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El último eslabón de la cadena de impunidad: la detención de Haase Mazzei cierra un círculo de 53 años de sangre y silencio

Jul 27, 2026
Foto La voz de los que sobran

La captura del coronel (r) Nelson Haase Mazzei, el único condenado por el asesinato del cantautor Víctor Jara que seguía prófugo, no es un acto aislado de justicia, sino el resultado de una larga lucha de décadas de los movimientos populares y de derechos humanos contra la impunidad del Estado terrorista. La detención de este hombre de 80 años, que se escondía en una parcela de Puyehue, cierra el círculo de un crimen que sintetiza la esencia de la dictadura: 44 balas, 56 fracturas y un cuerpo torturado para silenciar la voz del pueblo. Sin embargo, como advirtió la hija del cantautor, Amanda Jara, “después de medio siglo del asesinato de Víctor Jara y Littré Quiroga, es difícil considerar esto como justicia”. La clase trabajadora no debe confundir la captura de un cómplice con la verdadera justicia que aún no llega: la desclasificación de los archivos de la DINA, el juicio a los responsables intelectuales y la reparación integral a las víctimas de la dictadura.


Por Equipo El Despertar

El verdugo que no se presentó a la cita con la justicia

La justicia chilena había sentenciado en 2023 a Nelson Haase Mazzei a 25 años y dos días de prisión por su responsabilidad en los delitos de secuestro calificado y homicidio calificado de Víctor Jara y Littré Quiroga, ocurridos en septiembre de 1973. Sin embargo, el coronel retirado no se presentó a cumplir la pena, convirtiéndose en el único de los siete condenados que permanecía prófugo.

Su captura se produjo el sábado 25 de julio, cuando agentes de la Policía de Investigaciones (PDI) lo encontraron oculto en una parcela rural de la comuna de Puyehue, en la Región de Los Lagos . La ministra en visita para causas de derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza, ordenó su ingreso inmediato a prisión. Con esta detención, se cierra la etapa de los condenados prófugos, pero no la de la impunidad de la dictadura que los cobijó.

Un crimen que el régimen quiso borrar

Víctor Jara no fue un simple ciudadano asesinado por el régimen. Fue un militante comunista, un artista comprometido y una de las voces más lúcidas del pueblo chileno. Fue detenido el 12 de septiembre de 1973 en la Universidad Técnica del Estado, un día después del golpe de Estado, y trasladado al Estadio Chile, donde fue sometido a torturas brutales. Su cuerpo, encontrado cerca del Cementerio Metropolitano, presentaba 44 impactos de bala, 22 de ellos por la espalda, y 56 fracturas.

Como escribió Karl Marx en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, “la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”. La dictadura de Pinochet fue el instrumento de la burguesía para imponer un modelo de acumulación que concentró la riqueza en manos de unos pocos y criminalizó a quienes se resistían. El asesinato de Víctor Jara fue una advertencia: esta es la suerte de los que se atreven a soñar con un mundo distinto.

La hipocresía del “Estado de derecho” y el rol de la lucha popular

La detención de Haase Mazzei, aunque celebrada por las organizaciones de derechos humanos, no es un acto de generosidad del Estado, sino el resultado de la presión incesante de los movimientos populares. Durante décadas, la justicia chilena protegió a los verdugos de la dictadura bajo el manto de la impunidad y la Ley de Amnistía. Fue la lucha de las agrupaciones de familiares, la persistencia de los abogados de derechos humanos y la movilización social lo que logró abrir las puertas de los tribunales.

La ministra Paola Plaza ordenó el ingreso inmediato a prisión de Haase Mazzei, pero el caso de Víctor Jara sigue abierto. Como escribió Lenin en El Estado y la revolución, el Estado no es un “mal necesario” que se corrige con el tiempo, sino un instrumento de dominación de clase. La justicia que hoy condena a un coronel retirado es la misma que durante 50 años se negó a juzgar a los responsables del terrorismo de Estado.

El silencio de los cómplices

Haase Mazzei fue condenado junto a otros seis exmilitares, pero la investigación dejó fuera a muchos otros cómplices. El régimen de Pinochet dejó más de 40.000 víctimas entre ejecutados, detenidos desaparecidos y prisioneros políticos. La mayoría de los responsables nunca fueron juzgados. La detención de Haase Mazzei no debe ocultar que el Estado chileno sigue debiendo justicia a miles de familias, que los archivos de la DINA siguen cerrados y que los beneficiarios del modelo económico de la dictadura siguen gozando de sus privilegios.

Epílogo: la deuda que no se salda con una captura

La captura de Nelson Haase Mazzei es un paso en la lucha por la justicia, pero no es la justicia. Como advirtió Amanda Jara, “es difícil considerar esto como justicia” después de medio siglo. La verdadera deuda del Estado chileno con el pueblo no se salda con la detención de un coronel retirado, sino con la verdad, la reparación integral y la garantía de que estos crímenes nunca más se repitan.

La clase trabajadora debe leer esta noticia con otros ojos: no como un triunfo del sistema judicial, sino como la confirmación de que la lucha popular es la única fuerza capaz de arrancar justicia al Estado. La detención de Haase Mazzei no es un regalo del régimen; es una conquista de los que nunca olvidaron a Víctor Jara. Como escribió el propio Jara, la lucha por la justicia “no para de crecer y la que se va, la que se va, va a regresar”.

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