En un giro que la prensa hegemónica califica como “histórico e inédito”, el gobierno de José Antonio Kast autorizó a Codelco a capitalizar el 100% de las utilidades de 2025, equivalentes a US$2.423 millones, renunciando al aporte que históricamente la minera estatal realizaba al Fisco. El biministro de Economía, Daniel Mas, justificó la medida como una decisión “fiscal, patrimonial y política” para evitar que la empresa se siga endeudando. Pero mientras el discurso oficial habla de “fortalecer” la principal empresa del país, la clase trabajadora ve cómo el Estado renuncia a recursos que podrían financiar salud, educación y vivienda, en un contexto de recortes y ajuste fiscal que ya ha golpeado a los sectores más vulnerables. La paradoja de una administración que promete “mano dura” y “orden fiscal” pero que, ante la crisis de su joya corporativa, no duda en inyectarle miles de millones de dólares, mientras los trabajadores siguen esperando que sus salarios alcancen para llegar a fin de mes.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. En el marco del Día del Minero, el Presidente José Antonio Kast, junto al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y el biministro de Economía, Daniel Mas, anunció desde la División Andina de Codelco una decisión sin precedentes en más de 50 años de historia de la cuprífera: el Estado autorizó a la empresa a capitalizar el 100% de las utilidades generadas durante el ejercicio 2025. Los US$2.423 millones que, históricamente, habrían engrosado las arcas fiscales, permanecerán íntegramente en la compañía.
El biministro Mas calificó el anuncio como un “hito histórico e inédito”, destacando que se trata de una decisión “fiscal, patrimonial y política” que busca “dar capacidad patrimonial real” a Codelco. El objetivo declarado es resguardar la clasificación de riesgo de la minera, mantener su liquidez y, fundamentalmente, evitar que la respuesta a los grandes desafíos productivos sea “seguir incrementando la deuda”.
El argumento de la deuda: una confesión de clase
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, fue el encargado de poner el diagnóstico sobre la mesa: “Las cosas tienen un límite, y en los últimos años la verdad es que el dinero que ha terminado pasando Codelco al fisco, es dinero que Codelco se ha ido endeudando”. Con esta declaración, el gobierno admite que el modelo de extracción de riqueza que ha caracterizado la relación del Estado con su principal empresa ha llegado a su límite. Durante décadas, Codelco ha sido tratada como una vaca lechera, obligada a transferir sus utilidades al Fisco mientras se endeudaba para financiar sus inversiones.
Pero la contradicción de clase es brutal. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma tributaria que regala más de 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, ahora dice necesitar dejar 2.400 millones de dólares en Codelco para “fortalecerla”. El gobierno que prometió “orden fiscal” y “mano dura” con el gasto público, no duda en inyectar recursos a su joya corporativa mientras los trabajadores siguen esperando empleo digno y salarios justos.
La decisión también revela la verdadera naturaleza de la relación del gobierno de derecha con el capital. Mientras los grupos económicos celebran las rebajas tributarias, el Estado renuncia a los recursos que legítimamente le corresponden como dueño de Codelco, para que la empresa pueda “recuperar su capacidad productiva” sin tener que recurrir al endeudamiento. La lógica es simple: el capital no debe asumir el costo de su propia crisis; debe ser el Estado quien lo financie.
Las cifras del saqueo: el litio como espectro y la deuda como condena
La utilidad de US$2.423 millones reportada por Codelco para 2025 está explicada en cerca de un 84% por un efecto contable no monetario derivado de la adquisición de Novandino Litio, la sociedad conjunta con SQM. Es decir, la mayor parte de la “utilidad” que el gobierno se jacta de dejar en la empresa no es dinero líquido, sino un artificio contable vinculado a la entrega del litio, el otro gran recurso estratégico del país, a una sociedad con una transnacional.
La medida, presentada como un acto de “respaldo” al plan de recuperación de Codelco, no es más que la constatación de que la empresa estatal está al borde del colapso financiero. Como admitió el biministro Mas, el objetivo es “evitar que la respuesta a los grandes desafíos productivos sea seguir incrementando la deuda de la empresa”. Pero la pregunta que la clase trabajadora debe formularse es simple: si Codelco necesita una inyección de 2.400 millones de dólares para no quebrar, ¿por qué el Estado no ha hecho lo mismo con la salud, la educación y la vivienda, que también están al borde del colapso?
La hipocresía de la “mano dura” fiscal
La capitalización del 100% de las utilidades de Codelco es la confesión de que la “mano dura” fiscal que el gobierno de Kast pregona solo se aplica a los sectores populares. La misma administración que recortó más de 413 mil millones de pesos del presupuesto de salud, que desfinanció la gratuidad universitaria y que recortó los subsidios habitacionales, ahora encuentra 2.400 millones de dólares para su empresa estrella.
El ministro Quiroz afirmó que “por primera vez en la historia vamos a dejar en Codelco el 100% de las utilidades”. Pero lo que el gobierno calla es que “por primera vez en la historia” también hemos visto un recorte tan brutal a los derechos sociales, una entrega tan descarada a los grupos económicos y una deuda pública tan alta. La capitalización de Codelco no es un gesto de “responsabilidad fiscal”, sino un acto de priorización de clase.
Epílogo: el cobre de los de arriba y el hambre de los de abajo
La decisión del gobierno de Kast de capitalizar el 100% de las utilidades de Codelco no es un acto aislado. Es la continuación de la lógica de clase que ha guiado a la derecha chilena desde el retorno a la democracia: el Estado como instrumento de acumulación del capital, los recursos naturales como botín de los grupos económicos, y los trabajadores como meros espectadores del saqueo.
Mientras Codelco recibe una inyección de 2.400 millones de dólares para “recuperar su capacidad productiva”, los trabajadores de la salud siguen esperando el pago de sus deudas, los estudiantes ven cómo se recorta la gratuidad y las familias de los barrios populares no tienen acceso a una vivienda digna. El cobre de los de arriba sigue siendo el hambre de los de abajo. Y mientras el gobierno celebra sus “hitos históricos”, la clase trabajadora sigue esperando que sus necesidades sean prioridad.
