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El abrazo del verdugo: el nuevo régimen de Delcy Rodríguez tiende la mano al genocidio y entierra la herencia de Chávez

Ago 11, 2026

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha consumado el acto de traición más grotesco al legado de Hugo Chávez. A solo ocho meses del secuestro del Presidente Constitucional de la Republica Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, por fuerzas especiales de Estados Unidos y del bombardeo que devastó el país, el nuevo régimen instalado bajo el ala del imperio anunció la reanudación de las relaciones consulares con el Estado de Israel, la misma entidad sionista que Hugo Chávez expulsó en 2009 en solidaridad con el pueblo palestino. Mientras las calles de Gaza siguen regadas con la sangre de niños y los cadáveres de las víctimas del genocidio sionista aún no se enfrían, el gobierno títere de Caracas ha decidido arrodillarse ante Tel Aviv, a cambio de migajas humanitarias y el reconocimiento de la comunidad judía local. La clase trabajadora venezolana y los movimientos populares de la región asisten, una vez más, al espectáculo de una élite que, arropada por el imperio, negocia la dignidad de un pueblo por el aplauso de los verdugos.

Por Equipo El Despertar

Caracas / Tel Aviv. La noticia fue confirmada este martes 11 de agosto por un comunicado conjunto de los gobiernos de Israel y Venezuela, en un acto que la cancillería israelí describió como la “renovación de las relaciones consulares” entre ambas naciones. El documento, difundido con la pompa de una victoria diplomática, señala que ambos países reconocen “la importancia de la relación entre el Estado de Israel y la comunidad judía residente en la República Bolivariana de Venezuela, que sirve como un importante puente de amistad histórica entre los dos países”.

El anuncio se produce después de que el gobierno de facto de Delcy Rodríguez —instalado tras el secuestro de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense el pasado 3 de enero— aceptara la ayuda humanitaria israelí tras el doble terremoto que dejó más de 6.000 muertos en junio pasado. Israel envió entonces una delegación de rescate que, como un caballo de Troya humanitario, abrió la puerta a un acercamiento que hoy culmina con el restablecimiento de lazos consulares.

El entierro de la revolución: de “gobierno genocida” a socio del sionismo

La ruptura de relaciones con Israel en enero de 2009 fue uno de los gestos más emblemáticos de la política exterior de Hugo Chávez. En aquel entonces, el líder bolivariano rompió los lazos diplomáticos “ante la gravedad de las atrocidades” cometidas por el ejército israelí en la Franja de Gaza. Fue una decisión que resonó en todo el mundo árabe y en los movimientos de solidaridad con Palestina. Bolivia, entonces gobernada por Evo Morales, secundó la medida.

Diecisiete años después, el nuevo régimen venezolano, que se autodenomina “gobierno de transición”, ha decidido revertir esa decisión histórica. El canciller Félix Plasencia, quien fue embajador de Venezuela en Washington antes del secuestro de Maduro, ha sido el artífice de este giro. En sus redes sociales, Plasencia justificó la solicitud israelí como un intento de “atender las necesidades de la comunidad judía en nuestro país”. La hipocresía es brutal: mientras el régimen de Delcy Rodríguez abre los brazos a Israel, los niños de Gaza siguen muriendo bajo las bombas que el Estado sionista recibe con el financiamiento incondicional de Estados Unidos.

La comunidad judía como coartada y el negocio de la “reconstrucción”

El rabino principal de la Asociación Israelita de Venezuela, Isaac Cohen, ha sido el puente humano de esta traición. Este domingo 10 de agosto, Cohen entregó formalmente una carta a la Cancillería venezolana en la que planteaba la necesidad de restablecer las relaciones diplomáticas y consulares entre ambos países. En su visita, el rabino fue recibido con honores por el canciller Plasencia, quien le agradeció “la asistencia brindada por Israel a su país, tras el doble terremoto”.

Pero la ayuda humanitaria israelí no es un gesto desinteresado. Como ha documentado la periodista israelí-venezolana Nicole Mischel Morely, la asistencia israelí tras la catástrofe fue el ariete que abrió la puerta al reencuentro diplomático. El rabino Yosef Garmon, director para América Latina de ZAKA, una asociación israelí de búsqueda de víctimas, declaró a El Mundo que “en otros países nos recibieron muy bien, pero no con este calor humano”. Ese “calor humano” no es más que la desesperación de un régimen ilegítimo que busca legitimidad a cualquier precio.

La hipocresía del “reconocimiento” y el silencio cómplice del imperio

El comunicado conjunto entre Israel y Venezuela se produce en un momento en que el Estado sionista enfrenta acusaciones de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia y continúa su ofensiva mortal sobre Gaza. El “reconocimiento” que Delcy Rodríguez otorga a Israel no es un gesto humanitario, sino un acto de sumisión al imperio que la instaló en el poder. Como ha señalado el portal Resumen Latinoamericano, el sionismo “ya se ha ido instalando superando otra línea roja”.

La clase trabajadora venezolana y los pueblos de América Latina no deben dejarse engañar. Este restablecimiento de relaciones consulares no es un acto de diplomacia, sino el entierro definitivo del legado antiimperialista de la Revolución Bolivariana. El mismo gobierno que hoy abraza a Israel es el que ha aceptado la injerencia estadounidense, ha entregado los recursos del país a las transnacionales y ha reprimido a los movimientos populares que se atreven a alzar la voz.

La función de clase del giro geopolítico

Desde una perspectiva marxista, el restablecimiento de relaciones entre Venezuela e Israel es la confirmación de que la “transición” impulsada por Washington no es un camino hacia la democracia, sino una restauración del dominio del capital. La élite que hoy gobierna Venezuela, bajo el paraguas de la “reconstrucción” y la “ayuda humanitaria”, está consumando la entrega de la soberanía nacional a los mismos intereses que han saqueado el país durante décadas.

Israel no es un socio comercial neutral: es el brazo militar del imperialismo en Medio Oriente, el mismo que entrena a las fuerzas represivas de América Latina y que ha sido históricamente cómplice de las dictaduras del continente. Abrazar a Israel es abrazar la lógica del capital, la guerra y la explotación. Es la renuncia a la solidaridad con los pueblos oprimidos, la traición a la causa palestina y el abandono de los principios que alguna vez hicieron de Venezuela una voz de resistencia en el concierto de las naciones.

Epílogo: el legado de Chávez bajo los escombros del terremoto

El restablecimiento de relaciones consulares entre Venezuela e Israel no es un hecho aislado. Es la culminación de un proceso de restauración neoliberal que comenzó con la captura de Maduro y que hoy se consuma con el abrazo al genocida. Delcy Rodríguez y su gabinete han decidido que el precio de la supervivencia política es la dignidad de un pueblo.

La clase trabajadora venezolana y los movimientos populares de América Latina no deben olvidar esta lección. El legado de Chávez no se negocia en los despachos de la Cancillería. La solidaridad con Palestina no se vende por migajas humanitarias. La historia juzgará a quienes, en nombre de la “reconstrucción”, han decidido reconstruir el viejo orden de dominación. Mientras los escombros del terremoto aún humean y los cadáveres de Gaza siguen bajo las bombas, el nuevo régimen venezolano ha elegido su bando. Y no está del lado de los de abajo.

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