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La guerra del capital ahoga el comercio mundial: los choques en el estrecho de Ormuz exponen las grietas del frente imperialista EE.UU.-Israel

Nov 2, 2026

Los recurrentes ataques a buques petroleros en el estrecho de Ormuz agudizan la parálisis de los flujos de hidrocarburos, demostrando que la agresión militar anglo-sionista en Asia Occidental no solo devasta vidas humanas, sino que arrastra al capitalismo global a un estrangulamiento logístico y energético de consecuencias impredecibles.

Por Equipo El Despertar

La escalada de hostilidades y los recientes incidentes contra buques petroleros y metaneros en el estrecho de Ormuz —paso por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo y gas licuado global— marcan un punto de no retorno en la guerra impuesta por el eje imperialista Washington-Tel Aviv contra la República Islámica de Irán. Desmintiendo los relatos de los monopolios mediáticos occidentales, que insisten en catalogar cada explosión o captura de buques como “actos irresponsables de sabotaje represalia” o “ataques no provocados a la navegación libre”, la perspectiva del materialismo histórico exige revelar la sustancia real del conflicto: la parálisis militar del golfo Pérsico es la consecuencia inevitable del intento de Estados Unidos e Israel por someter por la fuerza a la región y controlar los monopolios energéticos en favor del capital transnacional.

La estrategia anglo-sionista, que pretendía una rápida asfixia económica y militar sobre Teherán para reconfigurar la mapa geopolítico del Cercano Oriente, choca hoy contra la realidad material del territorio. La imposición de bloquedos navales, las incursiones aéreas y el estrangulamiento de los puertos iranires no han logrado la capitulación del enemigo; por el contrario, han transformado la arteria neurálgica de la economía mundial en una zona de guerra activa donde la navegación comercial es prácticamente inviable sin asumir costos de flete e indemnizaciones impagables. Las llamas que consumen los superpetroleros en el canal de Ormuz simbolizan el colapso de la pretensión hegemonista de Washington, que ya no puede garantizar la circulación segura de las mercancías de las que depende el propio circuito de acumulación capitalista mundial.

Frente al encarecimiento del crudo, el desabastecimiento de insumos petroquímicos y la amenaza inminente de una estanflación global, los gobiernos de la diplomacia occidental y los voceros de las corporaciones de energía intensifican llamados a la “intervención militar reforzada” y a la “protección armada de los mares”. Sin embargo, desde la vanguardia sindical del transporte marítico, sectores antiimperialistas y la izquierda clasista de la región se ha desenmascarado la retórica del poder: “Las potencias imperialistas y el régimen sionista encendieron la mecha de la guerra creyendo que el fuego solo quemaría las ciudades de Irán, y hoy se escandalizan porque las llamas alcanzan a sus flotas petroleras. No hay ‘seguridad de navegación’ posible bajo el bombardeo y la ocupación colonial. Los marineros que arriesgan sus vidas en el estrecho de Ormuz son carne de cañón de los beneficios de los magnates de las petroleras y las industrias de armamento de Wall Street”.

Desde la óptica de la lucha de clases internacional, la crisis del estrecho de Ormuz confirma la tendencia inherente del capitalismo en su fase imperialista a transformar las disputas por mercados y recursos en matanzas abiertas y parálisis productiva. La destrucción de los flujos comerciales y el encarecimiento generalizado de la vida no serán amortiguados por los parches de los organismos multilaterales ni por escoltas navales angloamericanas. Para la clase trabajadora mundial, este escenario impone la urgencia de coordinar la resistencia y el repulso activo contra la maquinaria bélica de la Casa Blanca y el sionismo, denunciando que las guerras de las élites financieras las terminan pagando con sangre, carestía y desempleo los pueblos explotados del mundo.

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