El Informe Gemines Nº551, publicado este jueves, ha puesto en entredicho las señales de recuperación económica que el gobierno de José Antonio Kast intenta instalar con bombos y platillos. El documento sostiene que es “casi imposible” que Chile alcance el crecimiento de 1,8% proyectado oficialmente por el Ejecutivo, e incluso advierte que lograr un magro 1,2% requiere “una dosis de optimismo importante” y no descarta una expansión inferior al 1%. Detrás del lenguaje técnico de la consultora se esconde la misma verdad de siempre: el capitalismo chileno, diseñado para extraer riqueza de los de abajo y concentrarla en los de arriba, no tiene capacidad de generar crecimiento sostenido que beneficie a la clase trabajadora. Mientras el gobierno celebra un repunte del Imacec que atribuye al alza del cobre, el informe Gemines advierte una “seria crisis” en el mercado laboral, con caída del empleo formal y aumento de la informalidad, y proyecta un escenario fiscal “extremadamente preocupante” que podría llevar la deuda pública más allá del 45% del PIB. La clase trabajadora asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: el gobierno de la “emergencia” no tiene un plan para reactivar la economía, solo un discurso para ocultar el saqueo.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La noche del jueves 13 de agosto, la consultora Gemines publicó su Informe Nº551, y el diagnóstico fue un balde de agua fría para la narrativa oficial de La Moneda. Mientras el gobierno de José Antonio Kast celebraba los datos del Imacec y hablaba de un “punto de inflexión”, el informe señaló con crudeza que la economía chilena no logrará alcanzar la meta de crecimiento del 1,8% proyectada por el Ejecutivo. Incluso bajo un escenario favorable respecto del conflicto en el Golfo Pérsico, llegar a esa cifra es “casi imposible”.
La advertencia es lapidaria: “Mi proyección actual de 1,2%, por ejemplo, requiere de una dosis de optimismo importante”, sostiene Alejandro Fernández Beroš en el capítulo de panorama general. Para alcanzar ese registro, el crecimiento del segundo semestre respecto del primero tendría que llegar a 4,9% anualizado, después de un primer semestre que mostró un crecimiento nulo frente a la segunda mitad de 2025. El diagnóstico incluso abre la puerta a un resultado inferior: “No deberíamos sorprendernos si el IMACEC (PIB) este año crece menos de 1,2% o, incluso, menos de 1,0%”.
El “triunfo” de la megareforma: un espejismo que no salvará las cuentas
Gemines califica la recién aprobada Ley de Reconstrucción como “un hito relevante y un triunfo significativo para el gobierno”, pero advierte que ahora comienza la etapa más difícil: conseguir que sus efectos económicos estén a la altura de las expectativas y que su impacto fiscal no impida cumplir las metas comprometidas. El informe estima que la ley debería tener un impacto positivo durante los próximos años, aunque su magnitud dependerá especialmente de cómo se implemente la reducción de la permisología, incluso más que de la rebaja de impuestos. Las estimaciones apuntan a que, entre 2027 y 2030, la ley podría elevar el crecimiento en un punto porcentual promedio, mientras que la inversión aumentaría en promedio 2,7 puntos porcentuales. Pero la pregunta que la clase trabajadora debe formularse es simple: ¿de qué sirve un crecimiento eventual si los beneficios se concentran en los grupos económicos que ya controlan el país, mientras los trabajadores siguen enfrentando desempleo, precariedad y salarios de hambre?
El fantasma de la deuda: el Estado se hipoteca para regalarle al capital
Donde las advertencias son mayores es en las cuentas fiscales. Gemines señala que el panorama para este año y los cuatro siguientes continúa siendo estrecho. Para 2026, el escenario oficial contempla un déficit efectivo de 2% del PIB, un balance cíclicamente ajustado negativo de 2,4% y una deuda bruta equivalente al 42,7% del producto.
El informe advierte que, en uno de los escenarios analizados sin considerar los efectos de la Ley de Reconstrucción, la deuda pública pasaría desde 42,7% del PIB en 2026 hasta 45,5% en 2030, superando desde 2029 el límite prudencial de 45%. Gemines califica esta trayectoria como “extremadamente preocupante”. A ello suma la situación de las empresas públicas, cuya deuda alcanzó US$37.924 millones al cierre de 2025, equivalente al 10,6% del PIB. Aunque solo US$8.276 millones están formalmente avalados por el Estado, el informe considera “razonable suponer que hay un aval implícito del Estado” sobre el resto.
La hipocresía es brutal. El gobierno de Kast encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales desde el Estado hacia las grandes empresas, y para aprobar un endeudamiento histórico sin titubear. Pero ahora resulta que la deuda pública está al borde del límite prudencial y el panorama fiscal es “extremadamente preocupante”. La misma administración que regala el Estado al capital es la que ahora advierte que no hay plata para la salud, la educación y la vivienda de los de abajo.
La crisis del empleo: el mercado laboral como termómetro de la explotación
Uno de los capítulos más críticos del informe está dedicado al empleo. Gemines sostiene que la economía chilena atraviesa una “seria crisis en su mercado laboral”, caracterizada por una elevada desocupación y un deterioro en la calidad del trabajo, con caída del empleo formal y aumento del informal. El informe muestra que, entre 2022 y 2026, la relación entre crecimiento y creación de puestos de trabajo se volvió negativa. Como ejemplo, menciona al sector silvoagropecuario: su producción se encuentra 17,4% por encima del nivel previo a enero de 2019, mientras cuenta con 23,1% menos trabajadores. Es la lógica del capital: más producción con menos trabajadores, más ganancias para los dueños, más desempleo para los de abajo.
La propuesta de Gemines para revertir esta situación es, como era de esperar, la flexibilización laboral. El informe propone avanzar hacia una indemnización a todo evento con aportes compartidos entre empleador y trabajador, aprobar la ley de sala cuna y establecer criterios técnicos para los reajustes del salario mínimo. “Mientras no avancemos en línea con lo anterior, tendremos que acostumbrarnos a tasas de desocupación muy por sobre lo que estábamos acostumbrados”, señala.
La clase trabajadora debe entender el mensaje: para el capital, la solución al desempleo no es la inversión pública ni la protección del empleo, sino más flexibilidad, más precarización y más transferencia de riesgos a los trabajadores. La “indemnización a todo evento” no es una garantía de protección, sino un mecanismo para abaratar el despido. La ley de sala cuna no es un derecho, sino una herramienta para disciplinar a las mujeres trabajadoras.
El dólar y la inflación: las migajas del crecimiento
En materia cambiaria, el escenario planteado es favorable para el peso. Gemines sostiene que Chile cuenta con sólidos fundamentos externos, entre ellos precios récord del cobre y de los términos de intercambio, un superávit comercial acumulado anual que también se encuentra en máximos históricos. El informe proyecta que el dólar debería situarse “claramente por debajo de los 900 pesos” hacia fines de año. Pero la apreciación del peso no beneficia a los trabajadores; beneficia a los importadores y a los grupos económicos que consumen bienes del exterior, mientras la industria nacional se hunde.
Sobre la inflación, Gemines es categórica: el IPC de julio, que llevó la variación anual al 3,5%, no debe interpretarse como una señal para que el Banco Central reduzca la tasa de política monetaria. Entre los riesgos menciona la inflación no transable de 4,3%, el aumento de los fletes internacionales y alimentos, la incertidumbre sobre los combustibles y una eventual nueva depreciación del peso.
La función de clase del Informe Gemines
Desde una perspectiva marxista, el Informe Gemines no es un documento técnico neutral. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna el capitalismo chileno. La consultora, que representa los intereses del gran capital, diagnostica la crisis del modelo, pero sus propuestas son siempre las mismas: más flexibilización, más precarización, más transferencia de recursos desde el Estado hacia el capital.
La clase trabajadora debe leer este informe con otros ojos. No como un diagnóstico técnico, sino como una confesión de clase. El gobierno de Kast, al celebrar un crecimiento que no llega, al aprobar una megareforma que no genera empleo, al endeudar al país hasta las cejas, no está gestionando una crisis; está profundizando un modelo de explotación.
Epílogo: el crecimiento de los de arriba y el abandono de los de abajo
El Informe Gemines Nº551 es un acta de defunción de la ficción del “gobierno de la eficiencia”. La economía chilena no crecerá al ritmo que promete el gobierno, la deuda pública se acerca al límite prudencial, el mercado laboral atraviesa una crisis seria y la inflación sigue siendo una amenaza. Pero la clase trabajadora no debe esperar que la consultora del gran capital proponga soluciones que beneficien a los de abajo. Su diagnóstico es una herramienta para el capital, no para el pueblo.
Mientras el gobierno de Kast celebra el “punto de inflexión” y los grupos económicos se embolsan el botín de la megareforma, los trabajadores siguen esperando que sus salarios alcancen para llegar a fin de mes. El crecimiento que no llega, el empleo que se destruye y la deuda que se acumula no son accidentes; son la expresión de la lógica de clase que gobierna el Estado chileno. La única salida no es esperar que el capital resuelva la crisis, sino organizarse para construir un modelo económico que ponga las necesidades de las mayorías por encima de las ganancias de las minorías.
