verdadera función de clase: la defensa de los intereses del capital.

El propio Foro de Madrid justifica la elección de Chile señalando que la victoria de Kast “constituye una referencia para todas aquellas fuerzas políticas que aspiran a recuperar la seguridad, la prosperidad, la libertad y el sentido común”. La “seguridad” que defienden no es la de los barrios populares, sino la de las élites que temen la movilización social. La “prosperidad” que prometen no es para los trabajadores, sino para los grupos económicos que se benefician del saqueo de los recursos naturales. La “libertad” que pregona no es la de organizarse y luchar por derechos, sino la del capital para explotar sin límites.

El enemigo común: la “extrema izquierda” como chivo expiatorio

El discurso de la ultraderecha se construye sobre la base de un enemigo común: la “extrema izquierda”. En su comunicado, el Foro de Madrid advierte de “amenazas compartidas como la internacional del crimen organizado –representada en el Foro de São Paulo, el Grupo de Puebla y la Internacional Progresista”. Esta equiparación del crimen organizado con los movimientos populares y los gobiernos progresistas es una maniobra ideológica para deslegitimar cualquier alternativa al modelo neoliberal.

La izquierda y el crimen organizado no son lo mismo, pero la ultraderecha necesita presentarlos como aliados para justificar su propia agenda represiva. La “guerra contra el crimen” no es más que una coartada para militarizar la vida social, criminalizar la protesta y encarcelar a los pobres. La Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT) que Kast presentó esta semana es la prueba de que la ultraderecha chilena está siguiendo el mismo libreto: más policía, más cárcel, menos derechos.

El Foro de Madrid no es un espacio de debate ideológico, sino una fábrica de consensos represivos. Allí se diseñan las estrategias para desmantelar los estados de bienestar, para perseguir a los movimientos sociales y para garantizar que el capital siga acumulando sin obstáculos. La “Declaración de Santiago de Chile” que firmarán los asistentes no será un llamado a la paz, sino un plan de guerra contra los de abajo.

La hipocresía de la “soberanía nacional”

La ultraderecha se presenta como defensora de la “soberanía nacional” y del “Estado de derecho”. Pero, ¿de qué soberanía hablan cuando sus líderes se reúnen en Santiago para coordinar una agenda global que responde a los intereses del capital transnacional? ¿De qué Estado de derecho hablan cuando sus gobiernos recortan derechos, persiguen a la oposición y blindan la impunidad de los poderosos?

La soberanía que defiende la ultraderecha es la soberanía de los mercados, no la de los pueblos. La misma derecha que hoy se reúne en Santiago es la que ha firmado tratados de libre comercio que entregan los recursos naturales a las transnacionales, la que ha privatizado empresas públicas y la que ha endeudado a los países para pagar los intereses de la deuda externa. La “soberanía” de la ultraderecha es la del patrón de fundo, no la del obrero que lucha por un salario digno.

La elección de Chile como sede del Foro de Madrid no es casual. El 4 de septiembre se cumplen cuatro años del plebiscito constitucional de 2022, en el que el pueblo chileno rechazó la Constitución de Pinochet. La ultraderecha quiere celebrar la derrota de ese proceso de cambio, que amenazaba con poner fin al modelo neoliberal que la beneficia. La cumbre en Santiago no es un acto de celebración de la democracia, sino una provocación contra quienes sueñan con una sociedad más justa.

Epílogo: la resistencia como única salida

La cumbre de la ultraderecha en Santiago no es un evento aislado. Es la expresión de una ofensiva global del capital contra los derechos de la clase trabajadora. El Foro de Madrid, el Escudo de las Américas, la CPAC, son los eslabones de una misma cadena: la internacional conservadora que busca imponer su dominio sobre los pueblos del mundo.

Pero la historia demuestra que las cumbres de los poderosos nunca han podido detener el avance de la conciencia de clase. Mientras los líderes de la ultraderecha se reúnen en San Carlos de Apoquindo para celebrar su “nueva era”, los trabajadores de Chile y América Latina siguen organizándose en sus sindicatos, en sus comunidades y en sus territorios para resistir. La cumbre no es el fin de la lucha, sino su continuación. La ultraderecha tiene el poder, pero la clase trabajadora tiene la razón. Y la razón, como siempre, terminará imponiéndose.

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