Dom. Oct 25th, 2026

La trinchera popular vence a la reacción: la reelección de Lula ratifica la contención obrera al neofascismo y reabre la disputa de clases en Brasil

Oct 25, 2026
Foto Viento Sur

Con más del 99,7% de las mesas escrutadas por el Tribunal Superior Eleitoral, la clase trabajadora y las periferias urbanas aseguran la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva con un 51,75% de los votos válidos, desbaratando la avanzada autoritaria de la extrema derecha y planteando la urgencia del poder popular.

Por Equipo El Despertar

La confirmación de la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta presidencial de Brasil, alcanzando un 51,75% de los sufragios (más de 64 millones de votos) frente al 48,25% obtenido por Flávio Bolsonaro con el escrutinio prácticamente finalizado (99,76%), constituye un hecho político de significación histórica para América Latina. Desmintiendo los editoriales de la prensa corporativa que insisten en encuadrar la jornada como un mero “triunfo del centro político” o un “retorno a la normalidad institucional”, el resultado electoral representa la victoria táctica de la clase trabajadora, el campesinado sin tierra, los pueblos originarios y las periferias urbanas frente a la fracción más agresiva del capital financiero, el agronegocio y el aparato represivo neofascista.

La capacidad del Partido dos Trabalhadores (PT) para remontar el escenario adverso de la primera vuelta e imponerse en el balotaje responde directamente a la movilización consciente de las masas populares que, sintiendo la amenaza concreta de un ajuste estructural aún más severo y la clausura de los espacios de organización, utilizaron la papeleta de votación como una herramienta defensiva. El voto masivo en las zonas pauperizadas del Nordeste y los cinturones fabriles del Sudeste funcionó como un muro de contención contra el avance del proyecto privatizador y la desposesión de derechos laborales, demostrando que es el pueblo organizado, y no la burocracia parlamentaria, quien verdaderamente le pone frenos a la reacción burguesa.

Tras la confirmación de los datos oficiales emitidos por la justicia electoral, las cúpulas corporativas y los analistas del mercado internacional han apresurado la marcha para disciplinar ideológicamente la victoria, exigiendo “consensos inmediatos”, “austeridad fiscal” y “garantías al capital transnacional” para los próximos cuatro años. Como expresaron dirigentes del sindicalismo clasista y movimientos sociales territoriales en las calles de São Paulo tras conocerse los cómputos: “Este triunfo no le pertenece a los banqueros ni a la burguesía que buscó pactar hasta el último minuto con el bolsonarismo; pertenece a las y los trabajadores que salieron a disputar cada territorio. La derrota de la extrema derecha en las urnas es solo la primera batalla; no fuimos a votar para administrar la miseria, sino para exigir la restitución de todos los derechos arrebatados”.

Desde la perspectiva del materialismo histórico, la consolidación de la reelección de Lula no marca el punto final de la contradicción capital-trabajo, sino la reapertura de un escenario de intensificación de la lucha de clases. Con un Congreso dominado por sectores conservadores y la constante presión de los grupos económicos concentrados, el gobierno enfrentará la disyuntiva de ceder ante las imposiciones de la acumulación capitalista o apoyarse en la movilización de las masas. La lección fundamental de este ciclo es que la democracia burguesa no regala transformaciones: la conquista efectiva de salarios dignos, la reforma agraria y la soberanía sobre los bienes comunes requerirá sostener la independencia de clase y la autoorganización popular en las calles.

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