Con más del 52% de los votos y la mayoría absoluta del parlamento, la fuerza impulsada por las organizaciones estudiantiles desmantela 14 años de hegemonía del SNS, demostrando que la indignación popular ante la corrupción sistémica y la precarización puede derrotar a la maquinaria del Estado capitalista.
Por Equipo El Despertar
La incontestable victoria electoral conseguida por la Lista Estudiantil en los comicios generales de Serbia, que obligó al autócrata Aleksandar Vučić a reconocer públicamente su derrota tras obtener más del 52% de los sufragios y asegurar una mayoría absoluta de 138 escaños, no constituye un simple “milagro democrático” ni un mero “relevo de élites de sesgo pro-europeo”, como se apresuran a teorizar los analistas de la prensa corporativa. Desde una perspectiva materialista, el colapso del gobernante Partido Progresista Serbio (SNS) representa el estallido inevitable de las contradicciones acumuladas por un modelo de acumulación basado en la corrupción burocrático-empresarial, el clientelismo de Estado y la precarización sistemática de la clase trabajadora y la juventud popular.
El germen de esta insurrección en las urnas no surgió de las cancillerías occidentales ni de las intrigas parlamentarias de la burguesía liberal, sino de la rabia acumulada en las calles a raíz de la tragedia de Novi Sad. La muerte de 16 personas por el colapso de la infraestructura ferroviaria privatizada y licitada bajo esquemas de opacidad financiera expuso con sangrienta claridad la verdadera naturaleza del régimen: la subordinación de la seguridad y la vida del pueblo a los dividendos del capital y las coimas de la burocracia estatal. La juventud no protestó por una abstracción institucional, sino contra un sistema que mercantiliza la existencia y sepulta a la clase trabajadora bajo las ruinas de su propia negligencia de clase.
Frente a la confirmación de los resultados y el pánico del gran capital ante la pérdida de su principal articulador político en los Balcanes, las agencias occidentales y las cancillerías de la Unión Europea han intentado capturar ideológicamente el triunfo, felicitando al movimiento y pretendiendo encuadrarlo como una simple alineación geopolítica. Sin embargo, la combatividad demostrada por las bases estudiantiles y obreras en el territorio desmiente esa despolitización conveniente: “Esta victoria no pertenece a los diplomáticos ni a las élites que negociaron con la dictadura de Vučić durante más de una década; es el triunfo del pueblo que caminó los pueblos, tomó las universidades y resistió la represión policial para recuperar la dignidad y el control sobre nuestro trabajo y nuestro destino”.
Desde la óptica del análisis dialectico, la conquista de la mayoría parlamentaria por parte de la Lista Estudiantil es una victoria táctica de gigantesca magnitud que resquebraja el control patronal. Sin embargo, la verdadera prueba de fuego para el movimiento popular comienza en este momento. La estructura del Estado burgués, los compromisos con las corporaciones transnacionales y la presión de las potencias imperialistas buscarán amortiguar el impulso transformador para transformar una rebelión social en una mera reforma administrativa. La tarea histórica de las masas serbias exigirá trascender el marco de la democracia representativa, manteniendo la movilización territorial e impulsando un programa de soberanía económica y justicia de cla
