Mar. Sep 22nd, 2026

La paz armada del capital: el belicismo imperial de Trump en la ONU expone la amenaza existencial del hegemonismo estadounidense

Sep 22, 2026

Disfrazada bajo la retórica de la «fortaleza pacificadora», la alocución del mandatario norteamericano en Nueva York articula la doctrina de la coerción absoluta para resguardar la hegemonía financiera y militar de Washington en pleno declive sistémico.

Por Equipo El despertar

El discurso pronunciado por Donald Trump ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas no constituye un exabrupto individual ni una simple puesta en escena del nacionalismo populista norteamericano. Lejos de la narrativa hegemónica que reduce la intervención a un ejercicio de «pacificación pragmática» o liderazgo «disruptivo», la retórica del mandatario —articulada sobre abiertas amenazas de «aniquilación» contra soberanías disidentes como la República Islámica de Irán, el desacato explícito a la Corte Penal Internacional y la expansión militar en enclaves como Groenlandia— desnuda la fase de máxima agresividad del imperialismo contemporáneo. La pretensión de arrogarse la resolución de conflictos globales mediante el chantaje militar evidencia que la paz, bajo el marco burgués, es únicamente la imposición coercitiva del capital sobre los pueblos golpeados por el despojo.

El intento de legitimar el dominio global mediante la proclama de que «mientras otros hablaban de paz, yo he hecho la paz» revela el encubrimiento ideológico con el que el bloque dominante disimula la guerra económica y la anexión de recursos. En El imperialismo, fase superior del capitalismo, Vladimir Lenin advirtió que «los alardes de pacifismo y las alianzas entre potencias no son más que treguas entre guerras, fórmulas para consolidar la repartición del mundo sobre la base de la fuerza militar y financiera». Al exigir que la comunidad internacional convalide la imposición unilateral de bases, sanciones y vetos, el imperialismo estadounidense no busca contener la violencia geopolítica, sino monopolizar la violencia de Estado para blindar sus tasas de ganancia y contener el ascenso de polos rivales.

Esta política de pacificación por desposesión pone en riesgo inminente a la humanidad al socavar las bases mínimas del derecho internacional y del multilateralismo en beneficio del complejo militar-industrial. Karl Marx subrayaba en El Capital que «el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies», una máxima que cobra trágica vigencia ante la normalización de ultimátums bélicos dictados desde el foro multilateral más importante del planeta. La descalificación de organismos de justicia y el despliegue de la «fuerza desmedida» responden a la incapacidad del capital financiero para resolver sus contradicciones internas sin recurrir a la destrucción de fuerzas productivas, la militarización de las fronteras y la subordinación colonial de la periferia global.

La auténtica preservación de la paz y la supervivencia humana no vendrán del arbitraje ni de los pactos asimétricos dictados por el imperio norteamericano en la tribuna de la ONU. Como ha demostrado históricamente el movimiento obrero, la neutralización de la amenaza bélica exige desmantelar las bases económicas del militarismo. La superación del peligro fascista e imperialista requiere consolidar un frente internacionalista de la clase trabajadora y de los pueblos oprimidos que contraponga a la dictadura del capital de las potencias centrales la soberanía efectiva, el desarme imperial y la solidaridad socialista de las naciones.

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