La Fundación Sol reveló que las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) tuvieron utilidades diarias por más de $2 mil millones durante el primer semestre de 2026, acumulando un incremento de 13,3% en 12 meses y alcanzando una ganancia total de $377.269.695.000 en la primera mitad del año. Mientras las siete administradoras del sistema previsional registraron ganancias por US$410 millones, un aumento del 13,5% respecto al mismo periodo de 2025, un trabajador que cotizó entre 35 y 40 años en el actual sistema y se pensionó el año pasado obtuvo una pensión autofinanciada promedio equivalente a apenas un 29,1% de su salario. Si ganaba $1 millón, su pensión fue de $290 mil. La clase trabajadora asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: el sistema de capitalización individual no fue diseñado para garantizar una vejez digna, sino para generar millonarias ganancias a los grupos económicos que controlan las AFP, mientras los trabajadores son condenados a una vejez de precariedad.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. El estudio de la Fundación Sol, difundido a través de sus redes sociales este lunes 17 de agosto, ha vuelto a poner en el centro del debate la naturaleza de clase del sistema previsional chileno. Las cifras son lapidarias: las AFP tuvieron utilidades diarias por más de $2 mil millones durante el primer semestre de 2026, acumulando un incremento de 13,3% en 12 meses y alcanzando una ganancia total de $377.269.695.000 en la primera mitad del año.
El análisis de La Tercera confirma la tendencia: las utilidades de las siete administradoras del sistema previsional totalizaron US$410 millones a junio, lo que constituye un incremento de 13,5% en comparación con igual periodo de 2025, cuando tuvieron utilidades por US$361 millones. Este aumento se explica, principalmente, por el mejor desempeño de algunos fondos de pensiones, lo que influyó sobre la rentabilidad del encaje que deben mantener por ley dichas compañías.
La plusvalía de los fondos: cómo las AFP engordan sus ganancias a costa de los trabajadores
El mecanismo es simple y brutal. En los primeros seis meses de 2026, los ingresos de las siete AFP del sistema previsional subieron 3,4% interanual, hasta totalizar $622.296 millones (US$675 millones). Pero el verdadero motor de las ganancias fue la rentabilidad del encaje, que en enero-junio implicó ganancias por $141.533 millones (US$153 millones), un crecimiento del 15% respecto al primer semestre de 2025.
El encaje es el capital que las AFP deben mantener como garantía, y su rentabilidad depende del desempeño de los multifondos. Entre enero y junio de este año, el multifondo A de las AFP rentó en promedio un 8,72% real, mientras que el fondo B registró una rentabilidad promedio de 6,55%. Es decir, el dinero de los trabajadores, que debería estar garantizando sus pensiones, está generando millonarias ganancias a las administradoras. Como señaló AFP Habitat en un comunicado, el desempeño de los fondos de pensiones “impactó positivamente en los resultados financieros de la administradora, a través de la rentabilidad del encaje”.
La contracara del festín: pensiones de hambre para los que cotizaron toda una vida
Mientras las AFP celebran sus utilidades récord, los trabajadores que cotizaron durante 35 a 40 años en el actual sistema y se pensionaron el año pasado obtuvieron una pensión autofinanciada promedio equivalente a un 29,1% de su salario. Es decir, si un trabajador ganaba $1 millón durante su vida laboral, su pensión fue de apenas $290 mil. Una cifra que ni siquiera alcanza el salario mínimo.
La pregunta que la clase trabajadora debe formularse es simple: ¿dónde está el dinero que los trabajadores ahorraron durante décadas? La respuesta es brutal: está en las arcas de las AFP, que lo han utilizado para generar ganancias millonarias para sus accionistas, mientras los trabajadores son condenados a una vejez de precariedad. Como señaló la publicación de la Fundación Sol, el sistema de capitalización individual no fue diseñado para garantizar pensiones dignas, sino para generar ganancias a los grupos económicos que controlan las administradoras.
La función de clase del sistema previsional
Desde una perspectiva marxista, el sistema de AFP no es un mecanismo de protección social, sino un dispositivo de acumulación de capital. Los trabajadores son obligados a depositar parte de su salario en fondos privados, que utilizan ese dinero para invertir en los mercados financieros y generar ganancias para sus accionistas. Cuando llega el momento de la jubilación, los trabajadores reciben una pensión que es apenas una fracción de lo que cotizaron, mientras las administradoras se llevan la diferencia en forma de comisiones y utilidades.
El aumento del 13,5% en las ganancias de las AFP durante el primer semestre de 2026 no es un accidente. Es el resultado de un sistema diseñado para transferir la riqueza de los trabajadores hacia los grupos económicos que controlan las administradoras. Mientras los trabajadores se jubilan con pensiones de hambre, las AFP registran utilidades récord y sus accionistas se embolsan millonarios dividendos.
La hipocresía del discurso de la “libertad de elección”
El discurso de la “libertad de elección” que la derecha ha utilizado para defender el sistema de AFP es, en los hechos, una coartada para la explotación. Los trabajadores no tienen libertad para elegir un sistema que les garantice una pensión digna; están obligados a cotizar en un sistema que les asegura una vejez de precariedad. La “libertad de elección” es la libertad de las AFP para cobrar comisiones y generar ganancias a costa del trabajo de los de abajo.
Epílogo: el saqueo como política de clase
El estudio de la Fundación Sol es un recordatorio de que el sistema de AFP no es un problema de “gestión” o de “rentabilidad”, sino una expresión de la lógica de clase que gobierna el capitalismo chileno. Mientras las AFP registran utilidades récord, los trabajadores se jubilan con pensiones de hambre. Mientras los accionistas de las administradoras se embolsan millonarios dividendos, los ancianos de los barrios populares sobreviven con migajas.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el discurso de la “modernización” del sistema previsional. La única solución no es ajustar las comisiones o aumentar la competencia entre las AFP, sino poner fin a un sistema que ha convertido la vejez en un negocio para unos pocos. La lucha por una pensión digna es la lucha por un sistema de seguridad social que esté al servicio de las mayorías, no de los intereses de los grupos económicos que se benefician del saqueo de los fondos de pensiones.
