Sáb. Sep 12th, 2026

La respuesta de la Resistencia: Yemen golpea el corazón petrolero de Arabia Saudita y expone la fragilidad del imperio

Sep 11, 2026

En una demostración de fuerza sin precedentes, las fuerzas armadas yemeníes lanzaron una andanada de misiles balísticos y drones contra instalaciones estratégicas de Saudi Aramco y bases aéreas en el sur de Arabia Saudita, dejando al menos 73 heridos y obligando a suspender operaciones en el corazón energético del reino. El ataque, presentado por Riad como una “peligrosa escalada”, es en realidad la respuesta legítima a 121 bombardeos saudíes en tres días y a doce años de asedio genocida. Mientras el príncipe heredero Mohammed bin Salmán llamaba dos veces a Trump para pedir auxilio militar, Washington se negaba a intervenir directamente, revelando que el imperio no está dispuesto a sacrificar sus propios soldados por los intereses de sus satélites. La clase trabajadora del mundo asiste a una lección de geopolítica: cuando los pueblos oprimidos se levantan, ni los petrodólares ni los portaaviones pueden contenerlos.


Por Equipo El Despertar

Sanaá / Riad. La madrugada del martes 8 de septiembre, el cielo del sur de Arabia Saudita se iluminó con el fuego de la Resistencia. En una operación coordinada, las fuerzas armadas yemeníes lanzaron “decenas de misiles balísticos y drones” contra instalaciones de la petrolera estatal Saudi Aramco en Abha, Najran y Jazan, así como contra la Base Aérea Rey Khalid, cerca de Khamis Mushait, según confirmó el portavoz militar hutí, Yahya Saree. El ataque, que Riad calificó como “una peligrosa escalada”, dejó al menos 73 civiles heridos, entre ellos mujeres y niños, y provocó incendios en varias instalaciones energéticas que obligaron a suspender temporalmente las operaciones.

Saree fue categórico: los ataques fueron “precisos y directos” y causaron “daños significativos” a los objetivos. El Ministerio de Energía saudí confirmó que los proyectiles alcanzaron instalaciones y servicios energéticos, obligando a detener temporalmente el trabajo en varias plantas petrolíferas. La operación no fue un acto de agresión gratuita. El propio portavoz hutí explicó que se trató de una respuesta directa a los 121 ataques aéreos lanzados por Arabia Saudí contra Yemen en los últimos tres días, incluido un bombardeo contra la prisión central de Al Hazm, al noreste de Sanaá, que causó “decenas de muertos entre reclusos y visitantes”.

El imperio rehúsa pagar la factura

La respuesta de Riad fue la de un satélite desesperado. El príncipe heredero Mohammed bin Salmán llamó dos veces en el mismo día a Donald Trump para pedirle que Estados Unidos lanzara ataques directos contra los hutíes tras el avance de las fuerzas yemeníes hacia la ciudad costera de Moka, a orillas del estratégico estrecho de Bab el-Mandeb. En la primera llamada, informó a Trump sobre el avance hutí mientras las fuerzas yemeníes respaldadas por Arabia Saudita se retiraban. Horas después, volvió a contactarlo, instándolo a ordenar ataques contra el movimiento armado.

La respuesta de Washington fue una negativa. Trump rechazó la solicitud y funcionarios estadounidenses señalaron que la Administración “no tiene previsto intervenir directamente contra los hutíes por ahora”. Washington, sin embargo, proporcionará a Arabia Saudita “información de inteligencia y datos para la selección de objetivos”. La distinción es reveladora: el imperio está dispuesto a vender inteligencia, pero no a sacrificar sus propios soldados. Los yanquis quieren que los saudíes hagan el trabajo sucio, pero no quieren pagar el costo político de una nueva guerra en Oriente Medio.

El general saudí Turki al Maliki, portavoz de la coalición liderada por Riad, acusó a los hutíes de lanzar “ataques sin sentido” contra objetivos civiles y comerciales, y advirtió que el “comando conjunto” desplegará “todas las medidas operativas necesarias” para disuadir a la milicia. Pero las palabras no pueden ocultar la realidad: ni siquiera una veintena de países que se han sumado a la iniciativa naval saudí se han atrevido a lanzar una sola acción conjunta contra la Resistencia yemení.

La Resistencia avanza: Bab el-Mandeb bajo control yemení

El ataque aéreo fue solo una parte de la ofensiva. En paralelo, las fuerzas armadas yemeníes han avanzado por tierra hacia el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb. El viernes 11 de septiembre, el ejército yemení anunció que había “liberado” 5.400 kilómetros en las provincias de Taiz y Al-Hodeidah, en la costa occidental del país, y derribado nueve cazas saudíes. La operación, descrita como “puntual y abarcadora”, tenía como objetivo “expulsar a las fuerzas de Arabia Saudita de algunas ciudades de la costa oeste”. Las fuerzas yemeníes también recuperaron a varios prisioneros que estaban “en manos de los mercenarios del enemigo saudita desde hacía años”.

El avance hutí ha llevado a la Resistencia a controlar la isla de Perim, en el estrecho de Bab el-Mandeb, una de las rutas marítimas más importantes del mundo. El control de la costa occidental yemení del Mar Rojo otorga a la Resistencia una capacidad estratégica sin precedentes: la de bloquear el paso de petroleros saudíes y de cualquier buque que colabore con el enemigo.

Ese bloqueo ya está en marcha. El 20 de julio, las fuerzas armadas yemeníes declararon un bloqueo naval contra Arabia Saudita, cerrando el estrecho de Bab el-Mandeb a los petroleros del reino. La medida, bautizada como “bloqueo por bloqueo”, es la respuesta a doce años de asedio saudí contra Yemen. Los resultados están a la vista: Arabia Saudita se ha visto obligada a cerrar su principal oleoducto Este-Oeste, que transporta crudo desde Abqaiq, en la costa del Golfo, hasta Yanbu, en el Mar Rojo, ante el riesgo de ataques hutíes. El reino, que había estado desviando sus exportaciones de petróleo por el Mar Rojo ante el bloqueo del estrecho de Ormuz tras la guerra contra Irán, ahora ve cómo su principal ruta de escape también se cierra.

La función de clase de la guerra: el petróleo, la sangre y el imperio

Desde una perspectiva marxista, el conflicto entre Yemen y Arabia Saudita no es una disputa entre dos países, sino la expresión de la lógica imperialista que gobierna el sistema mundial. Arabia Saudita no es más que un satélite de Washington, un gendarme regional que ha sido armado y financiado por el capital occidental para garantizar el control de las rutas energéticas y la sumisión de los pueblos de la península arábiga. Los bombardeos saudíes contra Yemen —que ya han dejado más de 150.000 muertos, incluidos miles de niños, y han sumido al país en la peor crisis humanitaria del mundo— no son más que la aplicación de la doctrina del “orden” que el imperio impone a sangre y fuego.

Yemen, en cambio, es un pueblo que se niega a ser sometido. La Resistencia hutí, con el respaldo de Irán, ha demostrado que un país pobre, bloqueado y devastado puede infligir derrotas humillantes a una potencia militar equipada con la tecnología más avanzada del mundo. Los ataques contra Aramco y las bases aéreas saudíes no solo han causado daños materiales millonarios; han expuesto la fragilidad del gigante petrolero, han demostrado que el reino no puede proteger sus propias instalaciones y han obligado a Riad a pedir auxilio a Washington, que se ha negado a intervenir directamente.

La paradoja es brutal: el imperio más poderoso de la historia, que gasta más de 1,5 billones de dólares anuales en defensa, no puede garantizar la seguridad de sus satélites ni de las rutas energéticas que sustentan su economía. Mientras tanto, un movimiento de resistencia armado, con misiles y drones de fabricación casera, ha logrado cerrar Bab el-Mandeb y paralizar el oleoducto más importante de Arabia Saudita. La lección es clara: el poderío militar no es suficiente para doblegar a un pueblo que ha decidido resistir hasta las últimas consecuencias.

Epílogo: la Resistencia no se rinde

Los ataques de la Resistencia yemení contra Arabia Saudita no son una escalada. Son una respuesta. Son la consecuencia inevitable de doce años de bombardeos, bloqueo y hambruna. Son la voz de un pueblo que ha sido masacrado por el imperio y sus satélites, y que ha decidido responder con las armas que tiene a su alcance. Mientras Riad llora sus 73 heridos y sus instalaciones incendiadas, los hospitales yemeníes están desbordados de niños que mueren de desnutrición y de cólera. Mientras Trump se niega a intervenir, los saudíes siguen bombardeando escuelas y prisiones. La Resistencia no se detendrá “hasta que cese la agresión y se levante el asedio a Yemen”, como prometió el portavoz Saree. La historia, como siempre, la escribirán los que resisten. Y Yemen, a pesar de todo, sigue en pie.

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