Mié. Jul 29th, 2026

La hora de la contraofensiva patronal: Kast envuelve en retórica de “flexibilidad” el primer asalto a la conquista de las 40 horas

Jul 29, 2026

La ley de las 40 horas, que debía marcar un punto de inflexión en la calidad de vida de los trabajadores, ha sido convertida por la administración de José Antonio Kast en un caballo de Troya para una nueva oleada de flexibilización. Al amparo de la necesidad de “reactivación” y en medio de una crisis económica que ellos mismos agravan, el gobierno y los gremios empresariales impulsan un proyecto para extender la jornada de cálculo hasta las 52 semanas, permitiendo semanas de hasta 45 horas ordinarias en sectores como el turismo sin la necesaria mediación de los sindicatos. La oposición y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) advierten que no se trata de un simple ajuste técnico, sino de una ofensiva de clase que busca debilitar la negociación colectiva, aumentar el control empresarial sobre el tiempo de vida de los trabajadores y abaratar el costo de la fuerza de trabajo.


Por Equipo El Despertar

El disfraz de la “modernización”: un proyecto que huele a siglo XIX

“Viene una reforma laboral con propuestas que son del siglo XIX”, sentenció el exministro de Trabajo y expresidente del PS, Osvaldo Andrade, al analizar el proyecto del gobierno que flexibiliza la aplicación de la ley de 40 horas. La declaración, que podría parecer una hipérbole política, describe con precisión la naturaleza del proyecto: una ofensiva que busca devolver a las relaciones laborales a la época anterior a la organización sindical, cuando el trabajador negociaba individualmente su fuerza de trabajo en el mercado, sin más poder que su propia necesidad.

El corazón de la reforma no es, como insiste el oficialismo, la conservación del promedio de 40 horas. El proyecto amplía el período de cálculo del promedio de 4 a 16 semanas en general, y hasta 52 semanas en el sector turístico. La diferencia es abismal: mientras el trabajador podía antes exigir un respiro cada mes, ahora puede ser sometido a jornadas de hasta 45 horas durante semanas enteras, compensadas con períodos de menor carga que el empleador podrá utilizar a su antojo. En otras palabras, se legaliza la “temporada alta” como excusa para la explotación intensiva, mientras la “temporada baja” se convierte en una promesa de descanso que no siempre llega.

El desprecio por los sindicatos: la individualización de la explotación

El ataque más directo a la organización de los trabajadores se encuentra en el mecanismo de aplicación del nuevo sistema. Mientras para la mayoría de los sectores se exige un acuerdo con el sindicato para aplicar la flexibilidad, en el sector turístico —el “laboratorio” de Kast— se permite que el pacto sea directamente entre el empleador y el trabajador. La lógica es tan clara como perversa: al eliminar la intermediación del sindicato, se fragmenta a la clase trabajadora, se reduce su poder de negociación y se facilita la imposición de condiciones abusivas.

Andrade fue lapidario al respecto: “Toda la adaptabilidad que sea posible en materia laboral, la que usted quiera, siempre que se negocie con el sindicato… En la comisión del Gobierno no había ni un dirigente sindical; o sea, hay un desprecio hacia ese mundo”. Este desprecio no es un accidente, sino una política deliberada. Como escribió Rosa Luxemburgo en Reforma o Revolución, “la lucha sindical es la manifestación más elemental de la lucha de clases”. Al atacar la capacidad de los sindicatos para negociar, el gobierno de Kast está atacando la capacidad de la clase trabajadora para defenderse.

El fantasma del desempleo: la coartada de la flexibilización

El gobierno justifica su ofensiva apelando al temor al desempleo. La tasa de desocupación alcanzó el 9.1% en el trimestre febrero-abril, su nivel más alto en cinco años. La receta de Kast para enfrentar esta crisis no es la inversión pública ni el fortalecimiento del empleo formal, sino la flexibilización laboral: más facilidades para que el empleador organice el tiempo de trabajo, más facilidades para despedir y, en definitiva, un abaratamiento del costo de la fuerza de trabajo.

Esta es la lógica de clase de la reforma: socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Como señaló Karl Marx en El Capital, “el capital es trabajo muerto que, como un vampiro, solo vive chupando trabajo vivo”. La flexibilización de la jornada laboral es el colmillo del vampiro, que busca extraer más trabajo en menos tiempo, diluyendo los límites de la jornada y debilitando la capacidad de los trabajadores para organizar su vida más allá de la fábrica o la oficina.

La resistencia de los de abajo: la CUT y la oposición en la trinchera

La ofensiva del capital no ha sido aceptada pasivamente. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y los parlamentarios de la oposición han advertido que la propuesta “aumentará el control empresarial sobre el tiempo, debilitará la negociación sindical y podría reducir el pago de horas extraordinarias”. La exministra Jeannette Jara, quien lideró la implementación de la ley de 40 horas, ha sido una de las voces más críticas, advirtiendo que el nuevo sistema permitiría semanas laborales significativamente más extensas, afectando el equilibrio entre la vida personal y el trabajo.

La lucha en torno a la jornada laboral no es una disputa técnica sobre el promedio de horas semanales. Es un campo de batalla de la lucha de clases. Como escribió el Che Guevara, “el trabajo, bajo el capitalismo, es una mercancía que se compra y se vende en el mercado”. La reforma de Kast busca abaratar esa mercancía, ampliando el tiempo de explotación y reduciendo el espacio para la organización obrera.

Epílogo: la hora de la verdad

El proyecto de flexibilización de la jornada laboral es el primer gran asalto de la administración de Kast a la conquista de las 40 horas. No se trata de un ajuste técnico, sino de una ofensiva de clase que busca devolver a los trabajadores a la época de la negociación individual y la explotación sin límites. La resistencia de los sindicatos y la oposición es la prueba de que la clase trabajadora no está dispuesta a entregar sus conquistas sin luchar. En las próximas semanas, el debate se trasladará al Congreso. La batalla por la jornada laboral es la batalla por el tiempo de vida de la clase trabajadora.

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