El gobierno de José Antonio Kast convirtió este jueves el traslado de cientos de reos a la cárcel de Talca en un reality show de cuatro horas transmitido en vivo por YouTube, con el Presidente supervisando personalmente el operativo como si se tratara del director de una película de acción. La “Operación Cancerbero”, que movilizó a 191 internos de alta peligrosidad en una caravana escoltada, fue calificada por el propio mandatario como un “día histórico” y el inicio de un “cambio de mano importante”. Pero detrás del montaje mediático, la oposición y los exministros del gobierno anterior han denunciado un espectáculo “muy al estilo Bukele” que degrada a las personas privadas de libertad y busca desviar la atención de una agenda de seguridad que, en los hechos, no ha logrado contener la crisis carcelaria ni la violencia que azota al país. La clase trabajadora asiste, una vez más, al espectáculo de un gobierno que prefiere las cámaras antes que las soluciones, y que utiliza el sufrimiento de los de abajo como telón de fondo para su propia propaganda.
Por Equipo El Despertar
El reality show del poder: la Operación Cancerbero como montaje mediático
La madrugada de este jueves, mientras la mayoría de los chilenos aún dormía, Gendarmería, Carabineros y la PDI pusieron en marcha un operativo sin precedentes: el traslado de cientos de reos de alta peligrosidad desde la cárcel Santiago 1 hasta el Complejo Penitenciario La Laguna en Talca. Pero lo que debía ser una medida técnica se convirtió en un espectáculo mediático de cuatro horas transmitido en vivo por YouTube, con el Presidente José Antonio Kast supervisando personalmente la operación desde la sala de monitoreo de la Delegación Presidencial del Maule.
El operativo, bautizado como “Operación Cancerbero”, movilizó a 191 internos, entre ellos 37 integrantes de organizaciones criminales, incluyendo nueve líderes y 28 miembros de bandas. El gobierno promete que, al final del día, la cifra ascenderá a 687 presos y que, en los próximos días, superará el millar. La parafernalia fue total: columnas de vehículos de Gendarmería, patrullas de Carabineros, cortes de tránsito en la Ruta 5 Sur, y el Presidente en el centro de la escena, arengando a los funcionarios como si se tratara de un general en campaña.
El discurso de la “mano dura”: la propaganda como política de Estado
El Presidente Kast no escatimó en calificativos. Calificó la jornada como un “día histórico” y aseguró que “a partir de hoy comienza un cambio de mano importante”. En sus declaraciones, el mandatario vinculó el operativo con su Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), afirmando que “no vamos a alcanzar la seguridad plena si es que no logramos recuperar el poder del Estado dentro de las cárceles”.
Pero la pregunta que la clase trabajadora debe formularse es simple: ¿por qué la misma administración que encontró tiempo y recursos para montar un reality show carcelario no ha logrado resolver el hacinamiento que afecta a las cárceles chilenas? El propio Kast reconoció que “el nivel de hacinamiento hoy día sobrepasa todos los límites”. Pero en lugar de invertir en infraestructura penitenciaria, en programas de reinserción o en políticas de prevención, el gobierno ha optado por la ruta del espectáculo, utilizando el traslado de reos como una herramienta de propaganda política.
La voz de la oposición: “un espectáculo muy al estilo Bukele”
Las críticas no se hicieron esperar. Los exministros del gobierno de Gabriel Boric, Luis Cordero y Carolina Tohá, calificaron el operativo como “muy al estilo Bukele” y “un espectáculo”. Cordero fue categórico: “No es normal. Yo entiendo que forma parte de probablemente una estrategia de comunicación del Gobierno, no cabe ninguna duda, muy en el estilo Bukele”.
El exministro advirtió que “hay que tener mucho cuidado en general, porque usted está mostrando los traslados y cuando usted los hace públicos, también hay temas de seguridad”. Pero su crítica fue más profunda: “Más allá que son personas que hubieran cometido crímenes reprobables, atroces, que pueden repudiar la conciencia pública, lo que uno tiene que evitar es transformar el sistema penitenciario en una especie de degradación del sujeto”.
La advertencia de Cordero apunta al corazón del problema: la exhibición pública de los reos no es una medida de seguridad, sino una forma de degradación que convierte a las personas privadas de libertad en meros objetos de un espectáculo mediático. El gobierno, en su afán de mostrarse “duro” contra el crimen, está reproduciendo las mismas lógicas de deshumanización que dice combatir.
La función de clase del espectáculo carcelario
Desde una perspectiva marxista, la Operación Cancerbero no es una medida de seguridad, sino un dispositivo de legitimación del poder. El gobierno de Kast, que llegó al poder prometiendo “mano dura” y “orden”, necesita mostrar resultados ante una ciudadanía que ya no cree en sus promesas. La transmisión en vivo del traslado de reos no es una herramienta de transparencia, sino un intento de fabricar una imagen de autoridad que el gobierno no tiene en los hechos.
La clase trabajadora debe entender que el espectáculo carcelario cumple tres funciones fundamentales: primero, desvía la atención de la crisis económica y social que el gobierno no ha logrado resolver; segundo, legitima la militarización de la seguridad pública y la criminalización de los sectores populares; y tercero, profundiza la deshumanización de las personas privadas de libertad, presentándolas como enemigos a los que hay que aislar y exhibir, en lugar de como sujetos de derechos que el Estado tiene la obligación de reinserir.
Epílogo: el circo de los patrones
El traslado de reos a la cárcel de Talca no es el inicio de un “cambio de mano”, como proclamó Kast. Es la continuación de la misma lógica de clase que ha guiado al gobierno desde su llegada a La Moneda: una lógica que utiliza el miedo y el espectáculo para disciplinar a los de abajo, mientras los grupos económicos se embolsan el botín de la megareforma.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el montaje mediático. La Operación Cancerbero no es una respuesta a la inseguridad, sino un intento de fabricar una imagen de autoridad que el gobierno no tiene. Mientras el Presidente posa frente a las cámaras y los ministros celebran el “día histórico”, las cárceles siguen hacinadas, la violencia sigue golpeando los barrios populares y los trabajadores siguen esperando soluciones que no llegan. El circo de los patrones ha comenzado. Pero la clase trabajadora no es el público de este espectáculo; es su víctima.
