El 68% de los jóvenes entre 18 y 24 años desea emigrar, mientras la esperanza en el futuro del país cae al 57%. Detrás de las cifras no hay apatía, sino una evaluación racional de un sistema que reproduce la desigualdad.
Por Equipo El Despertar
Santiago, Chile – El estudio internacional de Activa Research, aplicado en 45 países durante diciembre 2025 y enero 2026, revela que la juventud chilena es la más pesimista de América Latina y una de las más críticas del mundo respecto a sus posibilidades de vida. Sin embargo, lejos de leer estos datos como un déficit subjetivo, una perspectiva materialista los interpreta como el reflejo fiel de las contradicciones estructurales del capitalismo dependiente chileno.
El dato es contundente: solo el 44% de los jóvenes chilenos de 18 a 24 años cree tener más oportunidades que sus padres, veintidós puntos por debajo del promedio mundial y muy por debajo del 59% que declara lo mismo en el total de la población adulta. Esta brecha generacional de 15 puntos —la más alta de la región— expresa una evaluación objetiva de un modelo económico que ha profundizado la precarización laboral, la mercantilización de la vivienda y la pérdida de derechos sociales conquistados por generaciones anteriores, privatizando además, mediante los dispositivos ideológicos, la culpa del fracaso.
El acceso a la vivienda propia se revela como el síntoma más agudo de esta crisis de reproducción social. Mientras el 56% de los jóvenes del mundo confía en poder comprar una casa, en Chile ese porcentaje se desploma al 35%. El 44% de los jóvenes chilenos cree que nunca podrá acceder a una vivienda propia, una cifra que duplica el promedio global en el mismo grupo etario. “Chile se ubica en el puesto 37 entre 45 países en confianza juvenil para el acceso a la vivienda”, señala el informe, y agrega: “solo el 5% de los jóvenes chilenos ya tiene casa propia, frente al 8% global”. Esta no es una percepción distorsionada: es la constatación de que el suelo y la vivienda se han convertido en mercancías financieras, no en derechos sociales.
La esperanza en el futuro del país también muestra una fractura generacional alarmante. El 60% de la población adulta chilena se siente esperanzada, pero entre los jóvenes el porcentaje cae al 57%, mientras el promedio mundial juvenil alcanza el 63%. Chile es uno de los pocos países del mundo donde los jóvenes son más pesimistas que los adultos. “En el ranking de jóvenes 18-24, Chile ocupa el lugar 31 entre 45 países”, detalla el estudio. Este desencanto no es irracional: es la lectura lúcida de un sistema que promete movilidad social pero entrega precariedad, que celebra el emprendimiento pero niega el empleo digno, que proclama la igualdad de oportunidades pero reproduce la desigualdad estructural.
El indicador más revelador de esta condición es la disposición a emigrar: el 68% de los jóvenes chilenos se mudaría a otro país si pudiera, el nivel más alto de América Latina y 17 puntos por sobre el promedio mundial. “Chile es el país de América Latina con mayor disposición a emigrar tanto en el total de la población como en el segmento juvenil”, afirma el comunicado. Los jóvenes chilenos superan ampliamente a sus pares regionales: Argentina (65%), Brasil (64%), Colombia (55%), Perú (62%) y Venezuela (52%). Incluso superan a Ecuador (69%), el único país que los iguala.
Este éxodo proyectado no es un capricho ni una moda: es la búsqueda de condiciones materiales de existencia que el capitalismo chileno no puede garantizar. El 59% de los jóvenes que desean emigrar lo haría solo si pudiera hacerlo legalmente, lo que indica una intención racional y planificada, no una fuga impulsiva. “El 9% dice que se iría independientemente de las condiciones”, puntualiza el estudio. Detrás de este dato hay jóvenes que han evaluado que, en el actual régimen de acumulación, sus proyectos de vida son inviables.
Las cifras del estudio confirman una tesis central del materialismo histórico: las condiciones materiales de existencia determinan la conciencia social. Los jóvenes chilenos no son pesimistas por naturaleza ni por influencia de redes sociales; son pesimistas porque el sistema económico les ha mostrado, con datos concretos, que el futuro no les pertenece. La “esperanza” que el capitalismo demanda como requisito para la adaptación es, en realidad, un mecanismo de disciplinamiento social. La juventud chilena, al rechazar esa esperanza impuesta, está realizando una crítica práctica del orden establecido.
El estudio, aplicado a una muestra de 1.017 personas en Chile y 45.000 a nivel global, con margen de error de ±3,1% para el caso chileno y ±1,3% para el segmento juvenil global, tiene la virtud de visibilizar una verdad incómoda para el discurso oficial: la meritocracia es un mito, el progreso lineal una ficción y el desarrollo capitalista en la periferia produce, ante todo, expulsión.
