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La metamorfosis del cobre: el gobierno de Kast intenta vender como recuperación lo que es una caricia del mercado

Ago 3, 2026
Foto Minería en Linea

El Banco Central publicó este lunes un Imacec de junio que creció un 2,4% anual, rompiendo una racha de cinco meses consecutivos de caídas y evitando la recesión técnica. El gobierno de José Antonio Kast lo ha celebrado como la confirmación de un “punto de inflexión” y el inicio de la recuperación. Pero la letra fina de las cifras desmiente la euforia oficial: el repunte se explica casi exclusivamente por el alza de la minería (9,8%), en particular del cobre. La industria manufacturera, en tanto, cayó un 0,7% y el desempleo se mantuvo en un 9,4%, su nivel más alto en cinco años. La economía chilena sigue siendo la misma de siempre: un modelo extractivista que depende de la suerte del precio del cobre, que genera riqueza para unos pocos y precariedad para la mayoría, y que no puede ocultar la crisis estructural que el capitalismo chileno ha construido durante décadas.


Por Equipo El Despertar

El espejismo del cobre: la recuperación que no llega a la clase trabajadora

La noticia que el Banco Central entregó este lunes 3 de agosto fue recibida con alivio en La Moneda [9†L3-L5][10†L3-L4]. El Imacec de junio creció un 2,4% en comparación con el mismo mes del año anterior, rompiendo una racha de cinco meses consecutivos de caídas y evitando que el país entrara en una recesión técnica [9†L6-L7][9†L12-L15][10†L9-L11]. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, fue el primero en instalar el mensaje, asegurando que junio marcó un “punto de inflexión” para la economía [12†L13-L14].

Pero la letra fina de las cifras revela una verdad incómoda. El incremento ha estado directamente asociado a la actividad minera, que ha dejado atrás casi medio año de contracción para registrar un alza del 9,8% [9†L17-L18][9†L33-L34]. En este incremento ha tenido un rol clave la mejoría en la producción del cobre [9†L35-L36]. El resto de bienes aumentó 1,0%, mientras que la industria manufacturera presentó una caída de 0,7%, explicada principalmente por una menor elaboración de productos pesqueros [8†L28-L30][9†L37-L38].

La economía chilena no se está recuperando; está mostrando su verdadera naturaleza de clase: un modelo extractivista que depende de la suerte del precio del cobre y que no genera empleo ni desarrollo para la mayoría. Como advierten los economistas, parte de ese desempeño responde a “una normalización en las bases de comparación de la minería”, y persisten factores de incertidumbre que podrían limitar una recuperación más sólida durante la segunda mitad del año [12†L36-L37][12†L23-L27].

La hipocresía de la celebración: desempleo, precariedad y la función de clase del modelo

Mientras el gobierno celebra el repunte del Imacec, el desempleo se mantiene en un 9,4% durante el trimestre abril-junio, su nivel más alto en cinco años [2†L6-L8][2†L16-L19]. La tasa de desocupación femenina alcanza el 10,5%, y el desempleo juvenil se dispara al 22,8%. La economía crece, pero los trabajadores no ven la recuperación.

La contradicción es brutal. Mientras los grupos económicos se benefician del alza del cobre, la clase trabajadora sigue pagando el costo de un modelo que no genera empleo de calidad. La producción de bienes crece, pero la industria manufacturera cae. El comercio mayorista se expande, pero las pequeñas y medianas empresas siguen cerrando. El desempleo no da tregua y la precariedad se ha convertido en la norma para millones de chilenos.

El Banco Central moderó en junio sus expectativas de crecimiento para este año y pronosticó que el PIB chileno se expandirá entre el 1 % y el 1,75 % en 2026 [10†L25-L27]. El gobierno, por su parte, corrigió a la baja la proyección de crecimiento para este 2026, de 2,1% a 1,8% [1†L5-L7]. La “recuperación” que pregona la derecha no es una recuperación para los trabajadores, sino para los grupos económicos que se benefician de la minería y el comercio.

La farsa del “punto de inflexión”

El ministro Quiroz ha insistido en que la economía ha tocado fondo y que el repunte es el inicio de una recuperación sostenida. Pero los economistas llaman a la prudencia. Advierten que todavía persisten factores de incertidumbre, como el escenario internacional, el deterioro de la confianza y los efectos climáticos sobre algunos sectores productivos [12†L23-L27].

La “recuperación” que celebra el gobierno es, en realidad, un espejismo. La economía chilena sigue siendo la misma de siempre: un modelo extractivista que genera riqueza para unos pocos y precariedad para la mayoría, y que no puede ocultar la crisis estructural que el capitalismo chileno ha construido durante décadas. Mientras el desempleo siga por encima del 9% y la industria manufacturera siga cayendo, el “punto de inflexión” del ministro Quiroz no será más que una ilusión.

El costo de la dependencia: el modelo extractivista como condena de clase

La dependencia del precio del cobre es la condena de la clase trabajadora chilena. Cuando el precio sube, los grupos económicos engordan sus ganancias. Cuando baja, el Estado se endeuda y los trabajadores pagan el ajuste. El repunte del Imacec no es un triunfo de la política económica del gobierno, sino un capricho del mercado que el capitalismo chileno ha convertido en su única estrategia de desarrollo.

La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el espectáculo de la “recuperación”. La economía puede crecer mientras los trabajadores siguen sin trabajo. La minería puede expandirse mientras la industria manufacturera se contrae. El comercio puede florecer mientras las familias no llegan a fin de mes. La recuperación que pregona la derecha no es una recuperación para los de abajo, sino para los grupos económicos que siempre encuentran la manera de beneficiarse de las crisis.

Epílogo: la recuperación de los de arriba y el abandono de los de abajo

El Imacec de junio ha evitado la recesión técnica y ha dado un respiro al gobierno de Kast. Pero la clase trabajadora no debe confundir el alivio de los mercados con el bienestar de las mayorías. La economía chilena sigue siendo la misma de siempre: un modelo extractivista que depende de la suerte del precio del cobre, que genera riqueza para unos pocos y precariedad para la mayoría, y que no puede ocultar la crisis estructural que el capitalismo chileno ha construido durante décadas.

Mientras el desempleo siga por encima del 9% y la industria manufacturera siga cayendo, la “recuperación” que celebra el gobierno no será más que una ilusión. La única salida para la clase trabajadora no es esperar que el precio del cobre suba, sino organizarse para construir un modelo económico que ponga las necesidades de las mayorías por encima de las ganancias de las minorías.

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