Mientras el Frente Polisario proclama que “nunca aceptará” la ocupación colonial marroquí y que continuará su resistencia “hasta la independencia”, la activista Aminetu Haidar alerta de que la juventud saharaui ha perdido toda confianza en la comunidad internacional y que el apoyo a la vía armada crece ante décadas de promesas incumplidas y una indiferencia cómplice que prefiere mirar hacia otro lado. Las potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos, y los nuevos gobiernos de la ultraderecha latinoamericana, como el de Colombia, han decidido plegarse a los intereses del capital marroquí y del imperialismo, reconociendo la “soberanía” de Rabat sobre el territorio ocupado. Mientras tanto, el pueblo saharaui, uno de los últimos pueblos del continente africano que aún lucha por su descolonización, resiste en los campamentos de refugiados de Argelia, en las ciudades ocupadas de El Aaiún y en los frentes del Ejército Popular de Liberación, dando una lección de dignidad a un mundo que ha decidido olvidar su historia y sus promesas de justicia.
Por Equipo El Despertar
La traición del imperio y la complicidad de la ultraderecha
El Sáhara Occidental, la antigua colonia española ocupada por Marruecos en 1975, sigue siendo el último territorio pendiente de descolonización en África. Pero el escenario internacional, lejos de favorecer la autodeterminación de su pueblo, se ha vuelto cada vez más hostil. El pasado 8 de agosto, el nuevo gobierno colombiano de Abelardo de la Espriella anunció el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, congelando las relaciones con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La decisión, que se enmarca en el giro ultraderechista de la política exterior colombiana, ha sido calificada por el Frente Polisario como “una desafortunada puesta en escena de un pacto transaccional”.
Esta ofensiva diplomática no es un hecho aislado. Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha ratificado su respaldo a la propuesta de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, alineándose con la posición de Rabat. España, que como potencia administradora del territorio tiene una responsabilidad histórica, ha sido acusada por Haidar de “traición” tras el giro de su política exterior en 2022, que supuso un respaldo a las pretensiones de Marruecos y un silencio cómplice ante las violaciones de derechos humanos.
La clase trabajadora y los movimientos populares deben leer esta alianza con claridad: la ultraderecha, tanto en América Latina como en Europa y Estados Unidos, no defiende el derecho de los pueblos a la autodeterminación, sino los intereses del capital transnacional que busca estabilidad para sus negocios en el norte de África. La misma lógica que impulsa el reconocimiento de Marruecos sobre el Sáhara Occidental es la que sostiene el saqueo de los recursos naturales del pueblo saharaui, que han sido explotados sistemáticamente por empresas europeas y estadounidenses sin que la población nativa vea un solo beneficio.
La juventud saharaui: de la resistencia pacífica a la opción armada
La paciencia del pueblo saharaui, que durante décadas confió en la mediación de Naciones Unidas y en el derecho internacional, se ha agotado. Aminetu Haidar, la activista que se hizo conocida por su huelga de hambre de 32 días en 2009, ha sido categórica: “La nueva generación ya no cree en la resistencia pacífica. Están todos en favor de la guerra, de las armas”. La pérdida de confianza en la comunidad internacional y en Naciones Unidas es total. Los jóvenes saharauis ven en Gaza y en el Líbano que “los derechos humanos son eslóganes” y que el imperialismo siempre termina imponiendo su ley por la fuerza.
El Frente Polisario ha mantenido su posición firme. En junio de 2026, su representante ante la ONU, Sidi Mohamed Omar, reafirmó que el pueblo saharaui “nunca aceptará la política del hecho consumado colonial impuesta por Marruecos” y que continuará su “resistencia y su lucha legítima” para defender su derecho inalienable a la autodeterminación. Mientras tanto, el Ejército Popular de Liberación Saharaui (ELPS) continúa sus operaciones de guerra de desgaste contra las fuerzas de ocupación marroquíes.
La solidaridad de los pueblos como única respuesta
Frente a la ofensiva del imperialismo y la ultraderecha, la solidaridad internacional sigue siendo el único recurso del pueblo saharaui. Organizaciones sindicales y políticas de Sudáfrica, como el NUM, la COSATU y el Partido Comunista Sudafricano, han reafirmado su “apoyo inquebrantable” a la lucha del pueblo saharaui por la libertad y la independencia. En América Latina, la Plataforma Latinoamericana y Caribeña de Solidaridad con el Sáhara Occidental ha condenado enérgicamente la decisión de Colombia de reconocer la soberanía marroquí.
La lucha del pueblo saharaui no es una lucha lejana o ajena a los intereses de la clase trabajadora. Es la lucha de un pueblo que se niega a ser despojado de su tierra, de sus recursos y de su dignidad por el capital transnacional y sus títeres locales. Es la lucha contra el colonialismo, el imperialismo y la explotación, una lucha que resuena con las demandas de los pueblos oprimidos de todo el mundo.
Epílogo: la dignidad como trinchera
La decisión del pueblo saharaui de continuar su lucha de liberación nacional no es un capricho ni una elección. Es la única respuesta posible a décadas de ocupación, represión y saqueo. Mientras el imperialismo y la ultraderecha celebran sus pactos transaccionales y reconocen la soberanía de los ocupantes, el pueblo saharaui sigue resistiendo en los campamentos de refugiados, en las calles de El Aaiún y en los frentes de guerra.
La clase trabajadora del mundo no debe olvidar que la lucha del pueblo saharaui es también su lucha. Cada vez que una potencia imperialista impone su voluntad sobre un pueblo, cada vez que un gobierno de ultraderecha se pliega a los intereses del capital, la clase trabajadora es la que paga el costo. La solidaridad con el pueblo saharaui no es un acto de caridad, sino un acto de conciencia de clase. La historia no la escriben los que reconocen la soberanía de los ocupantes, sino los que resisten. Y el pueblo saharaui, como ha demostrado durante más de medio siglo, no se rinde.
