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La fachada del orden: la clase trabajadora entierra a Kast en las encuestas mientras el gobierno se desangra en sus propias contradicciones

Ago 3, 2026
Foto La Tercera

La aprobación del Presidente José Antonio Kast se ha desplomado a su nivel más bajo desde que asumió el cargo, alcanzando apenas un 25,6% en la encuesta Pulso Ciudadano, mientras su desaprobación escala a un histórico 58,9%. La encuesta Criteria, por su parte, confirma la tendencia con un respaldo del 34% y un rechazo del 55%. El descontento no es un capricho de la opinión pública: es la respuesta de una clase trabajadora que ha visto cómo el gobierno de la “mano dura” entrega más de 4.000 millones de dólares en rebajas tributarias a las grandes empresas mientras recorta la salud, la vivienda y la educación, y mantiene el desempleo en su nivel más alto en cinco años. El 50,4% de los chilenos cree que el país va en la dirección incorrecta, el 49,1% califica la situación económica como mala o muy mala, y el desempleo se ha consolidado como el segundo principal problema del país con un 31,8%, el nivel más alto registrado por Pulso Ciudadano en toda su serie histórica. La farsa del “gobierno de la emergencia” se ha estrellado contra la realidad de un modelo que gobierna para los de arriba y abandona a los de abajo.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. El domingo 2 de agosto de 2026, la consultora Activa Research publicó la edición N°126 de su encuesta Pulso Ciudadano, y los resultados fueron un nuevo golpe para la administración de José Antonio Kast. El respaldo al Presidente cayó 3,3 puntos porcentuales respecto de la medición anterior, situándose en un 25,6%, mientras que la desaprobación aumentó 2,3 puntos, alcanzando el 58,9%, la cifra más alta de su administración. El 15,5% de los consultados declaró no saber cómo evaluar la gestión del Mandatario.

La tendencia no es un accidente. Como señala el análisis de la propia encuesta, “la aprobación del Presidente Kast registra en julio su nivel de aprobación más bajo desde que asumió el cargo” y la desaprobación escala a su nivel más alto de la serie. La encuesta Criteria, publicada el mismo día, confirmó la debacle: la aprobación del gobierno bajó dos puntos y se ubicó en un 34%, mientras la desaprobación subió a 55%.

La hipocresía de la “mano dura”: los de arriba festejan, los de abajo pagan

Lo que las encuestas revelan no es un simple descontento, sino la fractura de clase que atraviesa el país. La aprobación de Kast es alta entre la derecha (56,6%), pero se desploma entre los independientes (16,9%) y la izquierda (3,7%). Los jóvenes de 18 a 30 años, el segmento más afectado por el desempleo juvenil (22,8%), son los más críticos: solo un 15,5% aprueba y un 64,8% desaprueba. La Región Metropolitana, donde el desempleo golpea con más fuerza, registra el menor respaldo (24,9%) con un 61,2% de desaprobación.

El rechazo a las políticas del gobierno no es una cuestión de afinidad ideológica, sino de experiencia material. El 50,4% de los chilenos cree que el país va en la dirección incorrecta. El 49,1% califica la situación económica como mala o muy mala. El 52,4% considera que la economía está peor que hace un año. Y el desempleo se ha consolidado como el segundo principal problema del país con un 31,8%, el nivel más alto registrado por Pulso Ciudadano.

La privatización como símbolo del saqueo

La encuesta también midió la opinión sobre las privatizaciones que han sido parte del debate público. El rechazo a la privatización de Codelco aumentó desde 55,1% en abril hasta 62,3% en esta medición. En el caso de Enap, el rechazo pasó de 54,7% a 64,6%. La encuesta Criteria, por su parte, reveló que un 74% de los encuestados está en contra de vender la empresa estatal.

Estos números no son un capricho. La clase trabajadora chilena sabe que Codelco es el símbolo de la riqueza que el país ha construido con el sudor de sus mineros, y que su privatización no sería más que la entrega de ese patrimonio a los grupos económicos que ya controlan el país. El rechazo a la privatización de Enap es igualmente elocuente: los trabajadores saben que el control de los recursos energéticos es una cuestión de soberanía.

La farsa de la “reconstrucción”: la ciudadanía ve el regalo al capital

El Proyecto de Ley de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social, la principal iniciativa del gobierno, también fue sometido al escrutinio ciudadano. La encuesta Criteria reveló que un 50% de los participantes considera que la iniciativa beneficia principalmente a grandes empresas y personas de mayores ingresos. Solo un 33% cree que su objetivo es fomentar la creación de empleo.

La traducción es clara: la ciudadanía ha entendido que la “megarreforma” no es una medida para reactivar la economía, sino un traspaso de recursos desde el Estado hacia el capital. La rebaja del impuesto corporativo, que costará al Fisco más de 4.000 millones de dólares anuales, no es un incentivo a la inversión; es un regalo a los grupos económicos que ya concentran la riqueza del país. La flexibilización laboral no es una herramienta para crear empleo; es un mecanismo para precarizar a los trabajadores. Y la ciudadanía, en su gran mayoría, lo ha comprendido.

El manejo de la catástrofe: el Estado ausente

La gestión del gobierno frente a los temporales que han azotado al país también fue evaluada negativamente. El 43,2% de los encuestados calificó la respuesta del Ejecutivo como mala o muy mala. La cifra es un reflejo de la lentitud con que el gobierno actuó frente a la emergencia, demorando la declaración de Estado de Catástrofe mientras las familias perdían sus hogares.

La clase trabajadora no olvida que el mismo gobierno que encontró tiempo y recursos para rebajar impuestos a las grandes empresas y endeudar al país hasta las cejas, se tomó el tiempo para decidir si liberaba el 2% constitucional, un fondo de emergencia de 1.400 millones de dólares que ya estaba presupuestado. La demora no fue un error técnico; fue la expresión de la lógica de clase que gobierna el Estado chileno.

Epílogo: el desmoronamiento de la ficción

Las encuestas de agosto de 2026 son un acta de defunción de la ficción del “gobierno de la eficiencia”. La aprobación de Kast se ha desplomado a un 25,6%, la desconfianza hacia su figura alcanza a más de la mitad del país, y el desempleo se ha instalado como el fantasma que recorre los hogares de la clase trabajadora. La ciudadanía ha comprendido que la “megarreforma” no es una solución, sino un saqueo. Que la “mano dura” no es contra la delincuencia, sino contra los derechos de los trabajadores. Que el “orden” no es para proteger a los de abajo, sino para blindar a los de arriba.

La clase trabajadora no se deja engañar por el discurso de la “reactivación”. Sabe que la rebaja de impuestos a las grandes empresas, la flexibilización laboral y el ajuste fiscal no son soluciones, sino más de lo mismo: más precariedad, más desempleo, más miedo. La confianza en el gobierno se ha desmoronado porque la ciudadanía ha comprendido que Kast no está gobernando para ellos, sino para los grupos económicos que lo financian. Mientras el desempleo siga subiendo y la deuda pública creciendo, la crisis de legitimidad del gobierno de Kast no hará más que profundizarse. Y la única salida, para los de abajo, no vendrá de La Moneda, sino de la organización y la resistencia popular.

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