Vie. Ago 14th, 2026

La generación sacrificada: el capitalismo chileno condena a los jóvenes al desempleo masivo mientras la ultraderecha celebra el saqueo fiscal

Ago 13, 2026
Foto La Izquierda Diario

Mientras el gobierno de José Antonio Kast festeja el regalo de 4.000 millones de dólares a las grandes empresas, la generación más joven de la clase trabajadora chilena es arrojada al abismo de la exclusión laboral. Las cifras del INE son lapidarias: el desempleo nacional alcanzó el 9,4% en el trimestre abril-junio de 2026, su nivel más alto en cinco años, con 981.000 personas buscando trabajo sin éxito. Pero el golpe más brutal lo reciben los jóvenes de 15 a 24 años, con una tasa de desocupación del 24,6%—más del doble de la media nacional—, y las mujeres jóvenes, que alcanzan un escalofriante 28,3%. Uno de cada cuatro jóvenes está sin trabajo, una generación entera condenada a la precariedad y la desesperanza mientras la derecha chilensis, que encontró tiempo y recursos para aprobar un blindaje tributario de 20 años para los grandes capitales, le dice a la juventud que el problema es su “falta de experiencia”. La clase trabajadora asiste a la confirmación de una verdad incómoda: el capitalismo chileno no necesita a sus jóvenes; los descarta, los excluye y los criminaliza, mientras los grupos económicos se embolsan el botín de la megareforma.


Por Equipo El Despertar

El desempleo como condena de clase: la juventud, el eslabón más débil de la cadena

Las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para el trimestre abril-junio de 2026 son un acta de defunción de la ficción del “gobierno de la eficiencia”. La tasa de desocupación nacional se mantuvo en un 9,4%, su nivel más alto en cinco años. La población desocupada alcanzó las 981.000 personas, de las cuales 879.000 están cesantes y 102.000 buscan trabajo por primera vez. La economía chilena solo ha creado 70.000 nuevos puestos laborales en 12 meses, mientras que 981.000 personas buscan empleo. La fuerza de trabajo crece a un mayor ritmo que la creación de puestos, y el desempleo lleva más de 40 meses consecutivos sobre el 8%.

Pero el verdadero drama ocurre en el segmento juvenil. La tasa de desocupación entre los jóvenes de 15 a 24 años alcanzó el 24,6% en el trimestre marzo-mayo de 2026—más del doble de la tasa de desempleo nacional. Uno de cada cuatro jóvenes está sin trabajo. Y entre las mujeres jóvenes, la cifra asciende al 28,3%. Es decir, casi una de cada tres mujeres entre 18 y 24 años no encuentra trabajo. La economista Carmen Cifuentes, investigadora de Clapes UC, explica que “el desempleo se ha disparado porque la fuerza de trabajo crece a un mayor ritmo que la creación de puestos laborales”. Pero esa explicación técnica no alcanza a capturar la dimensión de clase de esta crisis.

La lógica del capital: los jóvenes como carne de cañón de la precarización

El director del Observatorio del Contexto Económico de la UDP, Juan Bravo, fue lapidario: “Cuando una empresa tiene que hacer ajustes de personal, tiende a vincular a aquellos que les resulta más baratos y los jóvenes lo son”. El gerente general de SOS Group, Álvaro Vargas, añadió que las empresas, “al tener más postulantes y menos disponibilidad, lo que hacen es subir los requisitos de los trabajos, ahí comienzan a quedar fuera los jóvenes”. Es la ley del capital: cuando el mercado se contrae, los más débiles, los más baratos, los que pueden ser desechados con menor costo, son los primeros en ser expulsados.

La periodista de El País, en un artículo sobre la crisis, describe a una “generación de mujeres para la que el ingreso al mercado laboral se ha convertido en una puerta entreabierta”. La demanda de experiencia se convierte en un círculo vicioso: “Nos piden experiencia, pero no están dispuestos a darnos oportunidades”. El capital exige trabajadores formados, pero se niega a formarlos. Exige experiencia, pero se niega a darla. La juventud trabajadora queda atrapada en una trampa de la que el sistema no tiene intención de sacarla.

La paradoja del mercado: desempleo juvenil masivo y escasez de talento especializado

El mercado laboral chileno enfrenta una paradoja que revela la naturaleza perversa del capitalismo. Mientras el desempleo juvenil supera el 24%, sectores estratégicos como la tecnología y la minería reportan serias dificultades para encontrar personal capacitado. Chile se ha posicionado como un hub de inversión en data centers, captando proyectos de gigantes como AWS, Microsoft y Google por más de US$8.000 millones. Pero el sistema educativo, desfinanciado por décadas de políticas neoliberales, no forma a los trabajadores que el capital necesita. Y el capital, en lugar de invertir en formación, prefiere importar talento o esperar a que el mercado se regule solo.

El CEO de la consultora Grafton Latam, Javier Galaz, advierte que “el problema no es que la inteligencia artificial esté reemplazando a los jóvenes. Lo que estamos viendo es un mercado laboral que cambia mucho más rápido que la formación de talento disponible, lo que genera un descalce cada vez mayor”. Pero la pregunta que la clase trabajadora debe formularse es: ¿por qué el capital no invierte en formar a los trabajadores que necesita? La respuesta es simple: porque le resulta más rentable externalizar el costo de la formación al Estado y a las familias, mientras se beneficia de un ejército de reserva de jóvenes desempleados que mantiene los salarios a la baja.

La hipocresía de la “reactivación”: los jóvenes pagan el ajuste de los ricos

La paradoja de esta crisis alcanza niveles grotescos cuando se contrasta con las políticas del gobierno de Kast. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales desde el Estado hacia las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la educación pública, dice ahora preocuparse por el desempleo juvenil. El ministro del Trabajo, Tomás Rau, declaró que “tenemos que responder a esas familias, a esas 981 mil personas que buscan trabajo y no encuentran”. Pero su respuesta no es inversión en empleo público, ni formación profesional, ni fortalecimiento de la industria nacional. Su respuesta es la misma de siempre: flexibilización laboral, precarización de los derechos y ajuste fiscal.

La clase trabajadora joven no es víctima de un accidente económico; es el blanco de una estrategia de clase. El capitalismo chileno necesita un ejército de reserva de jóvenes desempleados para mantener los salarios a la baja y disciplinar a los trabajadores activos. La precarización de la juventud no es un efecto secundario del modelo; es su característica central. Mientras los jóvenes son arrojados al desempleo masivo, los grupos económicos se embolsan el botín de la megareforma y el gobierno de Kast celebra su “éxito legislativo”.

Epílogo: la generación sacrificada

El desempleo juvenil en Chile no es un fenómeno coyuntural; es la expresión de la lógica de clase que gobierna el capitalismo chileno. El 24,6% de desocupación entre los jóvenes de 15 a 24 años, el 28,3% entre las mujeres jóvenes, los 981.000 desocupados—todas estas cifras no son números fríos. Son vidas truncadas, proyectos frustrados, futuros cancelados. Son la generación que el capital ha decidido sacrificar en el altar de la acumulación.

La respuesta del gobierno de Kast no es más que la confirmación de que el Estado chileno está al servicio de los intereses del capital, no de las necesidades de la clase trabajadora. Mientras los jóvenes son arrojados al desempleo masivo, la derecha celebra el saqueo fiscal y la flexibilización laboral. La única salida no es esperar que el gobierno decida crear empleo, sino organizarse para construir un modelo económico que ponga las necesidades de las mayorías por encima de las ganancias de las minorías. La generación sacrificada no se rendirá. Se organizará. Y luchará por un futuro que el capital le ha negado.

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