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El garrote del imperio: Trump desata una guerra comercial contra América Latina para castigar la soberanía y saquear sus recursos

Jul 23, 2026

La administración Trump ha transformado los aranceles en un instrumento de dominación y castigo contra los países latinoamericanos que desafían su hegemonía, en una ofensiva que golpea de lleno las economías populares de México, Brasil y el resto de la región. Mientras México negocia para salvar el T-MEC bajo la amenaza de un arancel del 10%, Brasil ha sido brutalmente golpeado con un arancel del 25% que entrará en vigor el 22 de julio, en una represalia directa contra el sistema de pagos PIX y la negativa de Lula a doblegarse ante las exigencias de Washington. La geografía del saqueo se completa con aranceles del 10% que afectan a Chile, Colombia, Perú y otras naciones, mientras Argentina, Ecuador y Guatemala firman acuerdos leoninos para obtener un trato preferencial. La clase trabajadora latinoamericana asiste a un nuevo capítulo de la misma historia: el imperio utiliza su poderío económico para disciplinar a los gobiernos que no se pliegan a sus designios, mientras los trabajadores pagan el costo de una guerra comercial que solo beneficia a los grandes capitales.


Por Equipo El Despertar

El doble rasero de Washington: aliados y enemigos

La política comercial de Donald Trump no tiene nada de “libre mercado”. Es un sistema de castigos y recompensas diseñado para subordinar a las naciones latinoamericanas a los intereses del capital estadounidense.

En un extremo de la balanza se encuentra Argentina, que firmó en febrero un acuerdo que elimina aranceles recíprocos para 1.675 productos argentinos, a cambio de abrir su mercado a las importaciones estadounidenses. Ecuador, El Salvador y Guatemala obtuvieron un trato similar. El gobierno de Javier Milei, que ha hecho de la sumisión a Washington su principal bandera, ha sido recompensado con un acceso preferencial al mercado estadounidense.

En el otro extremo están Brasil y México, las dos economías más grandes de la región, que han sido blanco de los ataques más feroces del imperio.

El castigo a Brasil: el PIX como excusa para el saqueo

El caso de Brasil es el más revelador de la lógica de clase que guía la política comercial de Trump. El 16 de julio, la administración estadounidense anunció un arancel del 25% sobre miles de productos brasileños, que afectará a exportaciones por aproximadamente US$ 11.200 millones (casi el 30% del total). La medida entrará en vigor el 22 de julio.

El pretexto oficial es que Brasil mantiene prácticas comerciales “desleales”. Pero el verdadero motivo, como ha reconocido el canciller Mauro Vieira, es que Brasil no se doblegó ante las demandas “irrazonables” de Washington, que exigió una “apertura total, irrestricta y exclusiva para EE.UU. de sectores enteros de la economía brasileña, sin ninguna contrapartida”.

En el centro de la disputa está el PIX, el sistema de pagos electrónicos creado por el Banco Central de Brasil que ha democratizado el acceso financiero para millones de brasileños. Utilizado por ocho de cada diez brasileños, el PIX ha reducido drásticamente la participación de las empresas estadounidenses de tarjetas de crédito. Para el capital financiero de EE.UU., eso es una herejía. Washington exige que Brasil elimine lo que considera una “competencia desleal”, es decir, que sacrifique un instrumento de inclusión financiera para proteger los intereses de las corporaciones estadounidenses.

El arancel incluye exenciones para productos clave como la carne, el café, el petróleo y las tierras raras, insumos de “extrema importancia” para el mercado doméstico estadounidense. La hipocresía es monumental: Trump castiga a Brasil, pero se asegura de que los productos que necesita para su propia economía no sean afectados.

México: la amenaza permanente sobre el T-MEC

México, el principal socio comercial de Estados Unidos en la región, enfrenta una presión similar. El gobierno de Claudia Sheinbaum inició conversaciones formales con Washington en medio de las amenazas de Trump de imponer nuevos aranceles. La Casa Blanca evalúa imponer un arancel adicional del 10% a los productos mexicanos, en una estrategia que busca renegociar el T-MEC en términos aún más favorables para el capital estadounidense.

El resultado es una incertidumbre permanente que afecta a millones de trabajadores mexicanos que dependen de las exportaciones a EE.UU. Las empresas automotrices, como Toyota, ya han comenzado a trasladar su producción desde México a Estados Unidos para evitar los aranceles. La clase trabajadora mexicana, una vez más, paga el costo de la guerra comercial.

La geografía del saqueo: el resto de la región

La ofensiva de Trump no se limita a México y Brasil. Aranceles del 10% afectan a Chile, Colombia, Perú, Costa Rica y República Dominicana, mientras otros países de la región, como Argentina, han optado por la sumisión a cambio de un trato preferencial. La política comercial de Washington no tiene nada de “libre mercado”; es un sistema de castigos y recompensas diseñado para subordinar a las naciones latinoamericanas a los intereses del capital estadounidense.

La función de clase de la guerra comercial

Desde una perspectiva marxista, esta guerra comercial no es un conflicto entre naciones en pie de igualdad, sino la expresión de la lucha interimperialista por el control de los recursos y los mercados. Estados Unidos, en su rol de potencia hegemónica, utiliza su poderío económico para disciplinar a los países que desafían su dominio y para proteger los intereses de sus corporaciones.

El ataque al sistema PIX es un ejemplo perfecto de esta lógica. El PIX ha democratizado el acceso financiero en Brasil, reduciendo la dependencia de las corporaciones estadounidenses. Para el capital financiero, eso es inaceptable. Washington exige que Brasil elimine lo que considera una “competencia desleal”, es decir, que sacrifique un instrumento de inclusión financiera para proteger los intereses de las corporaciones estadounidenses.

Epílogo: la resistencia como única respuesta

La respuesta de Brasil ha sido un ejemplo de dignidad frente al chantaje. El canciller Mauro Vieira denunció las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio como “inaceptables y ofensivas”, y el gobierno de Lula activó el procedimiento para aplicar la Ley de Reciprocidad. El presidente Lula fue categórico: “No vamos a quedarnos llorando por un producto que no les vendimos a ellos, vamos a buscar otros compradores”.

La clase trabajadora latinoamericana debe leer esta guerra comercial con otros ojos. No se trata de un conflicto técnico entre economías, sino de una lucha de clases a escala global, donde el capital financiero estadounidense intenta imponer su dominio por la fuerza. La sumisión de Argentina, Ecuador y Guatemala es una advertencia de lo que espera a quienes se doblegan ante el imperio. La resistencia de Brasil es una lección de que la dignidad y la soberanía no se negocian.

Mientras Trump utiliza los aranceles como un garrote para castigar a los países que no se pliegan a sus designios, la clase trabajadora latinoamericana sigue pagando el costo de una guerra que no ha elegido. La única salida posible es la organización popular, la diversificación de los mercados y la construcción de una integración regional que no dependa de la buena voluntad del imperio.

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