Tras consumarse la derrota electoral frente a las masas trabajadoras, el heredero del clan de extrema derecha huye de la justicia de su país hacia Florida con el aval de la administración Trump, demostrando que la democracia burguesa funciona como retaguardia de los administradores del capital.
Por Equipo El Despertar
La fuga hacia Estados Unidos del candidato derrotado y senador Flávio Bolsonaro —perpetrada a menos de 48 horas de que las masas populares ratificaran la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje— constituye una lección magistral de la verdadera naturaleza del Estado y las alianzas internacionales del capital. Desmintiendo las coberturas de la prensa corporativa que pretenden catalogar este desenlace como un “drama personal de exilio” o un “gesto de autodefensa frente a la persecución judicial”, la marcha clandestina del clan rumbo al estado de Florida, coordinada con la inmediata oferta de visado y asilo político expedida por el Departamento de Estado bajo la administración de Donald Trump, expone el funcionamiento sin tapujos de la red imperialista de protección a la extrema derecha regional.
La huida, efectuada en abierta violación a las restricciones cautelares y a la orden de la Corte Suprema de Brasil que exigía la entrega inmediata de sus pasaportes en el marco de investigaciones por corrupción y lavado de dinero, desarticula la retórica de “respeto a las instituciones” y “patriotismo” con la que la reacción engatusa a sectores de la sociedad. El mismo bloque político que promovió la militarización de las calles, la quita de derechos laborales y la profundización del despojo social, recurre al amparo del gran capital transnacional en Washington en el instante preciso en que la justicia del Estado burgués amaga con rozar su impunidad.
Frente a la pronta concesión de inmunidad territorial otorgada por la Casa Blanca, la burguesía comprador de la región y la diplomacia liberal apelan a llamados al “diálogo multilateral” para gestionar las fricciones entre Brasilia y Washington. Sin embargo, sectores del sindicalismo combativo y las organizaciones populares de la región han caracterizado el hecho sin ambigüedades: “La fuga de Flávio Bolsonaro bajo el manto protector de Donald Trump demuestra lo que las y los trabajadores siempre supimos: los defensores del libre mercado no tienen patria más que sus intereses de clase. Cuando el pueblo los derrota en las urnas y exige cuentas, corren a refugiarse al centro del imperio que financió sus campañas de odio. Washington confirma una vez más su rol histórico como centro de operaciones y guarida de la reacción continental”.
Desde la perspectiva del materialismo histórico, el traslado de la conducción del bolsonarismo a suelo estadounidense no representa un incidente aislado, sino la reconfiguración de la extrema derecha regional desde su metrópoli protectora para seguir desestabilizando a los gobiernos que no se pliegan enteramente a su programa. La lección para la clase trabajadora brasileña y latinoamericana es contundente: no se puede confiar la derrota definitiva del fascismo a los ritmos de los tribunales institucionales ni a los formalismos del derecho internacional. La neutralización efectiva de la reacción imperialista exige fortalecer la independencia de clase, la vigilancia revolucionaria y la autoorganización de las masas en las calles para impedir que el saqueo de los pueblos siga siendo planificado impunemente desde las oficinas del capital global.
