La economía chilena cayó 0,2% en el segundo trimestre y acumuló un retroceso de 0,3% en el primer semestre de 2026, según las Cuentas Nacionales publicadas este martes por el Banco Central. Con la revisión a la baja del primer trimestre —de -0,5% a -0,3%—, el país completó dos trimestres consecutivos de contracción, configurando técnicamente una recesión. El mismo gobierno que en agosto celebró el “repunte” del Imacec de junio como la prueba de que su modelo funcionaba, ahora debe explicar por qué el PIB sigue en caída libre mientras la clase trabajadora paga el costo de un ajuste que solo beneficia a los de arriba.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. El 3 de agosto, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, salió a celebrar el Imacec de junio, que creció 2,4% y puso fin a cinco meses de caídas consecutivas. “Esto significa que la economía está volviendo a crecer y es una buena noticia”, declaró entonces el secretario de Estado. Quince días después, el Banco Central enterró el optimismo oficial: el Producto Interno Bruto cayó 0,2% interanual en el segundo trimestre, tres décimas por debajo de lo que anticipaba el Imacec. La investigadora del OCEC-UDP, Valentina Apablaza, calificó el resultado como una “sorpresa” y confirmó que Chile “oficialmente se encuentra en recesión técnica” tras acumular dos trimestres consecutivos de contracción.
La fiesta del cobre y el vacío de la producción
El principal responsable del retroceso fue el desempeño de la minería. Aunque el precio del cobre se mantiene alto, la producción cayó, y con ella las exportaciones. Como explicó el economista de la Usach Víctor Silva, “una cosa es el precio al que vendemos el cobre y otra muy distinta es cuánto cobre estamos produciendo. Si producimos menos, eso también afecta el PIB y las exportaciones”.
Pero la debilidad no se limita al cobre. El deterioro comenzó en la minería, la agricultura y la pesca, pero durante el segundo trimestre la pérdida de impulso alcanzó a la construcción, la inversión, los inventarios y el consumo. La formación bruta de capital cayó 3,9%, principalmente por una desacumulación de existencias de productos manufacturados. Las exportaciones de bienes y servicios disminuyeron 2,1%, debido a menores envíos de bienes, entre ellos el cobre. El consumo de los hogares creció 1,2%, pero fue un respiro en medio de un cuadro general de contracción.
La contradicción de clase es brutal. Mientras el gobierno de Kast celebraba el “repunte” de un solo mes, la economía real seguía su tendencia a la baja. El Imacec de junio fue un espejismo —una cifra inflada por la minería y un día hábil adicional— que no pudo ocultar la debilidad estructural de un modelo que depende de la exportación de materias primas y que no genera empleo ni desarrollo para las mayorías.
El desempleo como condena de clase
La recesión técnica no es un fenómeno abstracto. Tiene consecuencias concretas para la clase trabajadora. El desempleo se mantiene en 9,4%, su nivel más alto en cinco años, y la informalidad alcanza el 27%. Chile completa 42 meses consecutivos con desocupación igual o superior al 8%.
Como advirtió el académico Víctor Silva, “una economía que crece poco tiene menos capacidad para generar empleo, aumentar los ingresos y generar nuevas oportunidades para las personas y las empresas”. Y cuando la economía se contrae, son las empresas las que postergan decisiones de inversión y contratación.
El economista Rodrigo Vergara, expresidente del Banco Central, reconoció que el país “tuvo una recesión técnica en el primer semestre”. Andrés Pérez, economista jefe para Latam de Itaú, agregó que “los datos revelan que la economía tuvo un primer semestre algo más débil del que se preveía” y advirtió que “probablemente se reanuden las revisiones a la baja para el crecimiento del PIB este año”.
La hipocresía de la “reactivación”
La recesión técnica es la confirmación de que el modelo de la “mano dura” no funciona ni siquiera en el terreno que la derecha considera su fortaleza: la economía. El gobierno de Kast ha regalado más de 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas con su megareforma tributaria, ha recortado la gratuidad universitaria y desfinanciado la salud pública, y ahora el PIB se contrae, el desempleo no cede y la inversión cae.
La misma administración que encontró tiempo y recursos para blindar las ganancias de los grupos económicos con una invariabilidad tributaria de 20 años, que aprobó una reforma al mercado de capitales para atraer capitales especulativos, que autorizó a Codelco a capitalizar el 100% de sus utilidades, ahora dice que la economía está “repuntando” mientras los trabajadores ven cómo sus salarios se estancan y sus empleos se precarizan.
La función de clase de la recesión
Desde una perspectiva marxista, la recesión técnica no es un accidente ni un error de cálculo. Es la consecuencia lógica de un modelo que prioriza la acumulación del capital por sobre el bienestar de la clase trabajadora. El “repunte” de junio fue un espejismo; la recesión de dos trimestres consecutivos es la realidad. Y esa realidad tiene un nombre: el fracaso del proyecto neoliberal que la derecha chilena ha intentado imponer desde el retorno a la democracia.
El ministro Quiroz había dicho que el Imacec de junio permitía “alejar el escenario de una recesión técnica”. Pero la recesión llegó igual. Porque la economía chilena no se reactiva con rebajas de impuestos a los ricos ni con recortes a los derechos de los trabajadores. La economía chilena necesita inversión pública, protección del empleo y redistribución de la riqueza. Pero eso es exactamente lo que el gobierno de Kast se niega a hacer.
Mientras los grupos económicos celebran sus rebajas tributarias y el gobierno se ufana de sus “éxitos legislativos”, el PIB se contrae y la clase trabajadora sigue esperando que sus necesidades sean prioridad. El “repunte” de junio fue un espejismo que duró lo que un suspiro. La recesión técnica es la verdad. Y la verdad, como siempre, la pagan los de abajo.
