El segundo sondeo informal del Consejo de Seguridad de la ONU asestó un duro golpe a la candidatura de Michelle Bachelet, que cayó al virtual séptimo lugar de las preferencias con solo dos votos a favor y seis en contra. La guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, una figura alineada con los intereses de Washington, tomó la delantera. El revés expone la hipocresía de una “comunidad internacional” que pregona la paridad de género mientras sus votos en la sombra revelan una férrea voluntad de mantener el statu quo imperial.
Por Equipo El Despertar
Naciones Unidas, Nueva York. La carrera de Michelle Bachelet por la Secretaría General de la ONU sufrió este viernes un golpe que podría ser definitivo. El segundo “straw poll” del Consejo de Seguridad, un sondeo no vinculante pero de enorme peso político, arrojó resultados devastadores para la ex Presidenta chilena. Según filtraciones del medio especializado Passblue, Bachelet pasó de un virtual cuarto lugar en la primera votación (con seis apoyos, cinco rechazos y cuatro abstenciones) a una posición de franca debilidad: solo dos votos a favor, seis en contra y siete abstenciones, lo que la dejó en el séptimo lugar de la carrera.
La caída no es un accidente, sino la confirmación de que los poderes fácticos que controlan el Consejo de Seguridad —encabezados por Estados Unidos— han decidido que la voz de una presidenta latinoamericana que aboga por la “independencia” y contra los “dobles estándares” no es bienvenida al timón de Naciones Unidas.
La geopolítica de la derrota
El nuevo liderazgo de Carolyn Rodrigues-Birkett es sintomático. La embajadora de Guyana obtuvo ocho votos a favor, desplazando a la anterior favorita, la costarricense Rebeca Grynspan (siete apoyos). La elección de una figura como Rodrigues-Birkett, cuyo perfil es funcional a los intereses de Washington en la región, refleja la lógica de clase que domina el organismo. Es el mismo imperio que, mientras Bachelet predicaba la necesidad de un multilateralismo sin hipocresías, le negaba sistemáticamente una reunión con Donald Trump para cerrar un posible apoyo. La excanciller Alberto van Klaveren, jefe de la campaña, ya había anticipado el escenario: “si se confirman, yo creo que ahí habrá que evaluar si se sigue con la candidatura”. La hora de la evaluación ha llegado.
La hipocresía del “apoyo” latinoamericano
El revés de Bachelet también desnuda la fragilidad de los apoyos regionales. Aunque Brasil y México mantuvieron su respaldo, la ausencia de un apoyo consistente de la propia derecha chilena, que retiró su auspicio bajo el gobierno de José Antonio Kast, fue un lastre decisivo. La decisión de Kast no fue un gesto técnico, sino político: un golpe a una figura que representa el legado de la centroizquierda y que podría haber llevado una voz crítica al corazón del sistema multilateral. Mientras el gobierno de Kast celebraba sus regalos de 4.000 millones de dólares a las grandes empresas, la candidatura de Bachelet se desangraba por la ausencia de un respaldo que, en la lógica de la diplomacia, era un requisito indispensable.
La función de clase de la ONU
Desde una perspectiva marxista, el revés de Bachelet no es una derrota personal, sino la confirmación de la naturaleza de clase del aparato multilateral. La ONU, concebida para gestionar las contradicciones del capitalismo, sigue siendo un escenario donde los intereses del imperialismo se imponen sobre la voluntad de los pueblos. El discurso de Bachelet, centrado en la “independencia” y la lucha contra los “dobles estándares”, era una amenaza para ese orden. Su fracaso no es más que la prueba de que, dentro de los marcos del sistema, no hay espacio para una verdadera transformación.
Epílogo: la caída de una ilusión
La candidatura de Bachelet era la última esperanza de una centroizquierda que creía poder reformar el orden global desde dentro. Su desplome no es solo el fin de una aspiración personal; es el epitafio de la ilusión de que el imperialismo puede ser domesticado a través de las instituciones que él mismo controla. La clase trabajadora del mundo debe leer esta derrota con otros ojos: no es un fracaso, es una confirmación. La lucha por un mundo más justo no se ganará en los salones del Consejo de Seguridad, sino en las calles y en la conciencia de los pueblos que se niegan a ser gobernados por los mismos de siempre.
