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El fantasma del miedo patronal: la UDI resucita el “octubrismo” para criminalizar el triunfo de Yeomans y la organización popular

Ago 20, 2026
Foto Radio Universidad de Chile

Ante el contundente triunfo de la diputada Gael Yeomans en las elecciones internas del Frente Amplio, la Unión Demócrata Independiente (UDI) ha respondido con el libreto de siempre: revivir el fantasma del “octubrismo” para criminalizar el descontento popular y deslegitimar a la izquierda que se organiza. En un documento interno y en declaraciones públicas, los líderes gremialistas han intentado instalar la idea de que la victoria de Yeomans representa el retorno del “caos y la violencia” del estallido social de 2019. La jugada no es nueva: es la estrategia de clase de una derecha que, frente a la pérdida de hegemonía y el avance de las luchas populares, recurre al miedo y la criminalización para intentar detener el despertar de la clase trabajadora.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. El lunes 17 de agosto, la diputada Gael Yeomans se impuso con 5.667 votos en las elecciones internas del Frente Amplio, derrotando a la entonces presidenta Constanza Martínez (4.353 votos) y asumiendo como la nueva líder del partido más grande de Chile. La votación, que alcanzó el 18,4% del padrón, fue leída por muchos como un respaldo a la necesidad de “subir el tono” contra el gobierno de José Antonio Kast y recuperar la capacidad de movilización en las calles.

Sin embargo, para la derecha patronal, la noticia fue recibida con el pánico que produce la organización de los de abajo. Inmediatamente, la maquinaria de la UDI se puso en marcha. En un comunicado, el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Alessandri (UDI), y la jefa de la bancada gremialista, Flor Weisse, advirtieron que el triunfo del Frente Amplio forma parte de “una agenda deliberada que la extrema izquierda decidió impulsar” para “reinstalar el mismo escenario de caos y violencia que vivió nuestro país en octubre de 2019”.

El documento interno de la UDI, al que se refiere la prensa, no es un análisis técnico ni una opinión política; es una declaración de guerra de clase. La derecha sabe que el Frente Amplio, con Yeomans a la cabeza, representa la posibilidad de una oposición que no se limite a los pasillos del Congreso, sino que recupere la capacidad de interpelar al poder desde las calles. Por eso, su reacción no es debatir ideas, sino criminalizar a sus adversarios.

La construcción ideológica del “enemigo octubrista”

El concepto de “octubrismo” no es un análisis histórico; es una construcción ideológica de la derecha para deslegitimar cualquier expresión de resistencia popular. Desde el fin del estallido social, la UDI ha utilizado este término para equiparar la legítima demanda de justicia social con la violencia, el caos y la desestabilización.

El propio documento interno y las declaraciones de Alessandri y Weisse son claros al respecto. Lo que está en juego, según ellos, es el “debilitamiento del Estado de Derecho”. Pero, ¿qué Estado de Derecho defienden? ¿El que permite que la clase trabajadora sea despojada de sus derechos? ¿El que aprueba megareformas que transfieren 4.000 millones de dólares a las grandes empresas mientras se desfinancia la salud pública? La defensa de ese “Estado de Derecho” es la defensa del orden de los patrones, del orden que protege a los de arriba y criminaliza a los de abajo.

La estrategia de la UDI es un calco de la que utilizaron durante el gobierno de Gabriel Boric. Como señala un análisis de El Mostrador, la derecha ha construido todo un relato en torno al “octubrismo” para justificar su agenda represiva. No es casualidad que esta arremetida se produzca justo cuando Yeomans, una de las voces más críticas de la reforma de seguridad de Kast, asume el liderazgo del Frente Amplio.

La función de clase del miedo al “octubrismo”

La arremetida de la UDI contra Yeomans y el Frente Amplio, calificándolos de “octubristas”, no es un error de cálculo político. Es una confesión de clase. La derecha teme que la izquierda recupere su capacidad de movilización y organización popular. Sabe que la derrota del “octubrismo” que ellos celebraron en el plebiscito constitucional fue solo una batalla, no la guerra. Y ahora, ante el triunfo de una dirigente que promete “subir el tono” y llevar el partido a la calle, la UDI vuelve a su libreto favorito: el miedo.

El académico Andrés Couble ha señalado que el triunfo de Yeomans constituye una “durísima derrota” para el sector del expresidente Boric, pero también es un triunfo para aquellos que creen que la oposición debe ser más dura y menos complaciente. La UDI lo sabe. Por eso, su respuesta no es debatir, sino estigmatizar.

Epílogo: el octubrismo como bandera de la resistencia

La UDI puede intentar criminalizar el triunfo de Yeomans y el Frente Amplio, pero no puede detener la historia. El “octubrismo” que ellos temen no es el caos y la violencia que describen en sus comunicados; es la posibilidad de que la clase trabajadora recupere su capacidad de organización, de lucha y de construcción de un proyecto alternativo. Es la memoria viva de un pueblo que se atrevió a exigir justicia social y que no ha olvidado cómo hacerlo.

El triunfo de Gael Yeomans no es el retorno del “octubrismo” que teme la UDI; es el renacer de una izquierda dispuesta a enfrentar al gobierno de los patrones con la fuerza de la organización popular. La derecha puede gritar “octubrismo” todo lo que quiera, pero el pueblo sabe que su verdadero enemigo no son las movilizaciones, sino el sistema que las hace necesarias.

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