La aprobación de la Ley Naín‑Retamal 2.0 ha reavivado la fractura más profunda de la izquierda chilena. Mientras el Partido Socialista y el PPD han respaldado con sus votos la ampliación de la legítima defensa privilegiada a policías y militares en servicio pasivo, el Frente Amplio y el Partido Comunista se han negado a otorgar un cheque en blanco a la agenda represiva del gobierno de José Antonio Kast. La votación del martes en la Cámara de Diputados —114 a favor, 26 en contra y dos abstenciones— no fue un triunfo del oficialismo, sino la constatación de que el Socialismo Democrático está dispuesto a sacrificar los principios que dicen defender en el altar de la “gobernabilidad”, mientras los sectores más consecuentes de la oposición son marginados de las decisiones que marcarán el rumbo de la seguridad en el país.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La agenda de seguridad presentada por el Presidente José Antonio Kast, bautizada como Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), ha tenido un efecto inmediato en la oposición: ha reavivado la división entre el Socialismo Democrático y el eje Frente Amplio‑Partido Comunista que ya había caracterizado al gobierno de Gabriel Boric. Mientras el PS y el PPD se han mostrado dispuestos a tramitar el paquete, el FA y el PC han cuestionado su contenido y han exigido incorporar medidas como el levantamiento del secreto bancario para perseguir el patrimonio de las organizaciones criminales.
El primer gran test de esta fractura fue la votación de la Ley Naín‑Retamal 2.0, que amplía la legítima defensa privilegiada a funcionarios policiales y militares que actúen estando de franco. El proyecto fue aprobado con 114 votos a favor, 26 en contra y dos abstenciones. Entre quienes respaldaron la iniciativa estuvieron los diputados socialistas Raúl Leiva y el PPD Carlos Cuadrado, mientras que ocho diputados del PS votaron en contra, coincidiendo con el rechazo del PC y el FA. La división ya se había insinuado en la Comisión de Seguridad, donde Leiva y el independiente de la bancada PPD Jaime Araya votaron a favor, mientras Tatiana Urrutia (FA) y Bernardo Salinas (ind.‑PC) rechazaron la iniciativa.
El argumento de la “gobernabilidad”: la justificación de clase del voto socialista
El respaldo socialista a la Naín‑Retamal 2.0 no ha sido silencioso. El diputado Cuadrado explicitó el giro durante el debate: “Voy a votar a favor de este proyecto y quiero hacerlo desde la izquierda, pero desde una izquierda que no tiene complejos para hablar de seguridad” . El argumento es una confesión de clase: la izquierda debe abandonar sus “complejos” y alinearse con la agenda represiva que la derecha ha diseñado para disciplinar a los sectores populares.
El diputado Leiva, que también respaldó la propuesta, advirtió que el proyecto debe “perfeccionarse y delimitar con mayor precisión su ámbito de aplicación” . Pero su voto es un cheque en blanco a una iniciativa que, en los hechos, blinda a los agentes del Estado y facilita la impunidad. Como ha señalado el análisis de La Tercera, en la izquierda se ha vuelto a instalar el conflicto político que los acechó durante el gobierno de Boric: mientras el PS y el PPD han apostado por respaldar las iniciativas del gobierno en materia de seguridad, el PC y el FA han decidido rechazar de plano todas las ideas que plantee La Moneda.
La posición de la coherencia: el PC y el FA como dique de contención
El Partido Comunista y el Frente Amplio han sido consistentes en su rechazo a la agenda de seguridad de Kast. La diputada Tatiana Urrutia (FA) echó de menos medidas sobre control de armas, puertos, corrupción y persecución financiera. El diputado comunista Bernardo Salinas calificó el anuncio como un conjunto de “acciones y programas inconexos” y exigió incorporar el levantamiento del secreto bancario. La posición de estos partidos no es un capricho ideológico, sino la constatación de que la “mano dura” que pregona el gobierno no es una respuesta a la inseguridad, sino un dispositivo de control social.
La coherencia del PC y el FA contrasta con la actitud de un PS que, como señala el análisis de Ex-Ante, se ha mostrado abierto a los acuerdos en torno a iniciativas concretas, mientras el eje FA-PC marca un fuerte rol opositor. Es la vieja historia de la socialdemocracia chilena: dispuesta a sacrificar sus principios en el altar de la “gobernabilidad”, mientras los sectores más consecuentes de la izquierda son marginados de las decisiones que marcarán el rumbo del país.
La doble moral del Socialismo Democrático
La hipocresía del Socialismo Democrático alcanza niveles grotescos cuando se contrasta su voto a favor de la Naín‑Retamal 2.0 con su discurso sobre derechos humanos y justicia social. La misma izquierda que se rasgó las vestiduras por la absolución de Claudio Crespo —el excarabinero que dejó ciego a Gustavo Gatica— ahora vota a favor de una ley que amplía la legítima defensa privilegiada a policías fuera de servicio. El giro no es casual. Es la expresión de una lógica de clase que prioriza la “gobernabilidad” y el “orden” por sobre la coherencia política y la defensa de los derechos humanos.
El respaldo socialista a la agenda de seguridad de Kast no es un gesto de buena voluntad, sino una concesión al poder. Como ha señalado el análisis de El Mostrador, el PS y el PPD se abrieron a tramitar la agenda de seguridad, mientras el FA y el PC cuestionaron su contenido . La Moneda ha sabido leer esta división y ha apostado a ella para conseguir los votos que necesita su reforma constitucional.
La función de clase de la división
Desde una perspectiva marxista, la división en la izquierda chilena no es un accidente ni un conflicto de personalidades. Es la expresión de la lucha de clases en el seno del bloque de la oposición. El autodenominado Socialismo Democrático, que representa los intereses de una fracción de la burguesía que busca gestionar el orden sin romper con el sistema, está dispuesto a sacrificar los principios de la izquierda en el altar de la “gobernabilidad”. El PC y el FA, en cambio, representan la posición de una izquierda que, aunque con contradicciones y limitaciones, se niega a otorgar un cheque en blanco a la agenda represiva del gobierno de Kast.
La votación de la Naín‑Retamal 2.0 no es un triunfo del oficialismo, sino una derrota de la izquierda consecuente. El PS y el PPD han demostrado que están dispuestos a aliarse con la derecha en materia de seguridad, replicando el mismo patrón que ya caracterizó al gobierno de Boric. La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el discurso de la “izquierda que no tiene complejos”. La verdadera izquierda no tiene complejos para hablar de seguridad, pero tampoco tiene complejos para decir no a una agenda que blinda al aparato represivo y criminaliza a los sectores populares.
Epílogo: la fractura que se profundiza
La aprobación de la Naín‑Retamal 2.0 es un hito en la profundización de la fractura en la izquierda chilena. Mientras el PS y el PPD celebran su “pragmatismo” y su “capacidad de diálogo”, el PC y el FA se preparan para una oposición más dura y consecuente. La clase trabajadora debe entender que esta división no es un capricho de la política, sino la expresión de una contradicción de clase que atraviesa todo el espectro político.
El Socialismo Democrático ha elegido su bando. Ha elegido el bando del orden, de la gobernabilidad, de la mano dura. Ha elegido el bando de los que creen que la seguridad se construye con más cárceles y más impunidad para los agentes del Estado. La clase trabajadora no debe olvidar quiénes fueron los que, con sus votos, allanaron el camino para la Naín‑Retamal 2.0. La memoria es la única garantía de que la historia no se repita.
