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La tierra se niega a ser un cementerio: el riesgo sísmico detiene El Teniente mientras el capital llora sus pérdidas

Ago 4, 2026

A un año del estallido de roca que dejó seis mineros muertos, Codelco anunció este martes la suspensión temporal del proyecto Andes Norte en la División El Teniente, tras detectar un “fenómeno sísmico emergente” en las profundidades del yacimiento. La medida, que afecta a cerca de tres mil trabajadores, es presentada por la empresa como un resguardo a la seguridad. Pero detrás del lenguaje técnico se esconde la misma lógica de siempre: el capital solo detiene sus máquinas cuando el riesgo de muerte ya no puede ser externalizado a los de abajo. Mientras Codelco inicia un proceso de suspensión de contratos y eventuales despidos, la clase trabajadora vuelve a pagar el costo de un modelo que explota el subsuelo hasta sus últimas consecuencias, sin planificación, sin prevención y sin garantías para quienes entregan su vida en la oscuridad de la mina.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. A un año del fatídico estallido de roca que, el 31 de julio de 2025, cobró la vida de seis trabajadores en la División El Teniente, Codelco ha vuelto a detener la construcción del proyecto Andes Norte. La decisión, comunicada este martes 4 de agosto a los sindicatos y a las cuatro empresas contratistas involucradas, se fundamenta en análisis técnicos realizados durante los últimos seis meses, que identificaron un “fenómeno sísmico emergente” con características distintas a los riesgos históricamente conocidos en el yacimiento.

Andes Norte es uno de los tres proyectos estructurales de El Teniente, diseñado para extender la vida útil de la mina y mantener su producción en torno a las 400 mil toneladas anuales. Tras el accidente del año pasado, el proyecto había sido reabierto progresivamente, pero ahora vuelve a detenerse por tiempo indefinido. Los otros dos proyectos estructurales, Andesita y Diamante, permanecen paralizados desde el accidente.

La ciencia al servicio del capital: el riesgo que siempre estuvo ahí

Los estudios técnicos que motivaron la suspensión revelan la presencia de un fenómeno sísmico profundo que la empresa no había anticipado. Según Codelco, la División El Teniente ha operado durante décadas con métodos de explotación por hundimiento de paneles, pero las obras en mayor profundidad de Andes Norte exigen reforzar la instrumentación, el monitoreo y el análisis técnico antes de retomar las faenas.

La decisión, sin embargo, no responde a una emergencia inminente ni a una alerta de evacuación. Es una medida preventiva que, en los hechos, reconoce que el capital ha estado operando al límite de la seguridad, en un territorio geológico que no conocía ni controlaba. El riesgo sísmico no apareció de la noche a la mañana; estaba ahí, latente, mientras los trabajadores excavaban a ciegas en las profundidades de la tierra.

El costo de la suspensión: tres mil trabajadores en la incertidumbre

El impacto de la suspensión recae directamente sobre los hombros de los trabajadores. Cerca de tres mil personas, la mayoría empleadas por empresas contratistas, ven ahora cómo su futuro laboral se vuelve incierto. Codelco ha iniciado un proceso de suspensión ordenada de las faenas, que contempla la reducción gradual de dotaciones, eventuales suspensiones laborales y el término de contratos que se encontraban próximos a finalizar.

“La única razón para tomar la decisión de esta suspensión temporal es por tema de seguridad. Se está actuando de manera preventiva”, explicó una alta fuente de la corporación. Pero la seguridad de los trabajadores no se garantiza con suspensiones temporales; se garantiza con planificación, con inversión en prevención, con un Estado que regule y controle la actividad minera. Nada de eso ha ocurrido.

La función de clase de la minería: el capital que no planifica y el trabajo que paga las consecuencias

Desde una perspectiva marxista, la suspensión de Andes Norte no es un accidente técnico ni una medida excepcional. Es la consecuencia de un modelo de acumulación que prioriza la extracción por sobre la seguridad, la ganancia por sobre la vida, y el crecimiento de la producción por sobre la planificación del riesgo. El capital siempre actúa cuando el peligro ya es inminente, nunca antes.

El accidente de julio de 2025, que costó la vida a seis trabajadores, no fue un evento fortuito. Fue la manifestación de décadas de explotación minera sin los resguardos necesarios, de una lógica que considera los cuerpos de los trabajadores como piezas intercambiables en la maquinaria de producción. La suspensión de Andes Norte es el reconocimiento tardío de que esa lógica ha llegado a sus límites físicos, pero el capital no está dispuesto a cambiar su forma de operar, solo a detenerse temporalmente hasta que el riesgo sea nuevamente gestionable.

Epílogo: la tierra se niega a ser un cementerio

La suspensión de Andes Norte es una victoria pírrica para la clase trabajadora. Los tres mil trabajadores afectados no tienen garantías de reincorporación, no tienen un plan de reconversión laboral, no tienen un Estado que los proteja. El capital, por su parte, ya está calculando las pérdidas productivas y los costos de la paralización, como si la vida de los mineros fuera un costo más en el balance.

La tierra se ha negado a ser un cementerio. Pero el capital, que siempre encuentra la manera de externalizar sus riesgos, ya está buscando cómo retomar la extracción apenas las condiciones lo permitan. La clase trabajadora debe entender que la seguridad en la minería no se logra con suspensiones temporales, sino con un modelo de producción que ponga la vida de los trabajadores por encima de las ganancias de las corporaciones. Mientras eso no ocurra, la tierra seguirá reclamando su derecho a no ser un cementerio, y los trabajadores seguirán pagando con su sangre el costo de la codicia del capital.

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