Vie. Ago 21st, 2026

Habitar el cargo: La incomodidad de la crítica y el vaciamiento del ideario de izquierda: un balance crítico frente a la reivindicación tardía del Presidente Gabriel Boric y la claudicación del proyecto de transformación

Ago 21, 2026
Foto El Siglo

Qué difícil se hace expresar de manera pública una crítica abierta y descarnada a Gabriel Boric y a todo aquel núcleo cercano que compuso el corazón de su administración. La dificultad no radica en la falta de antecedentes, sino en la tensión consciente de saber que esta fiscalización necesaria suele ser instrumentalizada por la derecha para afianzar su propio relato. Sin embargo, cuando la retórica de salida pretende reescribir la historia y convertir la claudicación en una supuesta ‘responsabilidad de Estado’, el silencio de la izquierda se vuelve una complicidad inaceptable.

Por: Fernando Monsalve A.

I. La paradoja de la crítica descarnada y el fantasma de la derecha

Existe un estigma constante sobre el análisis crítico ejercido desde las filas del propio progresismo. Muchos sostienen que explicitar las falencias, los desaciertos y la claudicación de la gestión gubernamental de estos cuatro años no hace más que potenciar a la entonces oposición y hoy oficialismo de derecha. Pero esa dificultad analítica debe superarse cuando se comprende que la crítica no solo es legítima, sino indispensable. Se vuelve un deber ético y político cuando los mismos actores, con Gabriel Boric a la cabeza, aprovechan el acceso a los medios masivos de comunicación que tanto criticaron para intentar cambiar la historia y deformar sus propias actuaciones.

Recientemente, el mandatario ha pretendido reivindicar su postura señalando que «el fanatismo por la moderación no lleva a ninguna parte» [1]. Esta declaración resulta amarga e incongruente ante los ojos de quien examina el balance de su mandato. ¿Con qué legitimidad se condena el ‘fanatismo por la moderación’ cuando la seña distributiva y estructural de su gobierno fue, precisamente, la subordinación metódica al marco establecido y la renuncia sistemática a las transformaciones prometidas?

«El centro político no es un lugar de sabiduría, es a menudo un lugar de cobardía donde se busca agradar a todos sin transformar nada. La moderación convertida en dogma es el fin de la política emancipadora.»
— Slavoj Žižek, En defensa de las causas perdidas [2]

II. El amparar el modelo: Salvataje a las Isapres, consolidación de las AFP y desarticulación pública

Es imposible desconocer u olvidar cómo se administró el poder durante este periodo. Cuando el Poder Judicial asestó un golpe certero a la línea de flotación del negocio de las Isapres, constatando décadas de cobros ilegales y abusos sistemáticos contra los usuarios, no fue la derecha la que salió a rescatar al mercado de la salud privada: fue el propio Ejecutivo de Gabriel Boric el que legisló y articuló los mecanismos para salvaguardar al sistema privado, perjudicando la oportunidad histórica de transitar hacia un modelo público verdaderamente solidario. A las Isapres se las salvó en contra del interés general, consolidando la mercantilización de los derechos sociales.

De igual forma ocurrió con el sistema previsional. Aquella estructura de capitalización individual diseñada por José Piñera, criticada durante décadas por la izquierda y combatida en las calles por millones de trabajadores, terminó siendo ratificada y sustentada en sus cimientos bajo el argumento pragmático de la ‘gobernabilidad’ y el discurso vociferante y amenazador de que se busca mejorar las condiciones materiales de quienes mas lo necesitan, ergo quien se opone es un insensible y anti pueblo. Se sacrificó la promesa de un sistema integral de seguridad social para legitimar el pilar privado de las AFP.

A esto se suma una gestión fiscal con las empresas públicas que estranguló sus capacidades de desarrollo. Mediante el retiro sistemático de utilidades en empresas estratégicas como ENAP y Codelco, el Estado no dejó margen alguno para que estas entidades resolvieran sus endeudamientos, proyectaran inversiones de futuro o demostrasen la eficiencia y potencia de la gestión pública frente al mito del privado. Se mansilló la empresa pública para cumplir con una ortodoxia fiscalista que dejó desarmado al sector estatal.

III. Impunidad policial, nepotismo y el espejismo de ‘habitar el cargo’

En materia de justicia y orden público, la claudicación fue rotunda. El gobierno favoreció la impunidad del aparato policial; el doloroso desenlace procesal del caso de Gustavo Gatica se sostiene precisamente sobre una arquitectura legal e institucional de respaldo ciego a las fuerzas de seguridad, impulsada vigorosamente desde el Ministerio del Interior encabezado por Carolina Tohá. Fue la autoridad gubernamental la que emplazó reiteradamente a legisladores y dirigentes de su propia coalición cuando estos se negaban a votar proyectos de impunidad represiva, catalogando a la izquierda consecuente de ‘irresponsable’.

Asimismo, la retórica sobre la ‘nueva política’ se desmoronó ante prácticas de amiguismo y nepotismo en la distribución del poder: nombramientos en embajadas, asesorías directas y cargos de responsabilidad pública entregados a un núcleo cercano de asados y lealtades personales, sin capacidades técnicas ni convicción política. La designación de figuras sin apego ideológico ni sensibilidad transformadora, como Luis Cordero en Justicia o autoridades en seguridad pública, evidenció que el criterio de selección priorizó la complacencia institucional por sobre la transformación social. Igualmente gráfica fue la nominación de Dorothy Pérez en la Contraloría General o la consolidación del sesgo conservador en las ternas del Poder Judicial, actuando con el mismo libreto que caracterizó las gestiones de Hernán Larraín.

El concepto de ‘habitar el cargo’ fue repetido como una fórmula casi mística. Se pretendió instalar la idea de que sentarse en el sillón presidencial exigía moderarse hasta la inacción, abandonar las banderas de lucha y confundir el respeto republicano con la capitulación ideológica. Como si administrar el Estado consistiera en replegarse a leer libros en los salones de La Moneda mientras se dejan intactos los engranajes de la desigualdad.

«El poder no se habita para contemplar la maquinaria del Estado; se ejerce para transformarla. Cuando la izquierda pide permiso a las clases dominantes para gobernar, termina siendo gobernada por ellas.»
— Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel [3]

IV. Balance político: El daño a la izquierda y la necesidad de proyectos con convicción

Cuando el exmandatario y su núcleo cercano pretenden levantar discursos de pureza ideológica tras haber sido los principales sostenedores de la continuidad del modelo, el análisis debe formularse dos preguntas cardinales: En primer lugar, ¿cuánto daño le hace a las fuerzas progresistas que proyectos que alcanzaron el gobierno a nombre de la transformación terminen actuando igual o peor que las administraciones de derecha? En segundo lugar, ¿cómo se reconstruye la fe pública de un pueblo frustrado que observa que la ‘moderación’ no fue más que el pretexto para no cumplir el programa?

Es la hora de que la izquierda recobre la claridad sobre sus horizontes políticos. Se requiere distinguir con nitidez entre la viabilidad táctica y la renuncia de principios. Las transformaciones reales exigen convicciones firmes y ejecuciones coherentes, no liderazgos acomodaticios que conciben la gestión pública como una estadía de contemplación. ‘Habitar el cargo’ sin voluntad de transformación es, en definitiva, la forma más triste de abandonar al pueblo que depositó su esperanza en el cambio.

Fuentes y Notas al pie de página:
[1] Cita textual del Presidente Gabriel Boric Font: «El fanatismo por la moderación no lleva a ninguna parte», reivindicando su postura de izquierda en entrevista/intervención pública. Fuente: Diario La Tercera, Sección Política, artículo «Boric reivindica su postura de izquierda y advierte: ‘El fanatismo por la moderación no lleva a ninguna parte’».
[2] Žižek, Slavoj. En defensa de las causas perdidas. Ediciones Akal, Madrid, 2011, p. 84.
[3] Gramsci, Antonio. Cuadernos de la cárcel, Tomo 3 (Cuaderno 13: Noterelle sul Machiavelli). Ediciones Era / Cátedra, México/Madrid, 1985, p. 158.
• Autoría y Análisis: Fernando Monsalve A., Registro de reflexión política y crítica desglosada sobre el ciclo de gobierno.

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