Sáb. Oct 3rd, 2026

Urbanismo al servicio del capital: La modificación a la Ordenanza General consolida la desregulación inmobiliaria a costa del hábitat popular

Oct 2, 2026
Foto La TerceraPresidente electo Jose Antonio Kast visita Vina del Mar 02/02/2026

Bajo la fachada de «agilizar la inversión» y «simplificar trámites», la actualización normativa transfiere poder de decisión al mercado inmobiliario y precariza la planificación territorial de las ciudades.

Por Equipo El Despertar

La reciente aprobación del decreto que modifica la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC) ha sido presentada por el Ejecutivo y los gremios de la construcción como un hito de «modernización normativa» y «eficiencia administrativa». La narrativa hegemónica —articulada por las cámaras patronales y la prensa corporativa— sostiene que la reducción de plazos, la flexibilización de permisos y la simplificación de estándares técnicos permitirán reactivar la economía y acelerar la producción de viviendas. Sin embargo, un análisis materialista de la medida revela su verdadera naturaleza de clase: el decreto constituye un ajuste regulatorio diseñado para abaratar los costos de reproducción del capital inmobiliario, desmantelando los de por sí débiles mecanismos de fiscalización pública sobre la especulación urbana.

Desde la lógica de la acumulación, la ciudad bajo el capitalismo no se planifica para garantizar el derecho al hábitat, sino para maximizar la renta del suelo. La flexibilización de la OGUC actúa como un facilitador directo para que los grandes fondos de inversión y las empresas desarrolladoras intensifiquen el uso del suelo urbano mediante la densificación desequilibrada y la edificación en altura sin los correspondientes mitigos ambientales ni de infraestructura social. Al recortar las exigencias procedimentales y flexibilizar los criterios de recepción de obras, el Estado delega su rol normativo en la dinámica del mercado, transfiriendo los riesgos operativos y los costos de la degradación urbana a las comunidades trabajadoras que habitan los barrios periféricos y consolidados.

La modificación normativa atenta directamente contra la soberanía de los territorios y los espacios de participación comunitaria en la planificación local. Al estandarizar permisos y restringir el margen de objeción de las direcciones de obras municipales y de las organizaciones vecinales, el decreto blinda los proyectos de inversión privada frente a la resistencia ciudadana contra los megaimpactos urbanísticos. Como han denunciado colectivos por el derecho a la ciudad y pobladores organizados: “La simplificación de trámites no está pensada para beneficiar a las familias que sufren el hacinamiento o la falta de vivienda digna, sino para acelerar la tasa de retorno de las inmobiliarias reduciendo las exigencias ambientales y los tiempos de aprobación”.

Este reordenamiento normativo ratifica que el suelo urbano sigue siendo tratado como un activo financiero especulativo y no como un bien común imprescindible para la vida. Lejos de resolver el déficit habitacional cuantitativo y cualitativo que aqueja a las familias trabajadoras, la desregulación contenida en la nueva ordenanza profundizará la segregación socioespacial, el encarecimiento del valor del suelo y la privatización de los servicios urbanos. La verdadera transformación del espacio urbano no provendrá de las facilidades administrativas para los especuladores, sino de la expropiación del suelo especulativo, el control democrático de la planificación comunal y la subordinación del desarrollo urbano a las necesidades reales de la clase trabajadora.

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