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El genocidio en horario estelar: Ben Gvir exige “30 o 40” cadáveres diarios en Gaza y la comunidad internacional vuelve a mirar hacia otro lado

Ago 17, 2026
Foto Financial Times

El ministro de Seguridad Nacional de Israel, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, llamó abiertamente a que las fuerzas israelíes maten “entre 30 y 40 personas” cada noche en la Franja de Gaza, incluyendo a quienes “no representan una amenaza inmediata”. En un podcast, el funcionario declaró que los palestinos “no merecen vivir” y “ni siquiera son personas”. La declaración, que ha sido calificada por expertos internacionales como una prueba de “intención genocida”, se produce mientras el mundo asiste, una vez más, al espectáculo de un imperialismo que financia y arma la maquinaria de exterminio sionista, y de una “comunidad internacional” que se limita a emitir comunicados de condena mientras las bombas siguen cayendo sobre los niños de Gaza.

Por Equipo El Despertar

Jerusalén / Gaza. La declaración pública de un ministro de Estado, en ejercicio de sus funciones, llamando a la eliminación masiva de una población civil, debería ser un escándalo de proporciones mundiales. Pero en el contexto del genocidio que el Estado sionista perpetra contra el pueblo palestino desde hace más de una década, y que se ha intensificado hasta el paroxismo desde octubre de 2023, la voz de Itamar Ben Gvir es apenas una nota más en la sinfonía de la barbarie imperialista.

En un podcast con Rom Braslavski, un exrehén retenido por Hamás en Gaza, Ben Gvir fue explícito en su sed de sangre: “Creo que se deben llevar a cabo asesinatos selectivos en Gaza, eliminando entre 30 y 40 cada noche”. No se trata de una estrategia militar ni de una operación quirúrgica contra “terroristas”. El ministro fue claro al señalar que el exterminio debe ir más allá de “quienes representan una amenaza inmediata”, porque, según sus palabras, “hay personas allí que no son dignas de vivir. No deberían vivir. Ni siquiera son personas”.

La normalización del crimen: de la deshumanización al exterminio

Las palabras de Ben Gvir no son un exabrupto aislado. Son la culminación lógica de una campaña de deshumanización sistemática que el Estado sionista ha llevado a cabo contra el pueblo palestino durante décadas. Al calificar a los palestinos como “no personas”, el ministro no hace más que verbalizar lo que la práctica del apartheid ya ha institucionalizado: la negación de la humanidad del otro como paso previo a su eliminación física.

Esta retórica genocida no es nueva en Ben Gvir. Declaraciones similares han sido presentadas ante la Corte Internacional de Justicia como evidencia de una “intención genocida” por parte de Israel. Sin embargo, ni la CIJ ni la comunidad internacional han logrado detener la masacre. El ministro, que no tiene autoridad formal sobre el ejército, se sienta en el gabinete de seguridad de Israel, el mismo que define la política de guerra y exterminio. Su influencia no es menor: controla la policía y el sistema penitenciario, donde los palestinos denuncian torturas sistemáticas.

La hipocresía de la “comunidad internacional”

La reacción de la comunidad internacional ha sido, como siempre, la de un coro de condenas vacías. Un empresario multimillonario de los Emiratos Árabes Unidos, Khalaf Ahmad al-Habtoor, cercano a la élite gobernante, calificó las declaraciones de Ben Gvir como una muestra de “peligroso declive moral”. Pero ni él ni los gobiernos árabes que han normalizado sus relaciones con Israel han propuesto sanciones, la suspensión de relaciones diplomáticas o el uso de su considerable influencia económica para detener el genocidio.

La hipocresía es monumental. Mientras Ben Gvir exige cadáveres diarios, los Emiratos Árabes Unidos mantienen plenas relaciones comerciales, diplomáticas y de seguridad con Israel, con un comercio bilateral que alcanzó los 3.200 millones de dólares en 2025, incluso mientras Israel continuaba matando palestinos. El silencio de los países árabes que han normalizado relaciones con Tel Aviv no es un accidente; es la constatación de que, para el capital árabe, los negocios con el sionismo son más importantes que la vida de los palestinos.

La función de clase del genocidio

Desde una perspectiva marxista, el llamado de Ben Gvir al exterminio masivo de palestinos no es una aberración moral aislada, sino la expresión más brutal de la lógica de clase que gobierna el imperialismo. El Estado sionista no es un actor independiente; es el brazo armado del imperialismo estadounidense en Medio Oriente, el garante de la estabilidad de los intereses petroleros y el guardián de la frontera contra cualquier amenaza a la hegemonía del capital.

El genocidio en Gaza no es un “exceso” de la ultraderecha israelí; es la política deliberada de una clase dominante que necesita mantener el control de los recursos energéticos y las rutas comerciales, y que no duda en exterminar a una población entera para lograrlo. Las bombas que caen sobre Gaza son financiadas con los impuestos de los trabajadores estadounidenses, y fabricadas por las mismas corporaciones que se benefician de la guerra en Ucrania, en Yemen y en cualquier otro lugar donde el imperialismo necesite imponer su ley.

Ben Gvir no es un “loco” ni un “extremista” aislado. Es la voz de una clase que ha decidido que la vida de los palestinos no tiene valor. La deshumanización del otro no es un accidente; es la condición necesaria para la explotación y el exterminio. Como ha señalado la ONU, las declaraciones de Ben Gvir son la prueba de que Israel tiene la “intención genocida” que la Corte Internacional de Justicia ha investigado.

Epílogo: la deuda del mundo con Gaza

Las declaraciones de Ben Gvir no son el fin del genocidio, sino su continuación. Mientras el ministro exige “30 o 40” muertos diarios, el ejército israelí sigue bombardeando Gaza, y la “comunidad internacional” sigue mirando hacia otro lado. La clase trabajadora del mundo no debe dejarse engañar por el espectáculo de la condena vacía. La verdadera lucha no se gana en los comunicados de la ONU ni en las declaraciones de los empresarios árabes, sino en las calles, en las fábricas y en las universidades, organizándose para detener la maquinaria de muerte del imperialismo.

Ben Gvir ha dicho en voz alta lo que el sionismo y el imperialismo practican en silencio. La pregunta que queda flotando es: ¿cuántas muertes más tendrán que exigir los Ben Gvir antes de que el mundo despierte? La respuesta, como siempre, está en manos de los de abajo.

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