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De la abolición jurídica al yugo del capital: 197 años del decreto de Guerrero y las nuevas formas de servidumbre en México

Sep 15, 2026

La efeméride oficial celebra la firma del decreto de 1829 como un triunfo moral de la República liberal, silenciando cómo la abolición formal de la esclavitud fue reconfigurada por la burguesía naciente para transformar a las masas campesinas y afrodescendientes en fuerza de trabajo asalariada al servicio del mercado mundial.

Por Equipo El Despertar

La conmemoración oficial de los 197 años del decreto emitido por el presidente Vicente Guerrero en 1829 —mediante el cual se declaró la abolición de la esclavitud en la República mexicana— es presentada por las instituciones del Estado burgués y la historiografía hegemónica como un acto de “filantropía ilustrada” y un hito de “justicia universal”. Esta narrativa liberal intenta petrificar la gesta como el momento en que el decreto de un mandatario devolvió la dignidad a la población cautiva, despojando al proceso de su base material y desvinculándolo de las luchas antiseñoriales que las clases subalternas venían librando desde el grito de Hidalgo y los decretos revolucionarios de Morelos.

Desde la perspectiva del materialismo histórico, la supresión legal del dominio directo de unos hombres sobre otros no respondió de manera exclusiva a una iluminación ética de las élites gobernantes, sino a las transformaciones de las fuerzas productivas y a la necesidad de articular el espacio nacional con las exigencias de la acumulación capitalista. La abolición formal extinguió la propiedad jurídica sobre el cuerpo del trabajador, pero la estructura del latifundio, la tienda de raya y la servidumbre por deudas absorbieron de inmediato a esa población liberada. El liberto no accedió a la propiedad de la tierra ni a los medios de producción; por el contrario, fue impulsado a ingresar al mercado de trabajo como proletario agrícola o minero, sometido a la disciplina salarial y a la superexplotación dictada por las oligarquías locales y los intereses del capital extranjero.

La contradicción entre la proclama jurídica y la realidad económica quedó en evidencia con la resistencia de los colonos esclavistas en el norte del país, conflicto que preludió el zarpazo imperialista de 1848 y la pérdida de más de la mitad del territorio nacional a manos de la burguesía expansiva de los Estados Unidos. Como desmitificara Karl Marx en El Capital al estudiar la metamorfosis del trabajo forzado dentro del modo de producción dominante: «La esclavitud directa es un pivote de la industria burguesa al igual que las máquinas, pero la abolición de la forma jurídica de la propiedad humana no liquida la explotación; la transforma en servidumbre asalariada, donde el trabajador formalmente “libre” vende su fuerza de trabajo para no morir de hambre».

A casi dos siglos de la firma del decreto de Guerrero, las narrativas dominantes insisten en clausurar el debate bajo la premisa de que la esclavitud es un vestigio del pasado. Sin embargo, en el México contemporáneo, el extractivismo, las maquilas fronterizas, el trabajo agrícola migrante bajo el tutelaje del T-MEC y la trata de personas impulsada por la narcoeconomía constituyen las nuevas formas de trabajo no libre e intensivo exigidas por la división internacional del trabajo. Rendir un verdadero homenaje a las luchas de los pueblos afrodescendientes e indígenas no consiste en repetir el ritual cívico del Estado corporativo, sino en organizar la fuerza de las y los trabajadores para sepultar la violencia estructural del capital y conquistar la emancipación definitiva.

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