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El plan económico del capital

Jun 30, 2026

Desde una perspectiva materialista, el aumento del desempleo a casi el 10% no es un fracaso involuntario del gobierno de Kast, sino una pieza funcional a la acumulación de la burguesía. Al engrosar lo que Carlos Marx definió como el ejército industrial de reserva, el régimen genera una masa de desocupados que presiona a la baja los salarios de quienes aún conservan su puesto de trabajo. El miedo a perder el empleo se convierte en el látigo con el que los empresarios imponen la flexibilización laboral, la extensión camuflada de las jornadas y la aceptación de condiciones precarias.

Por Editor El Despertar

El desplome de los indicadores económicos no es una anomalía técnica ni un “legado” abstracto; es la traducción matemática de la violencia estructural que el gran capital ejerce sobre nuestra clase. La publicación de los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) expone el verdadero rostro de la administración de José Antonio Kast: un régimen que, tras la fachada del “orden y la reactivación”, comanda la destrucción de las fuerzas productivas y el empobrecimiento sistemático del pueblo trabajador.

La realidad de las cifras: El costo del ajuste capitalista

Los datos fríos del trimestre móvil marzo-mayo de 2026 desarman cualquier intento de propaganda oficialista:

  • Desempleo desbocado: La tasa de desocupación nacional escaló dramáticamente hasta el 9,4%. Ya son cerca de 980.000 compañeras y compañeros despojados del derecho elemental al sustento, arrastrados a las filas de la cesantía.
  • Violencia patriarcal del capital: En las mujeres trabajadoras, la desocupación se dispara al 10,5%, evidenciando cómo el sistema descarga su crisis con doble fuerza sobre las explotadas.
  • La válvula de la informalidad: Quienes no encuentran un salario formal son empujados al subempleo y la desprotección, elevando la tasa de ocupación informal al 27,0%.
  • Colapso industrial: El Índice de Producción Industrial (IPI) registró una contracción brutal del -7,5% en doce meses. La industria no avanza; se destruye bajo la lógica de la especulación y la reprimarización de la economía.

El “Ejército Industrial de Reserva” y el disciplinamiento del salario

Desde una perspectiva materialista, el aumento del desempleo a casi el 10% no es un fracaso involuntario del gobierno de Kast, sino una pieza funcional a la acumulación de la burguesía. Al engrosar lo que Carlos Marx definió como el ejército industrial de reserva, el régimen genera una masa de desocupados que presiona a la baja los salarios de quienes aún conservan su puesto de trabajo. El miedo a perder el empleo se convierte en el látigo con el que los empresarios imponen la flexibilización laboral, la extensión camuflada de las jornadas y la aceptación de condiciones precarias.

El desempleo masivo no es escasez de riqueza; es la estrategia del capital para disciplinar la fuerza de trabajo y garantizar que la tasa de ganancia de los grandes consorcios no caiga.

La caída del 7,5% en la producción industrial demuestra el parasitismo de la oligarquía financiera y empresarial chilena. Beneficiados por la desregulación ambiental y las exenciones tributarias prometidas por el Ejecutivo, los dueños del dinero optan por la especulación financiera o la exportación directa de materias primas crudas, desmantelando la matriz manufacturera interna. Al capital no le interesa el desarrollo del país ni el bienestar de las familias trabajadoras; le interesa el retorno rápido, aunque eso signifique paralizar las fábricas y dejar los galpones vacíos.

La respuesta ministerial y la farsa del “derrame”

La reacción del aparato estatal es sintomática de su carácter de clase. Mientras los ministros del Trabajo y de Economía se lamentan en los medios burgueses calificando la situación como un “drama social” y culpan a reformas pasadas, sus recetas siguen siendo las mismas: más subsidios directos a las empresas y más facilidades para el despido y la contratación basura. La promesa de la “seguridad” terminó siendo la seguridad para los fondos de inversión y la total intemperie económica para el proletariado.

Frente a la parálisis patronal y la complicidad del gobierno de Kast, la clase trabajadora no puede quedarse en la posición pasiva de la víctima. Es imperativo levantar la voz desde los sindicatos, los comités de allegados y las organizaciones territoriales. La crisis industrial y el desempleo no se combaten mendigando mesas de diálogo con quienes nos explotan; se enfrentan exigiendo el reparto de las horas de trabajo sin reducción salarial, el congelamiento de los precios de la canasta básica y la nacionalización de las industrias estratégicas bajo control de sus propios trabajadores. ¡A organizar la resistencia frente a la ofensiva del capital!

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