El mismo gobierno que se ufana del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos como un logro de la “apertura” ahora se rasga las vestiduras ante un arancel del 12,5% que Washington le impuso a productos clave del agro chileno. Mientras los ministros de Kast califican la medida de “injusta” y “arbitraria”, el sector agrícola calcula pérdidas que podrían superar los US$400 millones solo en fruta fresca. La paradoja es brutal: la derecha chilena, que ha hecho de la sumisión a los designios del imperio su principal bandera, ahora descubre que el “libre comercio” es una ficción que solo beneficia a los poderosos cuando les conviene. Como escribió Rosa Luxemburgo, “el imperialismo no es una fase aislada, sino la expresión del capitalismo en su etapa de expansión forzada para asegurar su supervivencia”. La clase trabajadora del agro, que ya enfrenta el alza de los fertilizantes, la energía y los fletes, verá cómo sus empleos y su sustento se sacrifican en el altar de la guerra comercial del imperio.
Por Equipo El Despertar
El pretexto del “trabajo forzoso”: la mentira como política de Estado
La administración Trump justificó el arancel del 12,5% —2,5 puntos más que el gravamen transitorio del 10% que regía desde abril— bajo una investigación por “trabajo forzoso” en las cadenas de suministro de 60 países. La subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez, fue clara: el problema es que Chile no tiene una ley específica para prohibir la importación de bienes elaborados con mano de obra forzosa. Es decir, el imperio castiga a Chile por no haber legislado contra un delito que no existe en el país.
El ministro de Agricultura, Jaime Campos, fue lapidario: “En castellano antiguo: pésimas, lamentables noticias. Lo que se está haciendo con Chile es una actuación arbitraria del gobierno norteamericano, puesto que está violentando el Tratado de Libre Comercio que ya habíamos suscrito. Y añadió que la excusa del “trabajo forzoso” es una “chiva que inventaron para imponernos esta medida”. Pero la indignación del ministro suena a hipocresía: la misma derecha que hoy critica a Trump es la que ha defendido la “apertura” comercial a ultranza, la que ha flexibilizado los derechos laborales y la que ha recortado el presupuesto de la Dirección del Trabajo.
La geografía del impacto: el salmón, la fruta y el vino como carne de cañón
El arancel del 12,5% golpea el corazón del agroexportador chileno: el salmón, las uvas, las cerezas, los arándanos, los vinos y la madera. De los aproximadamente 1.500 bienes que Chile exporta a Estados Unidos, un 53,5% quedó excluido del gravamen —incluyendo el cobre, el litio, las paltas, las naranjas y los kiwis— . Pero el 46,5% restante —el 40% de las exportaciones en valor— enfrenta la nueva carga.
El sector frutícola estima pérdidas de entre US$300 y US$400 millones solo en fruta fresca. La industria del salmón, que envía más del 80% de su producción a Estados Unidos, advierte que el arancel podría aumentar el desempleo en las regiones de Los Ríos y Los Lagos. El presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, fue claro: “Han aumentado los costos de los fertilizantes, han aumentado los costos de los insumos, han aumentado los costos de la energía, han aumentado los costos de los fletes aéreos, marítimos y terrestres y este 12,5% nos hace menos competitivos”. Y añadió: “La medida es injusta: los productos de Estados Unidos ingresan a Chile sin pagar arancel, mientras los productos chilenos deberán pagarlo en su segundo socio comercial” .
La negociación como coartada: la diplomacia de los patrones
El gobierno de Kast ha respondido con una estrategia de negociación que no es más que una confirmación de su sumisión. El canciller Francisco Pérez Mackenna afirmó que Chile “veía venir” la medida y que ahora buscará excluir los productos estratégicos que quedaron en el 40% afectado. La subsecretaria Estévez anunció que a fines de agosto llegará a Chile una delegación del USTR para negociar. Pero la negociación no es entre iguales: Washington ha dejado claro que el arancel es el resultado de una investigación unilateral, no de una negociación bilateral.
Mientras los ministros y los gremios empresariales se reúnen para coordinar una “diplomacia empresarial activa”, los trabajadores del agro esperan el golpe en sus empleos. La “diplomacia empresarial” no es otra cosa que la defensa de los intereses del capital: los grandes exportadores, que tienen capacidad de lobby y de diversificación de mercados, buscarán salvar sus márgenes de ganancia. Los trabajadores, en cambio, no tienen representación en esas mesas de negociación.
La función de clase del arancel
Desde una perspectiva marxista, el arancel del 12,5% no es una anomalía en el sistema comercial, sino su expresión más acabada. El “libre comercio” es una ideología que el imperio utiliza cuando le conviene, y que abandona cuando sus intereses están en juego. Como escribió Karl Marx en el Manifiesto Comunista, la burguesía “ha creado un mundo a su imagen y semejanza”. Ese mundo no es un mundo de reglas iguales para todos, sino un mundo donde las reglas las impone el más fuerte.
La exclusión del cobre y el litio del arancel —es decir, los productos que Estados Unidos necesita y no produce en cantidades suficientes— es la prueba de que la medida no es contra el “trabajo forzoso”, sino una herramienta de presión geopolítica. El imperio castiga a Chile en los sectores donde puede prescindir de sus productos, y lo exonera donde su dependencia es mayor. La lógica es brutal: el saqueo de los recursos estratégicos se mantiene, mientras las industrias que generan empleo para la clase trabajadora son sacrificadas en el altar de la guerra comercial.
Epílogo: la factura del “libre comercio” la pagan los de abajo
El arancel del 12,5% es un recordatorio de que el “libre comercio” es una ficción que la clase dominante utiliza para saquear los recursos de los pueblos. La clase trabajadora del agro chileno, que produce el salmón, la fruta, el vino y la madera que el imperio ahora castiga, es la principal víctima de esta política de sumisión.
El gobierno de Kast, que ha hecho de la subordinación a Washington su principal bandera, ha fracasado estrepitosamente en la defensa de los intereses nacionales. Su respuesta se limita a negociaciones que no son entre iguales y a declaraciones de indignación que no tienen consecuencias. Como escribió Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, “el capital financiero es la fuerza motriz de la política imperialista”. Y en esta guerra comercial, los trabajadores chilenos son meros peones en un tablero que no controlan. La lucha por la soberanía económica es también la lucha por la dignidad de la clase trabajadora.
