La diputada Gael Yeomans se impuso este domingo en las elecciones internas del Frente Amplio con el 54,7% de los votos, derrotando a la lista asociada al expresidente Gabriel Boric y a la actual timonel Constanza Martínez. La prensa hegemónica ya habla de un “batacazo” y de un “giro a la izquierda” de la colectividad fundada por el exmandatario. Pero la realidad es mucho más prosaica: Yeomans obtuvo apenas 5.667 votos de un padrón de más de 55 mil militantes, una participación del 18,5% que evidencia el desinterés de las bases por una disputa que, en el fondo, no cambia nada. Mientras la derecha de Kast celebra sus megareformas y el desmantelamiento del Estado social, el Frente Amplio se debate en una pelea de sillones que la clase trabajadora observa con la misma indiferencia con la que ve a los equipos de fútbol cambiar de entrenador. La única novedad es que Yeomans, lejos de representar un viraje programático, plantea lo mismo que sus antecesores: “construir una alternativa al gobierno de Kast”, sin mencionar que esa “alternativa” sigue siendo la misma receta de conciliación de clases que ha llevado a la izquierda institucional a su peor crisis de representación en décadas.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. El domingo 16 de agosto, el Frente Amplio celebró sus elecciones internas para elegir nueva directiva. La lista “Unidad para Avanzar: Defendamos Chile con Firmeza”, encabezada por la diputada Gael Yeomans, obtuvo 5.667 votos, equivalentes al 54,71% de los sufragios, derrotando a la lista “Frente Amplio para Chile” de la actual timonel Constanza Martínez, que alcanzó 4.353 votos (42,03%). El expresidente Gabriel Boric, cuyo sector apoyaba a Martínez, felicitó a Yeomans y se comprometió a “contar conmigo durante estos tiempos intensos”.
La prensa hegemónica ha calificado el resultado como un “batacazo” y un “giro a la izquierda” dentro del Frente Amplio. La diputada Yeomans, que encabezaba la lista contraria a la apoyada por el exmandatario, promete ahora “construir una alternativa frente al gobierno de José Antonio Kast” y “darle esperanza a las familias de Chile”. Pero la letra chica de las cifras revela una verdad incómoda: de los más de 55 mil militantes habilitados para votar, solo participaron 10.358 personas, una asistencia del 18,5%. El partido que alguna vez movilizó multitudes en las calles apenas logra convocar a uno de cada cinco de sus propios adherentes.
El “giro a la izquierda” que no es tal
El triunfo de Yeomans no es un viraje programático, sino una reconfiguración de las cúpulas. La diputada, que ha sido una voz crítica de la gestión de Boric, no propone una ruptura con el modelo neoliberal ni una alianza con los movimientos populares. Sus prioridades, delineadas tras el triunfo, son las mismas de siempre: “articular una agenda común con la oposición” y “levantar propuestas propias”. En sus declaraciones, Yeomans critica la “agenda demoledora” de Kast, pero su propuesta se limita a defender los derechos sociales dentro del marco capitalista: “no queremos tener menos derecho en salud, en educación o en seguridad”. Nada sobre la propiedad de los medios de producción, nada sobre la redistribución de la riqueza, nada sobre el fin del saqueo de los recursos naturales.
El supuesto “giro a la izquierda” del Frente Amplio es, en realidad, un gesto de autopreservación de una clase política que ve cómo su base electoral se desvanece. La baja participación en las internas no es un accidente: es el reflejo del desencanto de una militancia que ha visto cómo el partido que prometió “cambiar la política para siempre” terminó siendo un engranaje más del sistema, administrando el Estado con la misma lógica de sus antecesores. La clase trabajadora no ve en Yeomans una alternativa, sino una nueva cara de la misma moneda.
La función de clase de la disputa interna
Desde una perspectiva marxista, la elección interna del Frente Amplio no es un momento de definición ideológica, sino un síntoma de la crisis de representación de la izquierda institucional. Mientras los partidos burgueses se disputan el control de las instituciones, la clase trabajadora sigue esperando que sus necesidades sean prioridad. La discusión sobre quién lidera el Frente Amplio es irrelevante para los trabajadores que ven cómo sus salarios se estancan, sus pensiones se esfuman y sus derechos laborales se precarizan.
El “giro a la izquierda” que la prensa hegemónica atribuye a Yeomans no es más que una operación de maquillaje para ocultar que el Frente Amplio, como todas las fuerzas de la centroizquierda, ha claudicado ante el capital. La diputada puede criticar a Kast, pero su propuesta no ataca las causas estructurales de la desigualdad. Su “alternativa” no es una alternativa de clase, sino una variante del mismo modelo que ha empobrecido a las mayorías durante décadas.
La hipocresía de la “unidad de la oposición”
Yeomans ha planteado la necesidad de “articular a toda la oposición para frenar los retrocesos del Gobierno de Kast”. Pero la “unidad” que propone no es una unidad de los de abajo, sino una alianza de las élites políticas para disputar el control del Estado. El llamado a “construir una alternativa” no es más que un intento de la izquierda institucional de recuperar el terreno perdido, sin cuestionar el modelo que ha generado la crisis.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar. La disputa entre Yeomans y Martínez no es una lucha entre dos proyectos políticos antagónicos, sino una competencia por el control de un partido que ha perdido su capacidad de interpelar a las mayorías. El verdadero giro a la izquierda no vendrá de las cúpulas de un partido que se desangra en la abstención, sino de la organización de los de abajo, de la construcción de un movimiento que no se limite a administrar el descontento, sino que lo transforme en poder popular.
Epílogo: el partido que se desangra en la abstención
El triunfo de Gael Yeomans en las elecciones internas del Frente Amplio no es el inicio de una nueva era, sino el epitafio de una ilusión. El partido que alguna vez encarnó la esperanza de una generación hoy apenas logra convocar al 18,5% de sus propios militantes. Mientras la derecha de Kast consolida su proyecto de saqueo, el Frente Amplio se debate en una pelea de sillones que la clase trabajadora observa con la indiferencia de quien sabe que, gane quien gane, las cosas no cambiarán.
La verdadera lucha no se juega en las internas de un partido que ha claudicado ante el capital, sino en las calles, en las fábricas, en los barrios populares, donde la clase trabajadora se organiza para resistir. Yeomans puede ser la nueva presidenta del Frente Amplio, pero su triunfo no cambiará el hecho de que la izquierda institucional sigue siendo una fuerza marginal, incapaz de ofrecer una alternativa real al modelo de muerte del capital. Mientras el partido se desangra en la abstención, los de abajo siguen esperando que alguien los represente.
