La ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, desató una tormenta al sugerir que los profesores pueden encontrar “nuevas oportunidades” en la industria tecnológica como “vendedores o servicio al cliente”. Lo que la secretaria de Estado presenta como una “reconversión laboral” no es más que la continuación de la ofensiva de clase de la derecha: la precarización del trabajo docente, el desprecio por la educación pública y la subordinación de la formación de las personas a las necesidades del capital. Mientras el gobierno de Kast regala 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas a través de la megareforma tributaria, la ministra de Ciencias, con la misma lógica de quienes ven la educación como un gasto y no como una inversión, sugiere que los formadores de las nuevas generaciones se conviertan en dependientes de tiendas de tecnología. La clase trabajadora chilena asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: para la derecha, el conocimiento no es un derecho, sino una mercancía que solo tiene valor si genera ganancias para el capital.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. La frase cayó como una bomba en el mundo educativo. En el podcast “Cómo te lo explico”, la ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, afirmó que los profesores “tienen mucha oportunidad de convertirse en vendedores o servicio al cliente” en el contexto de la expansión de la inteligencia artificial. La declaración, que rápidamente se viralizó, fue interpretada como una invitación a que los docentes abandonen las aulas para desempeñarse en labores de ventas o atención al público.
Ante la ola de críticas, la ministra salió al paso para “explicar” sus dichos. Aseguró que se refería al cargo de “Customer Success Manager”, un rol bien pagado en la industria tecnológica que implica acompañar a los usuarios en la incorporación de nuevas herramientas. “Es una oportunidad de reconversión”, dijo, “porque a veces los profesores tienen una vida de 10 años que ellos dicen, hice clases, ahora quiero hacer algo más”.
La devaluación de la docencia: una visión de clase
La justificación de la ministra no hace más que confirmar la lógica de clase que subyace a sus declaraciones. Para el gobierno de Kast, la docencia no es una profesión de alto valor social, sino un “rubro” del que se puede “reconvertir” cuando ya no sea útil para el capital. La formación de las nuevas generaciones, el desarrollo del pensamiento crítico y la transmisión del conocimiento son vistos como habilidades intercambiables que pueden ser utilizadas para vender productos tecnológicos.
La propia ministra, que se presenta como una exempleada de la docencia, ha contribuido a instalar la idea de que enseñar es un trabajo precario y que los profesores deben buscar “salidas” en otras áreas. “Hay un movimiento hoy de las humanidades apoyando la creación de IA por todo el aspecto humano que necesita”, afirmó. Pero, ¿qué significa “apoyar la creación de IA” para un profesor de historia o de lenguaje? Significa convertirse en un engranaje más de la maquinaria del capital, en un obrero de la tecnología que explica a los clientes cómo usar un software que probablemente terminará reemplazando a más trabajadores.
La hipocresía de la “reconversión”: menos inversión, más precariedad
La propuesta de Lincolao se inscribe en la misma lógica de desmantelamiento del Estado social que ha caracterizado al gobierno de Kast. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma tributaria que regala más de 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que autorizó la capitalización de Codelco con 2.400 millones de dólares y que prepara una reforma al mercado de capitales para atraer US$11.200 millones de capitales internacionales, es la que ahora sugiere que los profesores se “reconviertan” en vendedores.
El Colegio de Profesores Regional Metropolitano no tardó en responder. Calificó las declaraciones como un “insulto” a la profesión docente y recordó que la educación pública ya enfrenta recortes presupuestarios, una sobrecarga laboral y la falta de reconocimiento social. Pero la respuesta de la ministra fue la misma de siempre: “mi objetivo era destacar el valor de esas competencias, no aminorarlas”. La estrategia de la derecha es clara: desvalorizar el trabajo docente para justificar su precarización, y presentar como una “oportunidad” lo que en realidad es una condena.
La función de clase de la “reconversión” digital
Desde una perspectiva marxista, el discurso de la ministra Lincolao es la confirmación de que, para el capital, el conocimiento y la educación solo tienen valor en la medida en que generan ganancias. La “reconversión” de los profesores en vendedores de inteligencia artificial no es una medida para fortalecer la educación pública, sino para abaratar los costos laborales y aumentar la productividad del capital.
La lógica es simple: si los profesores pueden ser reconvertidos en vendedores, entonces su formación no tiene un valor intrínseco, sino que es intercambiable según las necesidades del mercado. La misma lógica que permite al gobierno recortar la gratuidad universitaria y desfinanciar la educación pública es la que permite a la ministra de Ciencias sugerir que los docentes abandonen las aulas para trabajar en ventas. La educación no es un derecho, sino una mercancía.
Epílogo: la lucha por la educación como lucha de clases
La polémica por las declaraciones de la ministra Lincolao no es un incidente aislado. Es la confirmación de que la ofensiva de la derecha contra la educación pública es parte de una estrategia más amplia de desmantelamiento del Estado social. El mismo gobierno que promete “mano dura” contra la delincuencia es el que, con la otra mano, vacía los bolsillos de los trabajadores para llenar las arcas del capital.
Mientras el gobierno de Kast celebra sus “éxitos legislativos” y los grupos económicos se frotan las manos con las rebajas tributarias, los profesores de Chile siguen esperando que el Estado cumpla con su obligación de garantizar una educación pública de calidad. La “reconversión” que propone la ministra no es una oportunidad, sino una amenaza: la de una sociedad donde la educación solo sirve al mercado y donde los trabajadores de la educación son desechables cuando el capital ya no los necesita. La lucha por la educación es la lucha por la dignidad de los de abajo, y esa lucha, como siempre, la libran los que se niegan a ser reconvertidos en mercancía.
