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La tregua de papel y la guerra de clase: el genocidio en Gaza se reinventa como “operación quirúrgica” mientras el imperio mira hacia otro lado

Jul 29, 2026

Mientras la llamada “comunidad internacional” celebra un alto el fuego que nunca ha existido, los bombardeos israelíes sobre Gaza han matado a 73.335 palestinos desde octubre de 2023, de los cuales más de 1.200 han caído desde que se firmó la tregua. En las últimas 48 horas, al menos tres personas han muerto y veinte han resultado heridas en ataques con drones y artillería. Una mezquita ha sido reducida a escombros, los campos de desplazados han sido bombardeados y 60.737 niños han perdido a uno de sus padres. El genocidio no es un accidente del sistema; es el sistema mismo. Su función de clase no es otra que la de garantizar la dominación colonial y la rentabilidad del capital sionista.

Por Equipo El Despertar

La farsa del “alto el fuego”

El 10 de octubre de 2025, Israel y Hamás firmaron una tregua auspiciada por la administración Trump. El gobierno israelí, sin embargo, sigue “operando” en Gaza todos los días. Los ataques con drones y artillería no se han detenido. Los desplazados son bombardeados en sus propias tiendas de campaña. Las mezquitas son destruidas. Los niños palestinos continúan siendo asesinados como una “cuestión de rutina”.

La justificación de Israel para cada ataque es siempre la misma: “Hamás almacenaba armas en el lugar”. La mezquita Al-Muttaqin, en el norte de Gaza, fue bombardeada bajo esa acusación. La oficina de medios del gobierno de Hamás respondió que se trataba de una “excusa falsa”. No importa: el edificio quedó reducido a escombros y las tiendas de campaña de los desplazados fueron arrasadas.

“El poder del Estado no es más que el poder de la clase dominante organizado para la opresión de las clases oprimidas”, escribió Friedrich Engels. En el caso de Gaza, ese poder se ejerce mediante la fuerza aérea, la artillería y un bloqueo que ha convertido el enclave en la mayor prisión a cielo abierto del mundo.

La infancia como botín de guerra

El informe del Ministerio de Sanidad de Gaza, publicado este 29 de julio, es un testimonio de la barbarie del capital. 60.737 niños han perdido a uno de sus progenitores. 52.095 han perdido a su padre; 5.929, a su madre; 2.713 han quedado completamente huérfanos. La ofensiva israelí ha borrado del registro civil a 2.276 familias completas, compuestas por 8.858 personas.

“El capital es trabajo muerto que, como un vampiro, sólo vive chupando trabajo vivo”, escribió Karl Marx en El Capital. En Gaza, ese vampiro se alimenta de la sangre de los niños. No es una metáfora: es la realidad de un genocidio que la prensa occidental presenta como un “conflicto” entre dos partes en pie de igualdad.

La destrucción de la memoria: las mezquitas como objetivo

El Ministerio de Dotaciones y Asuntos Religiosos de Gaza informó el 2 de julio que los ataques israelíes han destruido por completo 1.050 mezquitas de las 1.275 que existían antes de la guerra. La mezquita Al-Muttaqin, bombardeada esta semana, se suma a esa lista. No es un daño colateral: es la destrucción sistemática de la memoria y la identidad de un pueblo.

“La religión es el suspiro de la criatura oprimida”, escribió Marx. En Gaza, el Estado sionista no solo oprime a los vivos, sino que borra los lugares donde los oprimidos encontraban consuelo. No hay espacio para el suspiro; solo para el silencio de los escombros.

La hipocresía del imperio

La administración Trump presentó la tregua de octubre como un “plan de paz” de veinte puntos. Hamás aceptó desarmarse y entregar el control administrativo de Gaza. El ejército israelí sigue bombardeando. El subjefe del Estado Mayor israelí, Tamir Yadai, lo ha dejado claro: “Al final, este lugar será desmilitarizado y no habrá Hamás”.

“El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la que ha cobrado forma la dominación de los monopolios y del capital financiero”, escribió Lenin. La guerra contra Gaza no es una guerra contra el terrorismo: es la guerra del capital contra un pueblo que se niega a ser desposeído. La tregua no es más que una pausa estratégica para que el ocupante pueda rearmarse. La paz de los sepulcros sigue siendo el único horizonte que el imperio ofrece a los palestinos.

La función de clase del genocidio

El genocidio en Gaza no es un exceso del Estado sionista; es su naturaleza. El colonialismo de asentamiento no es una anomalía del capitalismo; es su expresión más descarnada. La tierra, los recursos y el trabajo de los palestinos son expropiados para alimentar la acumulación del capital israelí. La violencia no es un medio; es el fin.

“La libertad solo para los partidarios del gobierno, solo para los miembros de un partido —por numeroso que sea— no es libertad”, escribió Rosa Luxemburgo. En Gaza, la libertad ha sido abolida. La tierra ha sido arrasada. Los niños han sido asesinados. Y el mundo observa.

La clase trabajadora del mundo debe entender que el genocidio en Gaza no es un conflicto lejano, sino una advertencia de lo que el capital es capaz de hacer cuando no encuentra resistencia. La solidaridad con Palestina no es una opción; es una necesidad estratégica para la lucha de clases a escala global.

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