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El banco de los que no tienen banco: el sistema financiero chileno bate récords de ganancias mientras el pueblo se hunde en la usura

Jul 28, 2026

Chile ocupa el tercer lugar en el podio de la usura latinoamericana, con utilidades bancarias que alcanzaron los US$5.875 millones en 2025, solo superado por Brasil y México. El Banco de Chile reportó un beneficio neto de $268.628 millones en el primer trimestre de 2026, mientras el sector bancario acumuló una utilidad neta de $718.900 millones en mayo, la cifra más alta desde que se registran datos. El secreto de este festín no es la eficiencia, sino la usura legalizada: el margen neto de intereses de América Latina alcanza el 5,5%, frente al 3% de los bancos emergentes. Mientras el gobierno de Kast recorta el gasto social y flexibiliza los derechos laborales, los bancos multiplican sus ganancias a costa de los trabajadores, que pagan las tasas más altas del mundo por un crédito que les permite sobrevivir, no prosperar.

Por Equipo El Despertar

“El poder del Estado no es más que el poder de la clase dominante organizado para la opresión de las clases oprimidas”, escribió Friedrich Engels. En Chile, esa clase dominante tiene su bastión en el sistema financiero. Los números no mienten: la banca chilena registró utilidades por US$5.875 millones en 2025, un 15,5% más que en 2024. Brasil, México y Chile concentran el 77% de las utilidades netas de toda la banca latinoamericana. La rentabilidad sobre el patrimonio (ROE) del sistema bancario alcanzó el 20% en mayo, su nivel más alto desde 2022. El Banco Santander lidera con un ROE del 24,2%, seguido por Banco de Chile con 21,6% y BCI con 16,2%.

El negocio de la usura: cómo la inflación engorda las arcas de los bancos

La lógica de esta acumulación es tan simple como perversa: los bancos ganan más cuando la inflación sube. En mayo de 2026, la UF varió un 1,22%, muy por encima del 0,29% de mayo de 2025. Ese incremento se tradujo en “menores impuestos y mayores ingresos por reajuste” para los bancos. La utilidad neta del sector creció un 55,2% interanual en mayo, el mejor mes de 2026. Como señala un análisis de El Mercurio, “la dinámica de la UF sigue siendo un factor clave para las ganancias de los bancos chilenos”.

En otras palabras: cuando la inflación golpea el bolsillo de los trabajadores, los bancos celebran. El alza de los precios no es un problema para el capital financiero; es una oportunidad. La deuda indexada a la UF, que encadena a millones de chilenos a créditos hipotecarios y de consumo, se convierte en un mecanismo de transferencia de riqueza desde los de abajo hacia los de arriba. Mientras los trabajadores ven cómo sus salarios pierden valor, los bancos ven cómo sus ganancias se disparan.

La deuda como mecanismo de dominación de clase

El economista del IIF, Jonathan Fortun, señala que “la diferencia [en el margen de intereses] es demasiado amplia para ser únicamente cíclica”. No es cíclica porque es estructural. El sistema financiero chileno está diseñado para extraer la máxima plusvalía posible de los trabajadores. Las tasas de interés elevadas, la baja penetración del crédito y la ausencia de una banca pública fuerte crean las condiciones para que los bancos privados operen como verdaderos monopolios de la usura.

La presidenta de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), Solange Bernstein, destacó recientemente “la resiliencia del sistema financiero chileno”. Pero la resiliencia de los bancos es la vulnerabilidad de los trabajadores. La cartera de créditos sigue creciendo, pero el costo de ese crédito lo pagan los de abajo. Como escribió Rosa Luxemburgo, “la acumulación de capital no es posible sin la violencia y la guerra”. En Chile, esa guerra se libra en las letras chicas de los contratos bancarios, en las tasas de interés que devoran los ingresos de las familias, en la deuda que se perpetúa de generación en generación.

La hipocresía del “gobierno de la austeridad”

El gobierno de José Antonio Kast, que se ufana de su “responsabilidad fiscal”, ha encontrado en los bancos un aliado natural. Mientras el Ejecutivo recorta el presupuesto de salud en $413 mil millones y reduce los subsidios habitacionales en más de $200 mil millones, el sistema financiero acumula ganancias récord. La “austeridad” es para los pobres; para los bancos, siempre hay recursos.

La promesa de campaña de Kast de “terminar con los abusos de los bancos” ha quedado en nada. Los bancos no solo no han sido regulados, sino que han visto cómo el gobierno les garantiza un entorno favorable: inflación controlada por el Banco Central, tasas de interés que protegen sus márgenes y una legislación que permite la capitalización de intereses. Como escribió Karl Marx en El Capital, “el capital es trabajo muerto que, como un vampiro, sólo vive chupando trabajo vivo”. Los bancos chilenos son la personificación de ese vampiro: viven de la sangre de los trabajadores.

Epílogo: la deuda como condena

La banca chilena ha batido récords de ganancias, pero la clase trabajadora sigue hundida en la deuda. El crédito no es una herramienta de desarrollo, sino una cadena que ata a los trabajadores al sistema financiero. Mientras los bancos celebran sus utilidades récord, las familias chilenas siguen pagando las tasas de interés más altas del mundo.

La solución no es pedirles a los bancos que sean “más responsables”, como sugiere Felaban. La solución es construir un sistema financiero que esté al servicio de las personas, no del capital. Nacionalizar la banca, regular las tasas de interés, eliminar la indexación a la UF y garantizar el acceso al crédito como un derecho, no como una mercancía. Mientras el sistema financiero siga siendo un instrumento de dominación de clase, las ganancias récord de los bancos seguirán siendo la otra cara de la pobreza de los trabajadores. Como escribió Lenin, “la libertad de los capitalistas es la esclavitud de los obreros”. Y en Chile, esa libertad se mide en utilidades récord.

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